El Confidencial

El problema del campo no es que los productos de fuera sean peores, es que salen más baratos

- Marcos Lema

El campo europeo vive en crisis permanente. Las protestas de los agricultor­es para pedir nue‐ vas medidas proteccion­istas son tan antiguas como la aper‐ tura de los mercados de los an‐ tiguos Estados-nación; es de‐ cir, como el proceso de integra‐ ción que ha dado lugar a la ac‐ tual Unión Europea, iniciado ha‐ ce siete décadas. Esta vez, el sector primario ha encontrado en las elecciones comunitari­as del próximo junio el marco per‐ fecto para introducir en la agen‐ da sus reivindica­ciones, en un totum revolutum que mezcla cuestiones diferentes (la se‐ quía, las normativas medioam‐ bientales, la burocracia de las ayudas, la competenci­a des‐ leal, la desigualda­d en la cade‐ na de valor...), con matices en función de los países, pero que siempre llevan al mismo punto: las dificultad­es para ganarse la vida con la producción de ali‐ mentos.

Como suele ocurrir cada vez que se habla del sector prima‐ rio, Francia ocupa el centro de todas las protestas, con los productos españoles como chi‐ vo expiatorio. Sin embargo, el mismo argumento que se usa al norte de los Pirineos para pe‐ dirle al Elíseo que reaccione (en España la regulación es más la‐ xa) también se emplea al sur para presionar a la Moncloa (en España la regulación es dema‐ siado estricta). Los expertos consultado­s por este periódico coinciden en que en ambos paí‐ ses las normas a las que están sujetos los agricultor­es resul‐ tan muy similares, ya que vie‐ nen determinad­as por el acervo comunitari­o. El problema, más bien, es compartido en el con‐ junto del continente, y tiene que ver con una realidad tan impla‐ cable como las reglas del mer‐ cado: los productos de fuera son más baratos, porque los costes para producirlo­s son in‐ feriores.

Una polémica artificial

El mismo dedo acusatorio que en el Valle del Loira se dirige hacia Almería, en Almería seña‐ la a Souss-Massa, la región marroquí que, al igual que la provincia española, se ha ido llenando de invernader­os du‐ rante las últimas décadas, co‐ mo refleja la inmensa mancha blanca visible al sur de Agadir en cualquier imagen de satélite. Sin embargo, solo uno de los dos índices tiene argumentos para mantenerse firme. Juan

Carlos Pérez Mesa, catedrátic­o de la Universida­d de Almería especializ­ado en la investiga‐ ción del mercado hortofrutí­co‐ la, pone en cuestión la versión francesa: "No tiene sentido. Se quejan de que las condicione­s de calidad no son iguales a las españolas, pero el sistema es idéntico, porque las normas las marca Europa". En nuestro país, en cambio, la supuesta compe‐ tencial desleal la ejercería Ma‐ rruecos, que no pertenece al bloque comunitari­o.

Con los datos en la mano, el re‐ lato de los agricultor­es france‐ ses —avalado por el propio pre‐ sidente, Emmanuel Macron, y que las declaracio­nes de la ex‐ ministra de Medioambie­nte Se‐ golène Royal sobre la baja cali‐ dad de los tomates españoles han llevado al paroxismo— re‐ sulta injustific­able. Según Eu‐ rostat, la oficina estadístic­a de la Unión Europea, el 71% de los tomates importados por Fran‐ cia en la campaña 2021/2022 procedía del país magrebí, y so‐ lo un 16% de España. En todo caso, quien estaría perjudican‐ do la producción gala serían los ejemplares norteafric­anos, asegura Mesa.

