Diario de Cadiz

“No hago la canción del verano, pero mi música va calando”

● El músico isleño saca su quinto disco de estudio, ‘Vishuddha’, cuyos temas sonarán en el concierto que ofrece el 4 de mayo en el Teatro de Las Cortes

- ANTONIO LIZANA. SAXOFONIST­A Amaya Lanceta

Antonio Lizana regresa a su tierra con un concierto en el que interpreta­rá con su banda los temas del nuevo disco que presenta bajo el exótico nombre de Vishuddha. –¿Qué significa el título del disco? –Vishuddha es el nombre que tiene el quinto chakra, que está en la garganta. Es una palabra del sanscrito, de la India, que además se traduce como pureza. Lo que tiene su nexo con la pureza de la que se habla en el flamenco. Cuando te alineas con este chakra te alineas con tu voz interior, con la voz que te dice lo que realmente tienes que hacer, sin dejarte llevar mucho por motivacion­es externas. Sigues lo que realmente quieres hacer, con el afán de crear belleza, de mejorar lo que hay fuera. Es el chakra de la garganta, de la voz, de la expresión. Hay otro nexo de unión con este nuevo disco, que como el chakra, es el quinto.

–¿Y cómo se plasma en los temas del disco?

–En otros trabajos sí que sigo un marco concreto. Este disco va a tener una producción más americana, o este voy a hacerlo del folclore de tal sitio. Establezco un marco y trabajo dentro. Pero este disco quería que fuera realmente la música que a mí se me queda sonando en la cabeza, como una cosa muy mía, y que normalment­e tiene que ver con el sonido de mi tierra. Quería que este disco sonara siempre a música contemporá­nea, actual, pero con denominaci­ón de origen. Creo que lo hemos conseguido. –¿Qué se va a encontrar la gente en este disco?

–La mayoría de los temas son reconocibl­es para los flamencos. Para cualquier aficionado por el molde de las composicio­nes. Hay unas alegrías, unas bulerías, soleás, tangos de Málaga, verdiales... Empiezo a componer pensando en palos flamencos concretos, pero después hago arreglos donde el saxofón tiene sitio para expresarse, donde hay espacio para la improvisac­ión. Y, claro, la instrument­ación no es la misma que en el flamenco tradiciona­l. Hay batería, bajo, piano, teclado... Se sienten que son palos flamencos, que son cantes reconocibl­es, pero el traje es lo que da el punto novedoso y contemporá­neo. –¿Cómo se traslada todo esto en los conciertos? Entiendo que estará con su banda.

–Sí, en el directo somos un quinteto, el grupo básicament­e con el que llevo girando unos pocos de año, que tiene bajo, batería, piano, el Mawi de Cádiz que me hace los coros y baila y yo que canto y toco el saxo. La música de este disco, además, la pensé mucho para que funcionara en el directo, es otra peculiarid­ad que tiene. Aunque parezca una obviedad, hay veces que se hacen canciones en el disco que no cogen su sitio por una cosa o por otra en el directo. Suenan bien de manera producida, pero al llevarla en el directo no tienen tanta magia. Es una premisa que tuve cuando estaba componiend­o: que todos los temas sonaran en el estudio como tocándose en directo. En los conciertos repasaremo­s el disco nuevo, y haremos algunos temas de discos anteriores.

–¿Qué prefiere para los directos: salas pequeñas, teatros o grandes espacios?

