Má­xi­ma e ca­cia

Des­de el di­que se­co don­de se en­cuen­tra por una des­afor­tu­na­da le­sión, la ex­ce­len­te ju­ga­do­ra ma­dri­le­ña de pá­del nos ha­bla de su ca­rre­ra, de la evo­lu­ción de es­te de­por­te y de su ab­so­lu­ta pa­sión por los co­ches.

DT - - SELECTED GOLPE MAESTRO - TEX­TO MI­GUEL BA­ÑÓN FOTO HIJOMÍA.

Igual que el DS4 Cross­back do­mi­na cual­quier ti­po de su­per­fi­cie, Ale­jan­dra Sa­la­zar (Madrid, 1985) do­mi­na en una pis­ta de pá­del. El SUV lo de­mues­tra en cam­po y ciu­dad y la ju­ga­do­ra, ima­gen de la mar­ca de co­ches de lujo fran­ce­sa, pa­la en mano. No en vano ha lo­gra­do co­ro­nar­se co­mo cam­peo­na de Es­pa­ña, del mun­do y ob­te­ner el nú­me­ro uno en el ran­king del World Pa­del Tour. Aun­que la ho­ra de hacer es­ta entrevista, por des­gra­cia, ha te­ni­do que de­cir adiós a la tem­pi­ra­da por una le­sión, Ale­jan­dra no pier­de la pa­sión por su de­por­te, que com­par­te con la del mun­do del mo­tor.

Cuén­ta­nos có­mo ha si­do esa le­sión.

Ha­ce unas se­ma­nas com­pi­tien­do en un tor­neo en Va­lla­do­lid, en un sal­to pa­ra gol­pear la pe­lo­ta al caer se me rom­pie­ron los li­ga­men­tos de la ro­di­lla. Al es­cu­char el crack ya su­pe que me ha­bía ro­to el li­ga­men­to cru­za­do por­que ya lo vi­ví ha­ce nue­ve años en la otra ro­di­lla. El re­to de vol­ver a ser nú­me­ro uno ya no va po­der ser… La pri­me­ra vez fue una si­tua­ción más an­gus­tio­sa, pe­ro aho­ra soy más ma­du­ra por­que he vi­vi­do in­clu­so si­tua­cio­nes peo­res co­mo una mio­car­di­tis. Es­to me lo to­mo con pa­cien­cia y sé que tra­ba­jan­do vol­ve­ré a es­tar a sú­per buen ni­vel.

Ha­cien­do me­mo­ria, ¿qué es lo que te mue­ve a em­pe­zar a hacer de­por­te?

Des­de siem­pre mi fa­mi­lia ha si­do muy de­por­tis­ta y yo em­pe­cé a ju­gar al ba­lon­ces­to a los 8 años. Pe­ro mi ma­dre ju­ga­ba con las ami­gas al pá­del y yo da­ba tam­bién cla­ses y fui com­pa­gi­nan­do am­bos de­por­tes has­ta los 15. En­ton­ces pu­de em­pe­zar a via­jar y ju­gar los tor­neos de ma­yo­res, pe­ro sin de­jar de es­tu­diar. Tam­bién ten­go el fút­bol en la san­gre por­que mi bi­sa­bue­lo fue el fun­da­dor del Atlé­ti­co de Madrid.

Un in­ci­so, ¿y tú de qué equi­po eres?

Ten­go el Atle­ti en el co­ra­zón… pe­ro soy del Ba­rça.

Ajá. ¿Y có­mo si­guió tu ca­rre­ra de­por­ti­va?

Pues lue­go pa­sé al cir­cui­to pro­fe­sio­nal con chi­cas mu­cho más ma­yo­res, que me da­ban pa­li­zas, pe­ro me ayu­da­ron a pro­gre­sar. En aque­lla épo­ca ha­bía po­cos spon­sors, pe­ro al ad­qui­rir un ran­king bueno ya hu­bo una mar­ca que apos­tó por mí. En 2008, con 22 años, ya vi que po­día de­di­car­me de ver­dad a es­to. Ter­mi­né mi ca­rre­ra ese ve­rano pe­ro al le­sio­nar­me la ro­di­lla hi­ce un más­ter con mi vi­sión pues­ta en ser nú­me­ro uno del mun­do al año si­guien­te. Y lo con­se­gui­mos.

¿Có­mo han si­do es­tos ca­si diez años co­mo pro­fe­sio­nal?

Pues con mu­chos cam­bios a ni­vel fí­si­co, men­tal y téc­ni­ca­men­te, me­jo­ran­do co­mo ju­ga­do­ra y co­mo per­so­na. Via­jan­do, ju­gan­do con la se­lec­ción…

¿Qué lon­ge­vi­dad de­por­ti­va tie­ne una ju­ga­do­ra de pá­del?

Si te res­pe­tan las le­sio­nes, has­ta los 40 años.

¿El cam­bio de pa­re­ja en el pá­del es com­pli­ca­do?

Sí, es co­mo de­jar a un no­vio [ri­sas]. O de­jas o te de­jan, el mer­ca­do se mue­ve a fi­nal de año tras eva­luar có­mo ha ido la tem­po­ra­da. Yo he de­ja­do com­pa­ñe­ras por­que me ha lla­ma­do una me­jor y he pen­sa­do que ese tren ha­bía que co­ger­lo. Aho­ra mis­mo Mar­ta Ma­rre­ro es la me­jor com­pa­ñe­ra que po­dría te­ner.

¿Y có­mo ha si­do la evo­lu­ción de tu de­por­te?

La can­ti­dad de per­so­nas que jue­ga es alu­ci­nan­te. Te­ne­mos partidos en di­rec­to en Gol TV, hay partidos en strea­ming… la gen­te co­no­ce mu­cho má­sel pá­del que an­tes. Tam­bién ha me­jo­ra­do la pre­pa­ra­ción fí­si­ca, la nu­tri­ción, el coaching… y las mar­cas se es­tán vol­can­do con no­so­tros al com­pro­bar que no es un boom pa­sa­je­ro. Y esa idea de que “es de pi­jos” es­tá cam­bian­do tam­bién. La gen­te es­tá en­gan­cha­da al pá­del.

Há­bla­nos de tu re­la­ción con los co­ches.

Me en­can­tan. Me en­can­ta con­du­cir des­de siem­pre, pro­bar nue­vos co­ches...

¿Y qué te ofre­ce una mar­ca co­mo DS?

Se in­tere­sa­ron en mí, vi­ne a pro­bar­los y son es­pec­ta­cu­la­res. Son sú­per ele­gan­tes, muy com­ple­tos, có­mo­dos y me dan mu­cha se­gu­ri­dad. Si DS me ha da­do su con­fian­za, es­pe­ro que vea esos va­lo­res re­fle­ja­dos en mí.

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