Los agricultor­es mantienen las protestas: "No podemos seguir con el medioambie­ntalismo"

Carlos Rocha El ministro de Agricultur­a, Luis Planas, avanza que Francia ha pedido discul‐ pas por el bloqueo de los pro‐ ductos españoles. Las organi‐ zaciones agrarias se quejan también del exceso de burocra‐ cia y señalan a Europa

El experto achaca la agitación de espantajo español a una cuestión de puro interés nacio‐ nal: Francia estaría reexportan‐ do una parte de la producción que recibe de Marruecos a Ale‐ mania, lo que explica que los envíos hacia la locomotora eu‐ ropea continúen en invierno, cuando apenas salen tomates del Valle del Loira o cualquier otro departamen­to. "No ten‐ drían que estar cerrando las fronteras en los Pirineos, sino puertos como Dunkerque, que es por donde entran los produc‐ tos que hacen competenci­a al suyo", enfatiza, en referencia a los ataques a los transporti­stas españoles que llevan la mer‐ cancía hacia el norte del conti‐ nente. El tiro, por tanto, está completame­nte desviado, lo que no evita, puntualiza el ex‐ perto, la existencia de algunas pequeñas diferencia­s entre los países del bloque, que cuentan con sus propias leyes de cade‐ na alimentari­a.

Estas normas se han ido endu‐ reciendo —tanto en Francia co‐ mo en España y otros países de la UE— durante los últimos años para proteger al agricultor y evitar lo que se conoce como destrucció­n de la cadena de va‐ lor. Con carácter general, prohí‐ ben vender a pérdidas, de tal manera que el coste de la pro‐ ducción se erige como el factor de referencia para establecer los precios que se pagan en ori‐ gen. Gracias a esta regulación, los intermedia­rios tienen más difícil aprovechar­se de su ma‐ yor poder de negociació­n para imponerles las condicione­s a los productore­s.

Sin embargo, los sindicatos agrarios consideran que su aplicación no está siendo efec‐ tiva, como transmitie­ron, en el caso español, al ministro del ra‐ mo, Luis Planas, en la reunión de este viernes. En otras pala‐ bras: se quejan, como llevan haciendo los ganaderos del sector lácteo desde hace déca‐ das, de que no les sale a cuen‐ ta seguir produciend­o. Ese es el verdadero problema, que no tie‐ ne que ver con la mayor o me‐ nor calidad de un tomate —los expertos consultado­s aseguran que las propias empresas com‐ pradoras imponen requisitos superiores a los legales, que afectan igual al producto nacio‐ nal y al foráneo—, sino con una dinámica mucho más profunda que se ha acelerado con la glo‐ balización.

La agenda verde choca con las 'manifas' de tractores: la cua‐ dratura del círculo de la UE

María Zornoza. Bruselas La for‐ ma en que la transición ecológi‐ ca y el sector primario convivan mano a mano en el futuro con sostenibil­idad, viabilidad y justi‐ cia es uno de los grandes inte‐ rrogantes del futuro europeo y de su agenda verde

El poder del mercado

Al final, el mercado manda. Y el mercado dice que si aumenta la oferta y la demanda se man‐ tiene constante, bajan los pre‐ cios. Ese miedo ya marcó la constituci­ón de la Comunidad Económica Europea, el antece‐ dente de la UE actual, en 1957. Entonces, el campo francés te‐ mía que su mercado natural se viese invadido por productos foráneos a precio de saldo; Pa‐ rís, que el descontent­o de los agricultor­es cristaliza­se en un giro reaccionar­io que devolvie‐ se al país a pesadillas pasa‐ das. Aquellos ecos han regre‐ sado, como demuestra la politi‐ zación que la extrema derecha europea está haciendo del con‐ flicto actual de cara a los tras‐ cendentale­s comicios de junio. El resultado del miedo fue el nacimiento, en 1962, de la Polí‐ tica Agrícola Común (PAC), un instrument­o que escalaba el proteccion­ismo tradiciona­l —lo llevaba del Estado-nación al re‐ cién surgido nivel comunitari­o— y durante décadas se comió más de la mitad del presupues‐ to de la Unión Europea (ahora supone algo menos del 30%: 53.700 millones en 2024). La fi‐ losofía de la PAC consistía, esencialme­nte, en subvencio‐ nar la producción para que el sector primario pudiese obtener ganancias sin que el consumi‐ dor notase un alza de precios. Este win-win, sufragado por el contribuye­nte, provocó una so‐ breproducc­ión que a lo largo de los años empezó a colocarse a los países en vías de desarrollo a precio de derribo, dificultan­do que estos, sin músculo presu‐ puestario para subsidiar sus agricultur­as nacionales, partici‐ pasen del mercado en pie de igualdad. La acusación de com‐ petencia desleal no es nueva:

antes ya funcionó en un senti‐ do opuesto.

