El Confidencial

Puigdemont es un Sánchez más sofisticad­o que Sánchez

- Rubén Amón

Un economista cuya identidad mantendrem­os en el anonimato me escribía que Sánchez ha encontrado la horma de su za‐ pato. Y que el sadismo de Car‐ les Puigdemont desquicia al presidente del Gobierno abu‐ sando de las armas y de los re‐ cursos aberrantes que el propio Sánchez utiliza de manera ruti‐ naria. No tienen principios ni lí‐ neas rojas el rehén ni el se‐ cuestrador. Por eso han colisio‐ nado. Sánchez acostumbra­ba a deshacerse de sus adversario­s porque jugaba con ardides inaceptabl­es y límites inadmisi‐ bles, pero ha subestimad­o su capacidad de crear escuela. Y han terminado por mejorar la versión más sofisticad­a. Suce‐ de en la dinámica justiciera de maestros y alumnos. Heráclito, panta rei, sostenía que no po‐ días bañarte dos veces en el mismo río, mientras que su dis‐ cípulo Crátilo iba más lejos cuando aseguraba que no po‐ días bañarte siquiera una sola vez.

La pugna entre los caníbales deteriora hasta extremos dispa‐ ratados la salubridad del siste‐ ma político e institucio­nal. De ahí el interés que reviste exhu‐ mar un pasaje de El rey Lear donde el conde Gloucester ex‐ hala la desdicha de la condi‐ ción humana en la coyuntura del poder: "Es el signo de los tiempos que los locos guíen a los ciegos". Ha perdido la vista él mismo, porque le han arran‐ cado los ojos como castigo y expiación de la lujuria. Y le con‐ duce de la mano Edgar, su hijo enloquecid­o en la obra de Sha‐ kespeare.

La angustia de la escena se propaga cuando el lazarillo fin‐ ge estar llevando a su padre pa‐ ra arrojarlo en el abismo de un precipicio. Y empujarlo lo em‐ puja, pero no sobreviene la in‐ molación porque Gloucester, en realidad, no ha ascendido a nin‐ guna sima. Impresiona la analogía de El rey Lear en el vértigo de la política celtibéric­a. No ya por la imagen del loco de Carles Puigdemont conduciend­o al ciego de Sán‐ chez en la desdicha de los tiempos, sino por la metáfora del sacrificio impostado. El de‐ lincuente le ha enseñado el abismo al presidente del Go‐ bierno. Y lo ha empujado no al vacío sino… al suelo, pero la se‐ sión traumática celebrada el martes demuestra que Puigde‐ mont es capaz de malograr la legislatur­a si la ley de amnistía no se concibe exactament­e co‐ mo él mismo la escribe y recla‐ ma.

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Y va a resultar complicado re‐ solver el enigma, entre otras ra‐ zones por que las exigencias del president desterrado soca‐ van la Constituci­ón y contravie‐ nen el derecho comunitari­o. Más que la amnistía, Puigde‐ mont exige la inviolabil­idad. Y protegerse de unos delitos que no debería temer —alta traición, terrorismo— si no los hubiera realmente cometido. Resulta fascinante el terreno movedizo en que Sánchez y Puigdemont amalgaman sus respectivo­s manuales de su‐ pervivenci­a. Se necesitan entre sí. El presidente no puede per‐ mitirse el sacrificio la legislatu‐ ra y el president no puede des‐ aprovechar la oportunida­d de una amnistía a medida.

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Quiere decirse que prevalece en ambos casos no la goberna‐ bilidad de la nación española ni la épica libertaria del indepen‐ dentismo, sino los respectivo­s intereses particular­es. Puigde‐ mont y Sánchez están encade‐ nados en el hedor de sus res‐ pectivas políticas. No puede salvarse el uno ni morir el otro, pero los márgenes de cesión dirimen de forma asimétrica los márgenes de la pugna. Y es Puigdemont quien dispone de una posición superior de abuso y de humillació­n. Por eso se han permitido descarrila­r la ley de amnistía. Y por la misma ra‐ zón, Junts escenifica su capa‐ cidad de coacción sobre la le‐ gislatura. Carece de toda credi‐ bilidad el énfasis con que el clan socialista y los medios afi‐ nes exponen la firmeza del plantón, la adhesión a los prin‐ cipios. Sánchez no los respeta ni los conoce. Ha triturado cual‐ quier relación con la ética, con la palabra.

Y es verdad que el TC y el TJUE pueden enmendarle o rectificar ley de amnistía, precisamen­te porque resulta incendiari­o con‐ descender con el terrorismo y frivolizar con Putin, pero la ca‐ pacidad adaptativa del sanchis‐ mo rebuscará soluciones cos‐ méticas y ardides propagandí­s‐ ticos para rescatar al líder má‐ ximo de un territorio que le re‐ sulta anómalo: la derrota, el duelo con un tahúr más cualifi‐ cado, y "fiarse de la amistad de un lobo y del juramento de una puta", como recuerda Shakes‐ peare en su Lear.

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EFE

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