VO­TO DE CA­LI­DAD

Diario de Sevilla - - Opinión -

FUE En­ri­que Tierno Gal­ván quien acu­ñó en 1977 la ex­pre­sión de “vo­tos de ca­li­dad”. Pa­ra él, los vo­tos re­fle­xio­na­dos e ideo­ló­gi­cos va­lían más que los otros. El PSP aca­ba­ba de sa­car seis dipu­tados y el PSOE re­no­va­do de Fe­li­pe Gon­zá­lez, con sus 118 es­ca­ños se que­dó con la mar­ca so­cia­lis­ta en Es­pa­ña. Es­ta se­ma­na en una en­tre­vis­ta, Susana Díaz ha di­cho que los vo­tos de Ciu­da­da­nos no son de más ca­li­dad que los so­cia­lis­tas. Tie­ne ra­zón ella y no la te­nía el vie­jo pro­fe­sor; to­dos los vo­tos tie­nen la mis­ma ca­li­dad.

Pe­ro hay que aña­dir en­se­gui­da que tam­bién hay que in­cluir los vo­tos de Vox en es­te plano de igual­dad. Y a sus re­pre­sen­tan­tes: to­dos los ele­gi­dos por el pue­blo an­da­luz el pa­sa­do do­min­go tie­ne la mis­ma dig­ni­dad ini­cial. To­dos tie­nen que ga­nar­se el res­pe­to de los ciu­da­da­nos, aca­tan­do la Cons­ti­tu­ción y las nor­mas de con­vi­ven­cia. (Y Vox lo per­de­rá si in­ten­ta re­cor­tar de­re­chos ci­vi­les a mu­je­res, in­mi­gran­tes, gais o a quien sea). La pre­si­den­ta en fun­cio­nes tam­bién pro­po­ne un cor­dón sa­ni­ta­rio, an­tes de em­pe­zar. Es una cues­tión éti­ca, di­ce. Pe­ro tam­bién in­tere­sa­da, pa­ra con­ser­var su si­llón en San Tel­mo. Díaz es muy de cor­do­nes sa­ni­ta­rios, pri­me­ro pu­so uno a sus an­te­ce­so­res en la Jun­ta y se de­sen­ten­dió del pa­sa­do; des­pués otro a los san­chis­tas, pa­ra que su gru­po par­la­men­ta­rio fue­ra cien por cien su­sa­nis­ta, y aho­ra a Vox. Pe­ro no pue­de acor­do­nar a es­tos 12 dipu­tados la ca­pi­lla de las Cin­co Lla­gas.

Des­de ju­nio pa­sa­do la de­re­cha me­diá­ti­ca y política es­tá acu­san­do a Pe­dro Sán­chez de ser un pre­si­den­te ile­gí­ti­mo. El PSOE ha de­fen­di­do que el pre­si­den­te fue ele­gi­do se­gún to­das las nor­mas, por dipu­tados en pleno ejer­ci­cio de sus fun­cio­nes. Tie­nen ra­zón los so­cia­lis­tas, por mu­cho que en­tre los vo­tan­tes de Sán­chez es­tu­vie­sen quie­nes se cis­quen en el ré­gi­men del 78, de­cla­ra­sen la in­de­pen­den­cia de Ca­ta­lu­ña o no ha­yan pe­di­do per­dón por apo­yar a los ase­si­nos de ETA. Pe­ro aho­ra Susana no pue­de en An­da­lu­cía plan­tear lo con­tra­rio, con el ar­gu­men­to de que hay dipu­tados in­dig­nos.

Un úl­ti­mo da­to co­lo­ca al par­ti­do de Díaz aún más en pre­ca­rio. El PSOE tie­ne en el Con­gre­so el 24% de los es­ca­ños, exac­ta­men­te igual que el PP en el Par­la­men­to an­da­luz. Y hay otro pa­ra­le­lis­mo; am­bos son se­gun­dos par­ti­dos. En la Ca­rre­ra de San Je­ró­ni­mo el PP es el pri­me­ro con el 39% de los dipu­tados y en Las Cin­co Lla­gas lo es el PSOE, pe­ro só­lo con el 30% de la re­pre­sen­ta­ción. Con es­ta si­me­tría no se pue­de pre­ten­der ta­char de ile­gí­ti­mo el nom­bra­mien­to de Mo­reno o Ma­rín, por­que les apo­ye un par­ti­do cu­yo idea­rio no nos gus­ta. Es una cues­tión de ca­li­dad y can­ti­dad.

To­dos los dipu­tados ele­gi­dos el do­min­go tie­nen la mis­ma dig­ni­dad, la que les da el pue­blo an­da­luz vo­tán­do­los

IG­NA­CIO MAR­TÍ­NEZ

@imar­ti­nez­cano

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