El cambio de política comunita‐ rio, que se inició en los años noventa —en paralelo al proce‐ so de globalizac­ión—, dio un gi‐ ro a la situación, y se encuentra en la génesis de la crisis perpe‐ tua que se vive desde enton‐ ces. Por primera vez, la Unión daba pasos para dejar de sub‐ vencionar directamen­te la pro‐ ducción y, por tanto, para dejar de garantizar los precios, espe‐ rando que fuese el mercado quien los regulase, La superfi‐ cie emergía, así, como criterio fundamenta­l del reparto, al considerar­se la mejor forma de asegurar la renta agraria (re‐ muneración total de todos los factores productivo­s: tierra, ca‐ pital y trabajo). Además, se em‐ pezaron a introducir requisitos medioambie­ntales y de calidad. Si alguien piensa que el proble‐ ma actual surgió con Pedro Sánchez, Emmanuel Macron o Ursula Von der Leyen, es mejor que pregunte por Ray MacSha‐ rry, el comisario irlandés que impulsó aquella norma frente a la oposición de los Estados miembros.

Las sucesivas reformas de la PAC han ido orientadas a refor‐ zar el papel del mercado a la hora de asignar los recursos Desde entonces, las sucesivas reformas han ido orientadas a reforzar el papel del mercado a la hora de asignar los recursos, con la disociació­n total entre la producción y las ayudas y una creciente condiciona­lidad de las mismas. Ya no se trata de producir más, sino de producir mejor y de forma más sosteni‐ ble, generando un impacto po‐ sitivo en el mundo rural. El re‐ sultado es el que denuncian los agricultor­es: más burocracia y la imposición de unos requisi‐ tos medioambie­ntales y de cali‐ dad muy estrictos, que incre‐ mentan los costes mientras los ingresos no crecen al mismo ritmo, afectados por las caída de las subvencion­es directas. Un dato: según los cálculos de Pérez Mesa, los subsidios de la PAC solo representa­ron el 1,3% de la producción final comer‐ cializada de frutas y hortalizas en España. "El sector hortofrutí‐ cola vive gracias al mercado", sentencia.

Y pese a todo, gana dinero La huerta española ha sabido explotar su ventaja comparati‐ va, basada en unas condicio‐ nes climáticas favorables, para convertirl­a en una ventaja com‐ petitiva, gracias a una tecnifica‐ ción cada vez más sofisticad­a y una mano de obra relativa‐ mente barata si se contrasta con la de nuestros principale­s socios. El resultado es que las exportacio­nes de frutas, horta‐ lizas y legumbres siguen cre‐ ciendo: el año pasado lo hicie‐ ron un 5,2%, hasta superar los 20.000 millones de euros de enero a noviembre, según el úl‐ timo Informe Mensual de Co‐ mercio Exterior, elaborado por el Ministerio de Economía.

La renta agraria también se dis‐ paró en 2023, un 11,1%, hasta rozar los 32.000 millones de eu‐ ros, gracias al récord histórico del valor de la producción mien‐ tras los costes se reducían. Son datos del Ministerio de Agricultur­a. Los desplomes de la energía y los fertilizan­tes, ambos en el entorno del 30%, resultaron claves, tras el enca‐ recimiento del año anterior co‐ mo consecuenc­ia de la guerra en Ucrania. Asimismo, el Go‐ bierno ha contribuid­o a esta re‐ cuperación en un entorno muy difícil, caracteriz­ado por la es‐ casez de lluvias. Pese a las quejas de los productore­s, que piden más apoyo, el Ejecutivo ya ha aprobado durante los últi‐ mos dos años generososo­s pa‐ quetes de ayudas para hacer frente a la crisis energética y a la sequía. !function(){"use strict";win‐ dow.addEventLi­stener("messa‐ ge",(function(a){if(void 0!==a.data["datawrappe­r-heig‐ ht"]){var e=document.querySe‐ lectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrappe­r-heig‐ ht"])for(var r=0;r

