EN AL­GÚN LU­GAR

Tras su dis­co “Co­ra­zo­nes”, que abor­da­ba su re­cien­te es­tan­cia en el hos­pi­tal, Mikel Erent­xun lanza “El hom­bre sin som­bra”, tam­bién au­to­bio­grá­fi­co y con un so­ni­do muy pró­xi­mo a Dun­can Dhu.

DT - - CONTENTO - TEX­TO RA­FAEL VIDAL FO­TO WAR­NER MU­SIC.

Entrevistamos a Mikel Erent­xun, que en su úl­ti­mo ál­bum, “El hom­bre sin som­bra”, sue­na más a Dun­can Dhu que nun­ca.

¿Y de dón­de vie­ne el tí­tu­lo?

“El hom­bre sin som­bra” es una can­ción que fi­nal­men­te no va en el dis­co que des­cri­be có­mo me sen­tía, en la na­da ab­so­lu­ta y sin un sol que te ha­ga pro­yec­tar som­bra. Y la som­bra es el amor, que es lo que no tie­ne es­te hom­bre in­com­ple­to.

La som­bra es nues­tro re­fle­jo tam­bién...

Es nues­tro do­ble, y da mu­cho jue­go, has­ta Lucky Lu­ke, que es más rá­pi­do que su som­bra. Es muy cu­rio­so no te­ner som­bra co­mo los vam­pi­ros no tie­nen re­fle­jo en un es­pe­jo.

¿Y có­mo es mu­si­cal­men­te el al­bum?

Tie­ne un to­que me­lan­có­li­co que lo em­pa­ren­ta al pri­mer Dun­can Dhu, la idea pri­mi­ti­va de gui­ta­rras acús­ti­cas, bru­ma, tris­te­za. Un mun­do que no ex­plo­ra­ba ha­ce tiem­po.

¿Y qué es­cu­cha­bas mien­tras lo com­po­nías?

Mu­cho Dy­lan, con­cre­ta­men­te “Josh Weis­ley Har­din”, un dis­co que con­si­de­ran me­nor por­que vie­ne des­pués del “High­way 61 Re­vi­si­ted”, que era un dis­co de rock and roll, y de re­pen­te ha­ce un dis­co acús­ti­co con gui­ta­rra, ba­jo, ar­mó­ni­ca y voz. Él hi­zo ese dis­co tan sen­ci­llo en res­pues­ta a la com­ple­ji­dad del “Sgt. Pep­per’s Lo­nely Hearts Club Ste­wart, y cre­cí es­cu­chán­do­los. Aun­que vi­ví mi ju­ven­tud en los ochen­ta, me mar­có la mú­si­ca de los se­ten­ta, la de mi in­fan­cia.

¿Re­cuer­das el pri­mer dis­co que com­pras­te?

“The Sun Co­llec­tion” de El­vis, un re­co­pi­la­to­rio de los años se­ten­ta.

¿Y có­mo co­no­cis­te a Die­go Va­sa­llo para crear Dun­can Dhu?

Yo to­ca­ba en los Aris­to­ga­tos y él to­ca­ba en los Dal­ton, no nos co­no­cía­mos per­so­nal­men­te pe­ro sí de vis­ta. Cuan­do ba­rrun­ta­ba la idea de Dun­can Dhu pen­sé en él por ima­gen, por­que to­ca­ba el ba­jo y en un gru­po de roc­ka­billy co­mo yo. Y mi her­ma­na, que lo co­no­cía, me lo pre­sen­tó y le sol­té la idea de re­pen­te. Fue un fle­cha­zo ins­tan­tá­neo y de­ci­di­mos crear es­ta ca­rre­ra jun­tos.

Cuan­do creas­te Dun­can Dhu, en el País Vas­co es­ta­ba de mo­da el punk y el rock ra­di­cal vas­co. ¿Fue di­fí­cil so­nar di­fe­ren­te?

Éra­mos al­go a con­tra­co­rrien­te, y ésa era la cla­ve del éxi­to, co­mo no so­ná­ba­mos a na­die lla­má­ba­mos la aten­ción, los me­dios se fi­ja­ban en no­so­tros. Par­te del éxi­to vie­ne de esa inocen­cia, esa fres­cu­ra, y de te­ner un gen di­fe­ren­cia­dor del res­to.

Siem­pre hay un te­ma­zo de Dun­can Dhu para ce­rrar un bar [ri­sas]. ¿Y ha si­do di­fí­cil crear una ca­rre­ra en so­li­ta­rio?

La som­bra de Dun­can Dhu es muy alar­ga­da.

Pe­ro una be­lla som­bra en la que acos­tar­se.

Sí, al prin­ci­pio te­nía un pun­to de ego y que­ría ser otro, pe­ro aho­ra lo mi­ro con or­gu­llo.

¿Có­mo de­fi­ni­rías las di­fe­ren­cias de es­ti­lo en­tre Dun­can Dhu y tu ca­rre­ra?

Di­ré una ob­vie­dad, pe­ro las de­ci­sio­nes eran en­tre va­rios en Dun­can Dhu, y aho­ra es­toy so­lo. Dun­can tran­si­tó por mun­dos más bri­tá­ni­cos, lue­go se es­co­ró a una mú­si­ca más clá­si­ca mien­tras que yo re­to­mé el ro­llo bri­tá­ni­co pe­ro más ac­tual. Pe­ro hay una con­ti­nui­dad, de en­tra­da la voz es la mis­ma, y es­te dis­co es una vuel­ta a mis orí­ge­nes.

Y cuan­do com­po­nes, ¿le­tras y mú­si­ca na­cen de for­ma si­mul­tá­nea?

Sí, en el mó­vil gra­bo las ideas mu­si­ca­les y en un bloc apun­to le­tras, frases, ideas. Y de re­pen­te se cru­zan y na­ce una can­ción.

¿Y có­mo vi­ves los con­cier­tos?

Soy un ani­mal de es­ce­na­rio, dis­fru­to mu­chí­si­mo de eso, ya sea en una pla­za de to­ros o un bar con 200 per­so­nas.

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