SUE­ÑOS DE ARE­NA

A ti­ro de pie­dra de Lis­boa, es­ta len­gua de tie­rra que una vez fue una is­la, se ha con­ver­ti­do en un des­tino de lu­jo ma­ra­vi­llo­so gra­cias a Tróia Re­sort: vi­vien­das de com­pra y al­qui­ler para vi­vir una ex­pe­rien­cia úni­ca.

DT - - CONTENTO - TEX­TO MI­GUEL BA­ÑÓN.

De­ba­jo de Lis­boa hay un gran es­tua­rio, y en uno de sus rin­co­nes una pe­nín­su­la de 25 km de pla­yas que he­mos vi­si­ta­do. Es Troia, un pa­raí­so cer­cano.

La ve­ci­na Por­tu­gal se es­tá con­vir­tien­do po­co a po­co en una país lleno de po­si­bi­li­da­des y no só­lo para el tiem­po li­bre, sino tam­bién para los ne­go­cios y para las in­ver­sio­nes.Y Tróia aú­na to­do es­to gra­cias a un desa­rro­llo es­pec­ta­cu­lar para los via­je­ros más exi­gen­tes y de­seo­sos de vi­vir sus mo­men­tos de re­lax en un am­bien­te muy ex­clu­si­vo pe­ro tam­bién sin­gu­lar. Si­tua­da en la cos­ta del Alen­te­jo, y a una bre­ví­si­ma tra­ve­sía en ferry de la ve­ci­na Se­tú­bal, es­te com­ple­jo de vi­llas y de vi­vien­das ti­po con­do­mi­ni­um, son el pa­ra­dig­ma del buen gus­to con un di­se­ño ur­ba­nís­ti­co de cin­co es­tre­llas en uno de los lu­ga­res más pri­vi­le­gia­dos del sur de Eu­ro­pa.

UNA REALI­DAD PARA EL TIEM­PO LI­BRE

Con una pla­ya de are­na blan­ca de quin­ce ki­ló­me­tros de lon­gi­tud, lo que ofre­ce Tróia es la mez­cla per­fec­ta de tran­qui­li­dad, na­tu­ra­le­za y des­can­so, con una ex­ce­len­te ofer­ta gastronómica, cul­tu­ral y de­por­ti­va gra­cias a sus al­re­de­do­res. La pri­me­ra par­te es el en­torno, un buen ejem­plo de di­ver­si­dad con fau­na y flo­ra en­dé­mi­ca sin un ápi­ce de po­lu­ción en una pla­ni­fi­ca­ción res­pe­tuo­sa con el me­dio am­bien­te en la que las vi­vien­das y zo­nas de ser­vi­cios com­par­ten es­pa­cio con las du­nas crean­do un es­pa­cio úni­co. De he­cho, uno de los pla­ce­res más es­pe­cia­les que se pue­den ex­pe­ri­men­tar en Tróia es per­der­se en bi­ci e ir des­cu­brien­do ca­da una de las pla­yas y dis­tin­tas áreas de eco­sis­te­mas di­ver­sos.

Por otro la­do, la mis­ma Tróia, y las ve­ci­nas Com­por­ta y Se­tú­bal ofre­cen to­do ti­po de di­ver­sio­nes para ace­le­rar el pul­so del re­lax. A po­ca dis­tan­cia de Tróia Re­sort se en­cuen­tran las rui­nas ro­ma­nas, unos ya­ci- mien­tos es­pec­ta­cu­la­res que da­tan de ha­ce 2.000 años y con­fir­man que en es­ta zo­na del mun­do se rea­li­za­ba la ma­yo­ría del pes­ca­do en sa­la­zón del Im­pe­rio. En cues­tión de de­por­te, el cam­po de golf es uno de los más im­por­tan­tes de Por­tu­gal, y para los fa­ná­ti­cos del run­ning, el te­rreno de es­ta len­gua de tie­rra es per­fec­to para co­rrer. Tam­bién, para los de­por­tes naú­ti­cos, la Ma­ri­na de Tróia es la ba­se para to­das las ac­ti­vi­da­des acuá­ti­cas que se pue­dan desear. La gas­tro­no­mía es otro de los pun­tos fuer­tes de la zo­na. Co­mer­se un arroz con ma­ris­co al bor­de del mar en Com­por­ta, o unas os­tras de lu­jo en Se­tú­bal, me­re­ce la pe­na. Y es en es­te úl­ti­mo lu­gar, lo que po­de­mos lla­mar la me­tró­po­lis, don­de po­de­mos en­con­trar lu­ga­res tí­pi­cos en­can­ta­do­res co­mo el Mer­ca­do do Li­vra­men­to o el Fuer­te de San Fe­li­pe para sa­ciar el tu­ris­ta que to­dos lle­va­mos den­tro.

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