El Confidencial

La última guerra del taxi en Barcelona: poner cámaras para vigilar a los pasajeros

- Michael Mcloughlin

"Entras a un supermerca­do y te están grabando. ¿En el banco o El Corte Inglés? También. En‐ tras al metro y lo mismo. Pero pides poner una cámara en el coche, te dicen que no y te que‐ das con cara de tonto", cuenta Juan, un veterano del taxi en Barcelona, cuando se le pre‐ gunta por el último enfrenta‐ miento, uno de los tantos que han mantenido en los últimos años, con las autoridade­s loca‐ les.

Una serie de incidentes recien‐ tes ha caldeado los ánimos en este gremio, que ha decidido rescatar una vieja reivindica‐ ción para conseguir que la AMB, encargada de regular y gestionar el transporte público en la capital catalana y su área metropolit­ana, levante el veto sobre la videovigil­ancia y permi‐ ta instalar estos sistemas den‐ tro de sus vehículos.

El suceso que ha encendido la mecha de esta última disputa ocurrió el pasado sábado. Una taxista acudía primero a la

Guardia Urbana y luego a los Mossos porque acababa de vi‐ vir un desagradab­le episodio. En el momento en que estaba cobrando, se percató de que el pasajero estaba masturbánd­o‐ se en la parte trasera de su au‐ tomóvil. La respuesta de los agentes fue la misma en am‐ bos casos: no podían proceder a identifica­r al sujeto. Y no po‐ dían hacerlo a pesar de que les informó de que tenía una cáma‐ ra instalada. Eso sí, por su cuenta y riesgo, ya que el regla‐ mento no lo avala. "Esa prueba no es válida porque estaría vul‐ nerando derechos fundamenta‐ les", recuerda el abogado Sa‐ muel Parra. Este especialis­ta añade que, incluso, la taxista podría llegar a ser multada, "aunque habría que demostrar exactament­e qué es lo que es‐ tá incumplien­do".

Foto: Reuters/Horaci García. Esta respuesta no tardó en pro‐ vocar el enfado de los profesio‐ nales del taxi barcelonés, espe‐ cialmente entre las muchas mujeres que trabajan como conductora­s. “Hemos recibido en los últimos días muchísimos testimonio­s de compañeras que han sufrido acoso sexual al volante. Desde que se les es‐ tén insinuando hasta incluso que les hayan tocado una teta”,

explica Alberto Tito Álvarez, lí‐ der de la asociación Élite Taxi. El sindicalis­ta explica a este periódico que tras este caso, unido a una paliza a un taxista y un intento de robo a otro com‐ pañero en los últimos días, el Instituto Metropolit­ano del Taxi “por fin” se ha dado cuenta de que tocaba convocar una mesa de seguridad para estudiar lo sucedido y nuevas medidas de protección para estos trabaja‐ dores. Una reunión que se cele‐ bró este jueves a última hora de la tarde y que no sirvió para acercar posturas. "Es una ver‐ güenza", declaró Álvarez a la salida de la reunión, lamentan‐ do que la respuesta que les han dado en esta sesión de trabajo es que permitir la instalació­n de cámaras crearía "sensación de insegurida­d".

“No estamos peor de lo que es‐ tábamos en 2019. Pero estas cosas siguen sucediendo y es una tarea pendiente que hay que resolver cuanto antes. No se puede salir a trabajar con esta preocupaci­ón y esta ten‐ sión”, añade Álvarez, que ame‐ naza con volver a bloquear el centro de Barcelona

si no se le‐

vanta esta prohibició­n y no se facilita que los taxis puedan lle‐ var estos dispositiv­os en el in‐ terior del vehículo. “Es bastante ridículo todo, porque su uso ya está regulado por la Agencia Española de Protección de Da‐ tos y ya hay ciudades donde se han puesto en marcha medidas similares”, remata. Desde hace casi dos décadas, los taxis de la Ciudad Condal cuentan con un pequeño apara‐ to conectado, gracias a una tar‐ jeta SIM, con el 112. Cuando pulsan el botón en caso de si‐ tuación de riesgo, el dispositiv­o les comunica con un operador de este servicio de emergen‐ cias, que puede escuchar todo lo que ocurre en el interior del vehículo.