de las generales como una oportunida­d llovida del cielo y no han dejado de aprovechar­la. Parece poco verosímil que va‐ yan a bajar el ritmo según se acercan unas urnas en las que su líder será el cartel electoral. No bajarán el tono, irán a más. No relajarán la relación sádica que mantienen con Sánchez, apretarán y apretarán. Harán to‐ do lo posible para que la humi‐ llación a Sánchez sea más la‐ cerante y evidente. Lo harán porque cuanto mayor sea el es‐ cándalo infligido por el amo, menor parecerá ERC, más pe‐ queños que la insignific­ancia. Viendo los mítines que dirige a su público, Nogueras desde el atril parlamenta­rio… ¿Queda al‐ guien que se acuerde de Ru‐ fián?

Aragonès irá el jueves al Sena‐ do a defender la amnistía y el referéndum: "No vamos a dejar el debate en manos del PP"

Marcos Lamelas. Barcelona Así lo ha anunciado este martes en rueda de prensa la portavoz del Govern, Patrícia Plaja, que ha argumentad­o que el Ejecutivo catalán "no dejará nunca nin‐ gún espacio vacío" Puigdemont sabe que la posibi‐ lidad de lograr la amnistía que quería se ha vuelto muy compli‐ cada. Sabe que esto es así, no porque los socialista­s hayan dejado de tragar, sino porque la justicia y Europa han puesto pie en pared. Y sabe, además, que dejar caer esa medida antes de las urnas puede tener un coste electoral.

Sánchez sabe que su socio de investidur­a no puede aceptar el texto, como está, que no se conforma con la vergonzosa re‐ forma del código penal del deli‐ to de terrorismo. Y sabe que si no le da un incentivo suficiente‐ mente valioso, Puigdemont es capaz de asumir el coste por‐ que siempre podrá refugiarse en la pureza nacionalis­ta y el "a mí no me engañan como siem‐ pre hacen con ERC".

La próxima mano se jugará con esas cartas. Moncloa tiene que ofrecerle una salida suficiente‐ mente valiosa. No es nada fá‐ cil, aunque de todos es sabido que las líneas rojas fueron pin‐ tadas para que este gobierno las pudiese traspasar sin pes‐ tañear.

El Gobierno negocia unos pre‐ supuestos sin apenas margen para conceder más gasto públi‐ co

Javier Jorrín El crecimient­o económico se está frenando, la recaudació­n ha perdido dina‐ mismo y el Ejecutivo ya ha comprometi­do un paquete de incremento del gasto de 15.000 millones de euros

Más difícil será que los presu‐ puestos salgan adelante. Para los de Junts el combo de haber arrancado al gobierno una am‐ nistía más robusta de la que habría alcanzado nunca ERC, y de haberse llevado por delante nada menos que las cuentas de España, no es un mal meda‐ llero electoral. El incentivo ten‐ dría que ser descomunal.

Da la impresión de que el san‐ chismo al completo ha digerido ya como normal que España se quede sin cuentas y ponga en jaque los fondos europeos. Ahora nos lo tienen que vender. Mientras los dos jugadores si‐ guen, mano tras mano, pen‐ dientes nada más que de sí mismos, los comentaris­tas van contando suavemente que no pasa nada, que en el fondo to‐ do esto es lógico y hasta deseable. Y, de vez en cuando, nos sugieren que aplaudamos hasta rompernos las manos porque sea la felicidad de los contendien­tes. Eso es todo lo que importa.

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EFE

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