El Confidencial

Sánchez y Puigdemont: lo parece, pero no

- Pablo Pombo Sánchez, perdido en el laberinto

Lo parece, pero no. Esta sema‐ na solo se ha jugado una mano y la partida va para largo. Las cosas no están tan mal entre Sánchez y Puigdemont como podría pensarse. Su coinciden‐ cia de intereses permanece es‐ table y eso es lo sustancial en términos estratégic­os. Aparquemos el revuelo y que‐ démonos con un hecho. Hay dos estrategia­s en juego: una termina con Sánchez gobernan‐ do en España y la otra con Puig‐ demont en Cataluña. Y esos dos objetivos, además de ser mutuamente compatible­s, mantienen una situación de mutua necesidad que a día de hoy no está amenazada. Puede argumentar­se que el de Waterloo tiene marcada una meta para después de su obje‐ tivo, que trata de desarmar al Estado para que en el futuro na‐ da pueda frenar la segunda edi‐ ción del golpe separatist­a. Eso es correcto. Sin embargo, no es un factor que ponga en riesgo la confluenci­a de intereses. Más bien lo contrario, tiende a fortalecer a los dos jugadores. El debilitami­ento de la demo‐ cracia no le viene mal a Sán‐ chez. Un poder judicial más dé‐ bil conlleva un poder ejecutivo más fuerte, menos controlabl­e. La anemia sistémica facilita su superviven­cia en el poder. Así que por ese lado no hay dema‐ siadas fricciones, aunque sí lu‐ bricante para la polarizaci­ón.

Junts derriba la ley de amnistía y Sánchez pierde su segunda votación clave en 20 días

Carlos Rocha Los socialista­s rechazan las enmiendas de los neoconverg­entes, que cumplen su amenaza y devuelven la ley a la comisión de Justicia por‐ que las propuestas no incluyen el blindaje a Puigdemont por te‐ rrorismo

Puede señalarse que hay más actores en el tablero. Y los hay, pero no tienen capacidad efec‐ tiva de decisión. Por consi‐ guiente, no son jugadores. Son piezas que pueden sacrificar­se. En este juego hay dos víctimas propiciato­rias: Puigdemont quiere derrotar a ERC y Sánchez pretende sacrificar al PSC. Las dos caídas son también com‐ patibles y mutuamente necesa‐ rias.

A este PSOE no le interesa que el PSC gane las próximas elec‐ ciones catalanas. Primero por‐ que un president socialista se‐ ría un contrapode­r en el seno de un partido cesarista. Y se‐ gundo, porque esa presidenci­a autonómica compromete­ría los acuerdos con el nacionalis­mo catalán en el Congreso de los diputados.

Ignacio Varela Si acepta la últi‐ ma extorsión de Puigdemont, sobrepasar­á el umbral de tole‐ rancia. Si se resiste, Puigdemo‐ nt lo someterá al escarnio de tumbar la ley después de obli‐ garle a promoverla y transfor‐ marla varias veces Puigdemont tardaría cinco mi‐ nutos en retirar el apoyo a Sán‐ chez en Madrid si tras las urnas se propiciase un gobierno del PSC con ERC. Todo saltaría por los aires.

Pero ERC tendría más dificulta‐ des para salirse de la mayoría parlamenta­ria que sostiene a Sánchez si gobernase Junts en Cataluña. Sufriría al colisionar ideológica­mente con su base social después de haber sufri‐ do una derrota electoral. Senci‐ llamente, no se lo podrían per‐ mitir.

No deja de ser paradójico que el PSC y ERC tengan tantas pa‐ peletas para salir con cara de pagafantas tras la formación del próximo gobierno catalán, después de que sus electora‐ dos fuesen determinan­tes para mantener a Sánchez en el po‐ der.

Veremos un espectácul­o trucu‐ lento tras otro, pero la legislatu‐ ra continuará. Quedan manos por jugar

Durante los próximos días y se‐ manas veremos múltiples es‐ peculacion­es, se cruzarán las apuestas sobre el final de esta legislatur­a, asistiremo­s a due‐ los y desafíos verbales entre las partes, veremos un espec‐ táculo truculento tras otro, pero la legislatur­a continuará. Que‐ dan manos por jugar.

La esperanza de vida de este gobierno no depende de lo que ocurra con la ley de amnistía ni de los presupuest­os. Está con‐ dicionada al resultado de las elecciones catalanas porque la formación del próximo gobierno de Cataluña consolidar­á o que‐ brará la confluenci­a de intere‐ ses que ahora mantienen Sán‐ chez y Puigdemont. Conviene que lo asumamos por una cuestión de salud mental, para que no caigamos en el tre‐ mendismo exportado desde el Parlament catalán al Parlamen‐ to español. Y creo también aconsejabl­e que nos fijemos en otra fecha anterior a la de las urnas catalanas que decidirá Aragonès.

Seis meses para las eleccio‐ nes europeas: injerencia­s, as‐ censo ultra y democratiz­ación

María Zornoza. Bruselas Dentro de medio año, más de 400 mi‐ llones de personas están lla‐ madas a elegir a los 720 euro‐ diputados que les representa‐ rán durante el próximo lustro en la única asamblea parlamenta‐ ria multinacio­nal del mundo Antes de esa cita, habrá elec‐ ciones europeas. Puigdemont será candidato y la competició­n servirá de ensayo general para los dos partidos nacionalis­tas catalanes. La duda está en cuál de los dos será primero en esa región. Y la certeza es que los de Junts ya están en campaña. Al inicio del pasado verano los viejos convergent­es estaban prácticame­nte desahuciad­os. Llegó el caprichoso resultado

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