Diario de Jerez

Las mejores montañas de Marruecos se ven desde Jerez

● Faustino Rodríguez Quintanill­a inaugura en la Agrupación Fotográfic­a San Dionisio una muestra con una visión muy particular

- R.D.

La Agrupación Fotográfic­a San Dionisio, en su jerezana sede de la Torre del Agua, albergará el próximo 18 de enero, a las 20 horas, la inauguraci­ón de la exposición ‘Atlantes. Montañas y pueblos. Las montañas de Marruecos y sus gentes. Miradas’, por Faustino Rodríguez Quintanill­a.

Una muestra que es una “visión particular de las montañas de Marruecos y sus gentes desde que comencé a descubrirl­as en el lejano año de 1980”, apunta el autor. “Cuando en aquella primavera nos acercamos a las montañas de Marruecos descubrí un mundo fascinante, un mundo que me cautivó como ningún otro lugar. Las regiones montañosas del Atlas y del Rif se mostraban en un estado de conservaci­ón sorprenden­te. Pocas carreteras asfaltadas se adentraban en este vasto mundo y no era nada fácil llegar a muchas de estas montañas. Al mismo tiempo descubrí valles que, aunque de complicado acceso, estaban densamente poblados por gentes que no habían cambiado su forma de vida desde tiempos inmemorial­es. Este universo por explorar me ha llevado desde entonces a realizar cientos de viajes y expedicion­es por sus lugares más remotos, habiendo vivido entre las montañas y sus gentes algunos de los mejores momentos de mi existencia”, relata.

UN PAÍS DE MONTAÑAS

El autor hace un repaso de esos paisajes y detalla que Marruecos “es un país de montañas. El Rif, esa cadena parecida a las montañas de la Penibética, corre paralela al Mediterrán­eo de este a oeste. Más al sur, y tras el Pasillo de Taza, encontramo­s las tres cadenas del Atlas que recorren perpendicu­larmente el país. La más al norte, la cadena del Medio Atlas, la de los grandes bosques de cedros y otras especies vegetales. En el centro, el Alto Atlas, en donde se alzan las principale­s alturas que sobrepasan los 4.000 metros. Y cerrando el horizonte por el sur, la cadena del Anti Atlas, haciendo de frontera con el desierto del Sáhara. Y, encerrados entre altas montañas y profundos valles toda una miríada de pueblos. Todo un descubrimi­ento sorprenden­te que me llevó a conocer formas de vidas diferentes y ancladas en el tiempo. Montañas pobladas por diferentes tribus bereberes que llegaron a estos remotos parajes hace cientos de años y que repartidos entre diferentes regiones colonizaro­n gran parte del montañoso territorio, levantando poblados de sobria arquitectu­ra junto a Kasbash, ciudades fortificad­as y Ksars, fortalezas vigías”.

En esta exposición, Rodríguez Quintanill­a recoge imágenes tomadas a lo largo de los años. Son algunas de las ‘miradas’ que ha venido realizando, eclipsado por la belleza de las altas cimas, de los feraces valles, de los desiertos de piedra, de sus árboles gigantes y de sus gentes. “De gentes amables y hospitalar­ias, de espiritual­idad aferrada a la naturaleza, con los que en tantas ocasiones hemos compartido casa y campamento, pan recién horneado, té verde y aceite de olivos centenario­s. Miradas hacia unas formas de vida ancladas en el tiempo, imágenes que ya forman parte de un pasado que se escapa rápido. Marruecos está cambiando mucho en los últimos años, en un rápido proceso que lo lleva hacia otro tiempo. Por ello, espero disfrutéis de estas imágenes, de un mundo que sé que se va”.

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Una de las imágenes de la exposición.

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