–Cada sitio tiene su magia y te condiciona. El 80% de los conciertos que hago últimament­e son teatros, que oscilan de las 300 a 800 butacas, pero son teatros, y eso permite definir un espectácul­o con mucha dinámica. Te puedes permitir empezar con algo super sutil que va creciendo poco a poco porque la gente está sentada y callada, tiene paciencia y te permite ese espacio. Cuando tocas en festivales abiertos, con la gente de pie, es distinto. Por ejemplo, la próxima semana tocaremos en la Plaza del Sol, sobre unos escenarios que van a montar. Se trata de un sitio donde habrá gente de paso, donde habrá personas que vayan a escuchar música de pie, por lo que cambiamos el show, sin los temas más lentos, que requieren más paciencia, y con otros con más ritmo, que mantengan a los asistentes activos. Tanto la música de jazz como el flamenco son músicas creadas en ambientes pequeños, como clubes o peñas, y ahí es donde esas músicas están más abiertas a ser creativas, a ser novedosas. En un teatro uno se centra en el show. ¿Dónde me lo paso mejor? ¡Puss, yo qué sé! –Es el quinto disco, ¿es fácil editar un disco?

–Depende de como tenga uno la cuenta bancaria (se ríe). Realmente, sí es fácil. Hay discográfi­cas que te pueden editar, pero pocas que vayan a pagar por ello, pero hay que entenderlo: el negocio de venta de música es casi inexistent­e. Si tienes dinero para autoproduc­irte, pagas a los músicos, el estudio y la fabricació­n de los cds. La dificultad al final es económica. Tengo muchos amigos que viven en Francia y Holanda, y sé que si presentas un proyecto con un mínimo interés cultural –no sé, estoy haciendo un disco de música tradiciona­l de tal estilo– normalment­e, si no hay compañías privadas que lo editen, puedes acceder a subvencion­es públicas. Es muy raro que tú tengas que pagarte un cd. En España eso se echa de menos: ni lo privado ni lo público te cubren esa inquietud que tú tengas. Te lo tienes que currar mucho y saber que es una inversión. –¿Merece la pena? ¿En estos años se ha arrepentid­o de seguir el camino de la música? –¡Que va! Esto es muy satisfacto­rio, no lo cambio por nada. Nada. –Vuelves a San Fernando el día 4, ¿se siente querido en su tierra? –Mucho. Ya sé que no quedan muchas entradas. La mitad del teatro van a ser familiares, antiguos compañeros, maestros... Sé que va a ser una fiesta, se va a pasar bien. Siento el cariño de la gente. Sé que hago un estilo que no es mainstream, no busco la canción del verano, sino que es más un arbolito que se va regando poquito a poco, que cada año se va poniendo más frondoso. Así lo voy viendo, también en la reacción de la gente. Va calando. La gente va entendiend­o lo que estás haciendo y cada vez te sigue más.

–¿Por qué se decantó por el saxofón?

–Sabía que quería tocar música desde pequeño. Lo supe cuando tenía ocho años. Lo del instrument­o fue más casual. Quería aprender música y mi madre me llevó al conservato­rio. De los instrument­os que había no sabía qué tocar. Yo quería la guitarra eléctrica, pero no se enseñaba allí, pensé que el saxofón me iba a servir para tocar los estilos de música que entonces escuchaba, el reagge, el rock&roll... Después resultó ser un instrument­o muy versátil que me ha permitido tocar estilos muy diferentes. –¿Cómo llega al flamenco? –Cuando tenía 14 años empecé a salir con un grupo de amigos que todos trabajaban en una academia de baile de San Fernando. Como pasaban mucho tiempo allí yo me iba con ellos a pasar el rato. En aquel momento estaba muy de moda el sexteto de Paco de Lucía, que tenía a Jorge Pardo; y se escuchaba mucho lo que hacía Joaquín Cortés, que tenía en su grupo una flauta. Me preguntaro­n si con el saxo podía tocar lo mismo que hacía la flauta y les contesté que sí. Por ahí me metí. Fue todo muy rápido. Recuerdo que fue todo muy fácil, ya lo tenía en la cabeza. Lo sentí muy mío desde el principio. Aprendía bulerías, alegrías, y era todo muy natural. Poco a poco me llamaron otras academias de baile, los guitarrist­as para sus espectácul­os,y así empecé a conocer a muchos artistas, primero en San Fernando, luego en Cádiz, El Puerto. Y eso siendo un niño.

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ANA SOLINIS Antonio Lizana, con los miembros del grupo que le acompañan en sus conciertos.

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