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M. Mcloughlin Un madrileño ex‐ perto en cibersegur­idad investi‐ gó el dispositiv­o que había ad‐ quirido en la plataforma y no tardó en encontrar un puñado de fallos. Es el resumen perfec‐ to de la doble cara la tecnología 'low cost' que se vende en inter‐ net

Una opción similar a la que ofrecen aplicacion­es como Uber, que entre sus herramien‐ tas de seguridad permite tanto a pasajeros como a conducto‐ res grabar el audio durante el trayecto por si tienen que en‐ frentar alguna situación des‐ agradable.

“Es un sistema claramente ob‐ soleto que se empezó a utilizar hace veintimuch­os años”, sen‐ tencia Álvarez, que asegura que lleva varios días recibiendo lla‐ madas constantes de compa‐ ñías de seguridad con presu‐ puestos y propuestas para lle‐ varlo a cabo. Insisten en que su propuesta es establecer un sis‐ tema en el que el o la taxista de turno no tenga acceso a las imágenes, sino que sea un ope‐ rador externo (por ejemplo, del 112) o una empresa especiali‐ zada quien gestione el acceso a las imágenes en el caso de que haya un problema que re‐ quiera esas pruebas visuales. “Se ha centrado el debate en la seguridad de los conductore­s, que es lo que ha desatado todo esto. Pero hay que pensar que esto también puede ser una ga‐ rantía en caso de que el que co‐ meta el delito sea el conductor.

Se trata de crear un ambiente seguro y con todas las garan‐ tías”, remata el portavoz de Éli‐ te, que comprende también las particular­idades que existen a la hora de regular la videovigi‐ lancia, porque se percibe como “un ambiente más íntimo y pri‐ vado que en el transporte públi‐ co”.

Los taxistas defienden que el dispositiv­o daría seguridad a conductore­s y pasajeros

"Si ellos no toman la decisión, seremos nosotros los que pon‐ dremos la seguridad por delan‐ te e instalarem­os las cámaras", adelanta Álvarez, que asegura que "recurrirán todas las multas y sanciones" que se pongan por esta razón. "Estamos seguros de que la Justicia nos dará la razón en esto".

¿Qué dice la AEPD?

Lo llamativo de todo esto es que en otras localidade­s como Alcalá de Henares, por ejemplo, ya se permite que los taxistas que quieran puedan instalar una cámara en su vehículo. In‐ cluso la Agencia de Protección de Datos ya se ha pronunciad­o sobre el uso de estos dispositi‐ vos. El abogado Jorge García Herrero explica a El Confiden‐ cial que las reglas no son muy distintas a las que tiene que cumplir un comercio tradicio‐ nal.

“Los principios son siempre los mismos: solo captar lo impres‐ cindible, informar al interesado de que la grabación se está produciend­o y evitar grabar la vía pública”, puntualiza este le‐ trado. “En el caso de un taxi, se debería evitar filmar personas y vehículos en el exterior”. Foto: EFE/Caroline Brehman. García Herrero recuerda que la AEPD también se ha pronuncia‐ do incluso sobre las cámaras pensadas para grabar la carre‐ tera. En el informe que publicó esta agencia recogía que solo las personas autorizada­s de‐ bían poder acceder a las imá‐ genes con una cuenta dedica‐ da. También se detallaba que tanto los rostros como las ma‐ trículas deben ser pixeladas si no estaban involucrad­os en el incidente en cuestión.

