“El fe­mi­nis­mo tam­bién ha de ser la lu­cha de los hom­bres”

Diario de Jerez - - TELEVISIÓN -

fút­bol por­que eres peor o no pue­des ra­pear, te pre­juz­gan, te ven in­fe­rior y hay que de­mos­trar mu­cho.

–¿En el fe­mi­nis­mo to­da­vía que­da mu­cho por ha­cer?

–Que­da mu­cho, pe­ro sí que veo un cam­bio y una evo­lu­ción. El fe­mi­nis­mo es un ca­mino

–¿Y el hom­bre ha asu­mi­do ya que es ne­ce­sa­rio en es­ta lu­cha?

–Creo que no y has­ta que no sal­ga a la ca­lle y di­ga que quie­re criar a sus hi­jos, llo­rar si ha­ce fal­ta, pin­tar­se o no te­ner es­te po­der no ha­brá igual­dad. Si no se­rá una

–Co­mo ra­pe­ra, ¿el ca­mino ha sido di­fí­cil?

–Las mu­je­res he­mos te­ni­do que de­mos­trar mu­cho más, no f la­quear ni que­dar­se en el ca­mino, lle­va­mos años ra­pean­do y ha­cien­do lo mis­mo que ellos y no se nos es­cu­cha. Vi una en­tre­vis­ta a la pri­me­ra ra­pe­ra en Es­pa­ña y la pre­gun­ta ini­cial del pe­rio­dis­ta, allá por los años 90, fue: “¿Te quie­res ca­sar?”. A una mu­jer gua­pa rá­pi­da­men­te se la ob­je­tua­li­za y hoy to­da­vía su­ce­de. Los me­dios de co­mu­ni­ca­ción en eso tie­nen una gran res­pon­sa­bi­li­dad.

–¿Por qué una mu­jer no pue­de ir so­la por la ca­lle?

–Nos con­si­de­ran in­fe­rio­res, así que una mu­jer so­la por la ca­lle es al­guien in­de­fen­so. Es muy tris­te. Cuan­do ocu­rre al­go co­mo lo de Lau­ra Luel­mo rá­pi­da­men­te to­das ha­ce­mos post en Ins­ta­gram, ini­cia­mos mo­vi­das, es­cri­bi­mos can­cio­nes, sa­li­mos a la ca­lle... ¿Pe­ro los hom­bres qué ha­cen? No se po­si­cio­nan con res­pec­to a es­ta cla­se de ac­tos, muy po­cos lo ha­cen, la mi­no­ría. Pe­ro es que la ma­yo­ría es la que ten­dría que cla­mar con­tra esa cla­se de per­so­nas. Ésa es la bús­que­da.

–¿Có­mo el rap pue­de ser una he­rra­mien­ta de trans­for­ma­ción so­cial?

–Por­que el rap es una voz, al­go di­rec­to que lle­ga a la gen­te, y con un sen­ti­do de co­mu­ni­dad y unión. Pa­ra mí los va­lo­res fun­da­men­ta­les del hip hop son paz, amor, uni­dad y res­pe­to. Se pue­de tra­ba­jar so­bre es­tos va­lo­res. Ade­más, es una música que te em­po­de­ra mu­chí­si­mo. Pue­de ser­vir pa­ra sa­nar por­que

te sube la au­to­es­ti­ma, sir­ve pa­ra sol­tar to­da esa ra­bia, es un ca­nal de emo­cio­nes y sen­ti­mien­tos. Pa­ra los ado­les­cen­tes tam­bién su­po­ne una for­ma di­ver­ti­da de tra­ba­jar un dis­cur­so. Ade­más, se crean unas di­ná­mi­cas muy in­tere­san­tes pa­ra re­fle­xio­nar. Sir­ve pa­ra sa­car el sub­cons­cien­te que te­ne­mos den­tro y po­der trans­for­mar­nos

–En el trap y el reg­gae­ton hay le­tras que di­cen po­co en fa­vor de la igual­dad...

–Pe­ro yo no le echo la cul­pa al gé­ne­ro en sí, sino que el gé­ne­ro está dan­do lo que la gen­te pide. Te­ne­mos a to­da una nue­va ge­ne­ra­ción que no tie­ne las as­pi­ra­cio­nes de cam­bio que te­nía la mía, la del hip hop. El trap es un re­fle­jo de al­guien que está muy per­di­do en es­ta so­cie­dad tan rá­pi­da y su­per­fi­cial, que só­lo quie­re te­ner di­ne­ro. Esa música es un re­fle­jo de lo que está ocu­rrien­do en la so­cie­dad, no es que sea mala ni bue­na. Yo la es­cu­cho y no me cam­bia la ca­be­za, pe­ro sí a la gen­te que no le in­tere­sa más que eso.

El trap es un re­fle­jo de al­guien que está muy per­di­do en es­ta so­cie­dad tan rá­pi­da y su­per­fi­cial”

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