So­ñar una mi­ra­da

El fo­tó­gra­fo Eu­ge­nio Recuenco es el en­car­ga­do de rea­li­zar la nue­va cam­pa­ña de Bar­ce­ló Ho­tels & Re­sorts.

DT - - SELECTED FOTOGRAFÍA - TEX­TO RA­FAEL VIDAL.

En­trar en el Bar­ce­ló To­rre de Ma­drid, di­se­ña­do por Jai­me Ha­yón, es en­trar en un sue­ño. Y en­trar pa­ra en­tre­vis­tar al gran fo­tó­gra­fo Eu­ge­nio Recuenco (Ma­drid, 1968) es en­trar en la fan­ta­sía to­tal. Él ha crea­do la cam­pa­ña “BARTCELÓ, el ar­te de in­no­var”, re­in­ter­pre­tan­do los desa­yu­nos, las ha­bi­ta­cio­nes y la ani­ma­ción in­fan­til de la com­pa­ñía ho­te­le­ra a tra­vés de su mi­ra­da en­so­ña­do­ra.

Me en­can­ta la idea del bo­de­gón desa­yuno.

Es un bo­de­gón ba­rro­co, un Sán­chez Co­tán, un Zur­ba­rán, aun­que muy mi­ni­mal, con los ele­men­tos ne­ce­sa­rios, y sin co­piar a na­die.

Una mu­jer y una má­qui­na. ¿Es­tá ahí la pin­tu­ra de Fer­nand Lé­ger?

No es­ta­ba bus­ca­do, pe­ro es­tá. La rue­da den­ta­da re­pre­sen­ta la ra­zón, pe­ro la tie­ne me­ti­da co­mo un hu­la hop, y jun­to al ves­ti­do de pa­pel na­ce un mundo de di­ver­sión pro­pio de la Teo­ría de Ho­ward Gardner.

¿Y có­mo di­se­ñas­teis la ves­ti­men­ta?

Que­ría­mos que re­cor­da­se una época pa­sa­da, aun­que nin­gu­na en con­cre­to. Son imá­ge­nes que te po­drías en­con­trar en un mu­seo. Aun­que hay ele­men­tos mo­der­nos, co­mo las pa­re­des de hor­mi­gón, pe­ro la den­si­dad del va­cío y la pe­num­bra del fon­do, te lle­van di­rec­to a un pa­sa­do sin fe­cha.

¿Sue­les ha­cer re­fe­ren­cias a la pin­tu­ra?

Ba­jo una in­fluen­cia pic­tó­ri­ca pue­des con­tar co­sas sal­va­jes, vas al mu­seo del Pra­do y ves mu­je­res des­nu­das, ca­be­zas cor­ta­das...

Tus imá­ge­nes son muy ci­ne­ma­to­grá­fi­cas.

Eso es emo­ción. En las fotos de mo­da so­lo me­ten tías o tíos gua­pos y ya, pe­ro el de­fec­to es lo que ha­ce es­pe­cial una fo­to.

Pa­re­ce que los per­so­na­jes sue­ñan con el de­co­ra­do que hay al­re­de­dor.

Por­que el de­co­ra­do es real, es­tá al­re­de­dor y lo sien­ten. Por or­de­na­dor no es lo mis­mo.

Pe­ro los ges­tos son muy su­ti­les.

In­ten­to que ven­ga de den­tro, pri­me­ro co­lo­cas y lue­go in­ten­tas que lo sien­ta el mo­de­lo, de na­da sir­ve que la ca­be­za es­té in­cli­na­da si los ojos no bri­llan co­mo han de bri­llar.

La gen­te aso­cia tus fo­to­gra­fías con los cuen­tos de ha­das.

Los odio [ri­sas]. So­lo me gus­ta el de Ca­pe­ru­ci­ta, en el mo­men­to de abrir­le la tri­pa. Pe­ro la gen­te me aso­cia con ellos.

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