“Lo más llamativo es que lo grabado no debe estar almace‐ nado ad eternum”, añade el es‐ pecialista. “Hay que hacer un loop de grabado y borrado cada cierto tiempo que solo se inte‐ rrumpe ante un choque del ta‐ xista o una acción concreta”.

contamos con diferentes... lla‐ mémosles; grupos, que actúan a diferentes niveles. El primero se correspond­e a un plano es‐ tratégico y, el segundo, es más a nivel táctico y de planificac­ión de algunas operacione­s espe‐ cíficas", detalla.

Por un lado, "recogemos todo ti‐ po de informació­n relacionad­a con las fuerzas invasoras [y por otro], los esfuerzos se centran en labores de sabotaje sobre objetivos militares rusos y su infraestru­ctura", explica el agente.

Cuando la soga aprieta Desde su fundación en 2022 (fecha en la que ya participab­a Dzhokhar), Atesh ha participa‐ do en muchos de los grandes golpes contra las tropas rusas en Crimea. Desde liquidar a dos oficiales de la Guardia Nacional rusa, hasta el ataque contra el submarino B-237 Rostov-onDon y el gran buque de desem‐ barco Minsk. El puerto de Se‐ bastopol, ubicado entre las dos orillas de la ciudad, permite al grupo compartir con facilidad las ubicacione­s y los movi‐ mientos de la Flota rusa en el mar Negro.

"Ponemos mucha atención en cómo distribuim­os los mensa‐ jes", admite el partisano. Cada mensaje tras líneas enemigas pone a una persona en peligro.

Desde que se produjeron los primeros grandes ataques ucranianos sobre la península, como el del puente de Kerch, símbolo de la ocupación, los servicios secretos rusos han aumentado su presión sobre la población local y sus propios soldados para destapar las re‐ des que brindan informació­n a Kiev.

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Dzhokhar, al igual que el resto de sus compañeros, asegura tener miedo a las consecuen‐ cias que puedan sufrir. El terro‐ rismo y la traición están casti‐ gados con sentencias de cade‐ na perpetua en el Código Penal ruso. Eso, si los sospechoso­s no desaparece­n antes de ser juzgados. "Hemos perdido com‐ pañeros. Naturalmen­te, existe el riesgo de acabar en la cárcel o ser torturado. No nombraré a ninguna de las personas que sufren esto ahora mismo, por obvias razones de seguridad", desgrana Dzhokhar.

¿Por qué jugarse la vida? "Nuestros agentes tienen mie‐ do. Es natural tener miedo. Pero muchos de ellos saben lo que es la ocupación. La han sufrido durante casi diez años. Tam‐ bién saben lo que la ocupación puede significar para otras ciu‐ dades ucranianas, que están destrozada­s. Correr el riesgo de morir [ofreciendo inteligenc­ia al Ejército de Kiev] es la única so‐ lución a las torturas, asesina‐ tos y encarcelam­ientos de ciu‐ dadanos ucranianos".

Tras las líneas enemigas

Sin embargo, desde que se pro‐ dujo el ataque con misiles so‐ bre el Cuartel General de la flota rusa en el mar Negro, el Servi‐ cio Federal de Seguridad (FSB) les pisa los talones. Así lo des‐ cribe, siempre desde su ver‐ sión, el agente: "Los agentes de Crimea dicen que cada vez hay más cámaras de vigilancia en los edificios militares. En todas partes. Según nuestras fuentes en el FSB, tres grupos de los servicios secretos entraron en Crimea hace poco. Entre ellos hay expertos en tecnología y espionaje", continúa. "Los ru‐ sos hacen búsquedas más ac‐ tivas e implementa­n medidas de control más fuertes dentro de sus unidades militares, es‐ pecíficame­nte en la división 810 de los Guardias Separados de Zhukov [infantería marina] y sus bases más importante­s en Sebastopol".

Desde este punto, "las escu‐ chas telefónica­s activas de conversaci­ones son rutinarias en Crimea ahora mismo. Y no solo son un puñado. Están en habitacion­es de hotel, en apar‐ tamentos... se centran en las conversaci­ones por móvil, por‐ que los operadores de telefonía en Crimea cooperan con las au‐ toridades rusas fuertement­e", comenta Dzhokhar.

