Diario de Jerez

El ‘boom’ del autoconsum­o

● Andalucía supera ya las 16.000 instalacio­nes, un incremento espectacul­ar teniendo en cuenta que 2018 sólo había 450 ● 2021 va camino de récord, con 5.500 registrada­s hasta mayo

- T. Monago

Las empresas proliferan y en muchos casos con poca profesiona­lidad y baja calidad del material

El autoconsum­o eléctrico en Andalucía bate récords. Desde 2019, año en el que el Gobierno impulsó una normativa que facilitaba su expansión, las instalacio­nes se han multiplica­do exponencia­lmente. Según los datos de la Agencia Andaluza de la Energía, a 31 de diciembre de 2020 había 10.900 instalacio­nes en Andalucía, lo que supone multiplica­r por 24 la cifra que había justo dos años antes. A finales de 2018 Andalucía era una liliputien­se en este sector, con solo 450 instalacio­nes. En términos de potencia, a cierre del año pasado había 126,5 megavatios (MW) de autoconsum­o, el 22% del total nacional y 3,5 veces más que en 2018.

El acelerón es aún mayor en 2021. Acorde con los datos de la Dirección General de Energía de la Junta de Andalucía, se han registrado hasta mayo 5.605 instalacio­nes de menos de 100 kilovatios (ver gráfico), lo que significa que el total a día de hoy ya supera los 16.500. Si en España se espera llegar al uno o 1,2 gigas este año, lo normal es que Andalucíae­sté entre 220 y 250 MW a final de año.

Los datos son buenos y la curva de ascenso se empina, pero aún queda mucho trecho por recorrer. “Con países como Alemania no nos podemos comparar porque vamos a salir mal parados -afirma José Vicente Espino, delegado en Andalucía de la Unión Española Fotovoltai­ca (UNEF) y fundador de la empresa Enerdos; con menos horas de sol multiplica­n por tres lo que aquí tenemos, no solo porque no hay restriccio­nes sino por conciencia medioambie­ntal; hace 15 años aquí parecía posible reciclar y ahora se mira mal al que no lo hace. Pasará lo mismo con el autoconsum­o. Con ocho millones de habitantes, las instalacio­nes son aún pocas pero vamos en la buena dirección”.

Esa “buena dirección” se inició el 5 de abril de 2019 con el decreto de autoconsum­o, que eliminaba el impuesto al sol (que solo se aplicaba para instalacio­nes de más de 10 kilovatios), suprimía peajes y trabas como el límite de potencia contratada e introducía nuevas figuras como el autoconsum­o compartido (aún en estado incipiente­s, aunque ya hay dos instalacio­nes de este tipo en Sevilla capital) y la compensaci­ón de excedentes. Esto último significa que se permite al propietari­o de una instalació­n de autoconsum­o vender la energía sobrante que genera previo acuerdo con la comerciali­zadora. “No es la panacea. En muchos casos compramos a 13 y vendemos a cinco. Pero es un primer paso para no desaprovec­har la energía que se está produciend­o”, afirma José Vicente Espino.

El abaratamie­nto de los precios respecto a unos años atrás también ha favorecido el autoconsum­o. Una instalació­n fotovoltai­ca, la más habitual, de tres kilovatios (que puede correspond­er a una familia normal) cuesta hoy unos 5.400 euros y una de cinco unos 8.000. Hace diez años el precio de esta última podía oscilar entre 30 y 36.000. La amortizaci­ón de la inversión va de los seis a los diez años y el rendimient­o de las placas al 100% puede llegar a 25 años. La vida se alarga más allá, aunque ya no al máximo nivel.

Otra razón de peso es el ahorro y más ahora con la factura de la luz disparada. “Puede ser de entre un 30 y 50% del recibo, y será más o menos dependiend­o de lo bien que se adapte la instalació­n a tu consumo. En el momento en que más produce mi instalació­n más tengo que consumir. Y eso, en el caso de la energía solar, es en las horas pico de la nueva tarifa. Ahí es cuando hay que consumir, porque es donde más ahorras”, afirma Lucía Dolera, directora de Proyectos de la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA). Recordemos que la mayoría de los emplazamie­ntos de autoconsum­o están conectados a la red, que surte de energía al hogar o empresa cuando –en el caso de la fotovoltai­ca, la energía más común– no hay sol. Si se pretende autoconsum­o total, hace falta invertir en una batería de almacenami­ento, lo que eleva el coste de construcci­ón entre un 30% y un 40%.

El boom de la demanda en comparació­n con lo que había antes ha cambiado radicalmen­te el mercado. “En autoconsum­o doméstico están apareciend­o todos los actores del mundo, desde grandes de la distribuci­ón hasta las propias energética­s; en 37 años que llevo en el sector no he visto esto en mi vida”, señala José Carlos García Caballero, CEO de Solar del Valle, empresa con sede en Córdoba y que opera en toda Andalucía, aunque sobre todo en el sector industrial.

García Caballero advierte de que esta situación está generando problemas, porque, por un lado, “no hay suficiente­s profesiona­les” para sustentar tanta empresa; y, por otro, la competenci­a hace que muchas opten por comprar materiales de menor calidad, procedente­s de China. “Esto no es como comprar una lavadora. Es un producto ad hoc (adaptado a cada cliente), y debe haber buenos profesiona­les y productos certificad­os. En este caso lo barato es doblemente caro”, añade Lucía Dolera.

A esta situación se le añade otra más coyuntural: los precios de las materias primas (cobre, paneles, estructura­s metálicas) están disparados en el mercado internacio­nal. “En cinco meses, se han elevado de forma escandalos­a, hasta un 15%. Ahora estamos haciendo ofertas de venta de instalacio­nes con validez de siete días porque sabemos que en ese tiempo van a volver a subir”, afirma García Caballero, quien precisa que este problema afecta sobre todo al sector industrial, ya que en el mercado doméstico es más fácil almacenar los paneles y así sortear subidas de costes coyuntural­es. Además, la fuerte competenci­a actual en este segmento contribuye a que los precios de cara al cliente final terminen siendo más ajustados pese al alza de la materia prima.

Más allá de precios, el autoconsum­o, técnicamen­te, irá a mejor. Espino habla de que la potencia pasará de 280 vatios por panel a 600, que el silicio se irá sustituyen­do por un mineral más efectivo, la perovskita, y que se desarrolla­rán paneles bifaciales, a través de los cuales los rayos de sol rebotarán en el suelo y el reflejo producirá energía. “Pero, al final, todo pasa por el almacenami­ento, que será más grande, más potente y más barato y se redirigirá a través del hidrógeno”. Está por ver si llegará de verdad el big bang del autoconsum­o y se expandirá como hicieron hace un par de décadas los móviles. El camino acaba de empezar.

El ahorro en la factura puede llegar al 50% y puede ser más rentable consumir en horas punta

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M. G. Instalació­n fotovoltai­ca de autoconsum­o en un polígono industrial.
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