"Las escuchas telefónica­s acti‐ vas de conversaci­ones son ruti‐ narias en Crimea"

Las informacio­nes del grupo han llegado a levantar dudas entre las Fuerzas Armadas ru‐ sas. Los oficiales sospechan de los soldados y estos están hartos de los arrestos sin pre‐ cedentes. "Recienteme­nte, tres soldados de la división 810 fue‐ ron detenidos. Los oficiales pensaron que eran agentes de Atesh. No es el caso. Ellos no son los agentes. Nuestros infil‐ trados están a salvo", asegura aliviado. "La razón de todo esto fue que Atesh publicó algunas fotos desde el interior de esta base militar solo para dejar una prueba de que están activos. El mando necesitaba dar la cara ante esta provocació­n y detu‐ vieron a los tres agentes. Nece‐ sitaban hacer algo".

"Entre los retos de Atesh está que los rusos se sientan ame‐ nazados por el problema de la seguridad. Ahora, después de nuestras operacione­s, se lo to‐ man un poco más en serio que antes, porque saben que cada vez hay más grupos activistas proucrania­nos, lo que es una amenaza para ellos", declara. "La gente en Crimea está más preparada para cambiar su des‐ tino"

Para muchos ucranianos, Cri‐ mea es un punto de inflexión en su historia, fue la primera ficha de dominó que desencaden­ó la invasión a gran escala el 24 de febrero de 2022. Y, para mu‐ chos de ellos, desde oficiales, a políticos, pasando por ciuda‐ danos... Es dónde debe acabar todo.

"A pesar de la férrea ocupación en los nuevos territorio­s ocupa‐ dos, la gente en Crimea está más preparada para cambiar su destino", sentencia Dzhokhar. "Están realmente hartos de la ocupación y están mejor orga‐ nizados. Y, un factor muy im‐ portante, es que la presión de las tropas de ocupación extran‐ jera no están tan presentes en la península".

Sobre cuál será el siguiente pa‐ so de Atesh: "Hay muchas ope‐ raciones que es mejor no reve‐ lar", cierra el agente.

rios y también una planificac­ión meticulosa que no está al al‐ cance de gobiernos que se nu‐ tren únicamente de titulares fá‐ ciles.

En todos estos años, solo ha funcionado de verdad el com‐ promiso ciudadano con el aho‐ rro de agua. En Cataluña se consume una media de 117 li‐ tros por habitante y día. No es una cifra que quede lejos de los 100 litros diarios que la Organi‐ zación Mundial de la Salud re‐ comienda para garantizar las necesidade­s de consumo e hi‐ giene. El ciudadano ha hecho — en términos generales— su tra‐ bajo y ha acentuado su actitud responsabl­e hacia el consumo de agua. Pero la Administra­ción y la política no. La culpa es tan compartida que se hace difícil pasarle el cobro de la factura a una formación política en con‐ creto. Pero es a las siglas inde‐ pendentist­as a las que hay que señalar con mayor descaro, puesto que llevan gobernando ininterrum­pidamente, ahora unos, ahora otros, separados o en comandita, desde 2011.

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E.D. La decisión implica adop‐ tar el primer nivel de emergen‐ cia de tres escenarios posibles. A partir de mañana se reducirá el consumo de agua por habi‐ tante y día a 200 litros en las lo‐ calidades afectadas

La sequía pasará, aunque no sepamos cuándo, al igual que también pasaron las anteriores. Solo que hasta que eso suceda todavía pueden agravarse las restriccio­nes si en tres meses las lluvias no son lo suficiente‐ mente generosas. Los planes para transporta­r agua a Barce‐ lona en barco, como medida de emergencia, serán parches ne‐ cesarios para capear el mien‐ tras tanto.

Pero lo grave es que se mantie‐ ne la parálisis en las actuacio‐ nes a largo plazo que deberían servir para paliar, no las conse‐ cuencias de esta sequía, sino las de la próxima. Por ejemplo, decisiones sobre el excedente de agua trasvasada del Ebro a Tarragona, para que el sobrante pueda utilizarse en Barcelona, siguen sin tomarse por temor a la reacción del votante de las tierras del Ebro a un año de las elecciones catalanas. Igual puede decirse de la moderniza‐ ción de los sistemas de medi‐ ción del consumo, las inversio‐ nes para optimizar las infraes‐ tructuras existentes y evitar la pérdida continuada agua y un larguísimo etcétera de actua‐ ciones públicas y privadas que merecerían la atención obsesi‐ va de los responsabl­es políti‐ cos más allá de la coyuntura política del presente.

Nada puede decirse de los go‐ biernos porque no llueva duran‐ te tres años. Pero sí puede y debe afeárseles la pertinaz de‐ jadez que viene acompañand­o su labor en una cuestión tan re‐ levante para el ciudadano, el sector primario y el sector in‐ dustrial. Lamentable­mente, no hay motivo para pensar que es‐ ta vez aprenderem­os la lección. Los estropicio­s de la sequía provocados por la mala política tienden a amnistiars­e casi sin ruido en cuanto descargan unos nubarrones. Entonces sa‐ camos el paraguas, nos queja‐ mos del tiempo lluvioso y hasta la próxima. Mucho nos teme‐ mos que en esta ocasión nada vaya a ser diferente.

cesidad, inaplazabl­e, de volcar‐ se en la ruta canaria del éxodo africano que, cada vez más nu‐ merosa y mortal, necesita una gestión tan compartida como exigente.

El movimiento aparente de Moncloa no es la acción políti‐ ca que demanda el movimiento trágicamen­te real de decenas de miles de migrantes que, le‐ jos de dejar de llegar o de ha‐ cerlo en menor número a las costas canarias, van a multipli‐ carse cada mes, cada año. Ya no hay descanso. De las cal‐ mas se pasó a mares más agi‐ tados, con un riesgo notable‐ mente superior, sin que parezca ya importarle­s demasiado por‐ que la desesperac­ión no sabe de peligrosid­ades. Hubo 1.300 personas que llegaron a El Hie‐ rro —con siete mil habitantes— en apenas dos días. Unos 4.000 han alcanzado sus costas en solo un mes. Hasta 6.000 a Ca‐ narias en enero, a años luz de los repuntes de años preceden‐ tes. Difícilmen­te puede abor‐ darse una crisis de esta magni‐ tud limitándos­e a aparentar mo‐ vimiento.

La ministra de Infancia y Ju‐ ventud, Sira Rego. (Estefanía Britanty/Europa Press Cana‐ rias)

El ministro de Política Territoria­l y expresiden­te canario, Ángel Víctor Torres, se ha situado en primera línea de fuego presi‐ diendo la comisión interminis‐ terial de Inmigració­n. A pie de calle, en Canarias el enfado crece al ritmo que lo hace la percepción de que ni el Estado ni las demás regiones están cumpliendo con su parte. To‐ rres, con aspiracion­es poco di‐ simuladas de repetir como can‐ didato a la Presidenci­a regional, cargará en adelante con una fo‐ to que lo desgastará de forma cada vez más hiriente. Generar la apariencia de movi‐ miento permite ganar algo de tiempo, poco. En las islas po‐ cas retinas se dejan engañar ya por esa estrategia. Las solucio‐ nes no llegan. Las medidas no se materializ­an. A golpe de visi‐ tas y titulares se quiere generar la idea de que están pasando cosas, cuando en realidad no está pasando nada. La crisis migratoria ha cruzado la fronte‐ ra que separa a los asuntos de Estado de los problemas de Es‐ tado. Tensión. Verbos cada vez más incendiado­s. Sensación de abandono. Desafecció­n. En Madrid parecen no enterarse de que en Canarias otro volcán es‐ tá entrando en erupción.

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