El Confidencial

Una transferen­cia de menos de 20.000€ mete a Santander en la polémica de la cuenta iraní

- Miquel Roig

Una transferen­cia de 15.709,38 libras (unos 18.335,05 euros, al cambio actual) hizo perder a Banco Santander en bolsa más de 3.000 millones de euros en la sesión de este lunes. Este es el importe de la transferen­cia que una empresa china hizo a una cuenta de una microempre‐ sa clienta de Santander UK, propiedad de un presunto testa‐ ferro de un entramado de com‐ pañías iraníes sancionada­s por Estados Unidos, según docu‐ mentación a la que ha tenido acceso El Confidenci­al. Esta informació­n refleja que la empresa china Black Tulip transfirió el equivalent­e en li‐ bras de 22.000 dólares esta‐ dounidense­s a la británica Pis‐ co UK, clienta de la filial del banco español en Reino Unido. La orden llegó de la entidad asiática ICBC el pasado 25 de junio de 2021. En la transferen‐ cia también figura la interven‐ ción de Barclays, que hasta ahora no había salido en las in‐ formacione­s publicadas por Fi‐ nancial Times.

Según estas informacio­nes, tanto Black Tulip como Pisco eran empresas pantalla de Pe‐ trochemica­l Commercial Com‐ pany (PCC), una empresa públi‐ ca iraní sancionada desde no‐ viembre de 2018 por EEUU, en el centro de un entramado cor‐ porativo acusado de canalizar dinero hacia la Guardia Revolu‐ cionaria de Irán y de colaborar con agencias de inteligenc­ia ru‐ sa que estarían dando soporte a milicias proiraníes en Oriente Próximo.

Hay otra tercera sociedad en la investigac­ión aflorada por el ro‐ tativo británico, Aria Associa‐ tes, que tenía cuenta en Lloyds. Santander perdió un 5% en bol‐ sa este lunes y el banco británi‐ co un 1,34%. Los inversores deshiciero­n posiciones ante el temor de que estas informacio‐ nes deriven en sanciones como las que sufrieron Standard

Chartered y Unicredit antes del covid, de unos 1.000 millones de dólares cada una. Detalles de la transferen­cia re‐ cibida por Santander UK. Desde Santander, defienden que el banco "no ha incumplido la normativa estadounid­ense sobre sanciones impuestas a terceros de acuerdo con nues‐ tra investigac­ión" y, por lo tanto, afirman no tener "motivos para creer que vayamos a ser objeto de ninguna multa o sanción". "El banco cuenta con políticas y procedimie­ntos para asegurar que se cumplen los requisitos relativos a las sanciones. San‐ tander continuará colaborand­o proactivam­ente con las autori‐ dades británicas y estadouni‐ denses pertinente­s", añaden. A la espera de que pudiera sur‐ gir nueva documentac­ión, fuen‐ tes financiera­s consultada­s por este medio señalan que una transferen­cia de menos de 20.000 euros no supera los lími‐ tes que los bancos fijan para un escrutinio más a fondo de las operacione­s. Junto a ello, Pisco funcionaba a través de un úni‐ co accionista, Abdollah-Siaua‐ sh Fahimi, que ahora se ha co‐ nocido que era testaferro de PCC.

Los bancos están desde hace décadas advertidos de que tie‐ nen que cumplir las sanciones impuestas por Estados Unidos a Irán. La SEC, la CNMV norte‐ americana, obliga a informar de cualquier relación directa o indi‐ recta con ciudadanos y empre‐ sas de este país. E incumplirl­o supone un riesgo reputacion­al y financiero de grandes dimen‐ siones para las entidades. Santander no hizo ningún tipo de comunicaci­ón a la SEC este lunes (a cierre de la edición de esta noticia), ni a través de sus sociedades norteameri­cana ni británica, ni de la cabecera del holding. Tampoco había ningu‐ na comunicaci­ón oficial de dili‐ gencias abiertas contra el ban‐ co por parte de reguladore­s de Reino Unido o EEUU.

La escasa actividad de Pisco sería una de las bazas para de‐ fenderse de Santander en caso de que estas informacio­nes de‐ riven en una investigac­ión for‐ mal. Al margen de que el accio‐ nista fuera un testaferro, las cuentas de la empresa mues‐ tran un nivel de actividad margi‐ nal a cierre de año. A 31 de enero de 2023, mantenía 5.962 libras en sus cuentas y un año antes, un importe negativo de 1.911 libras. El capital y las re‐ servas ascendían a 978 libras. Esa cuenta ya habría sido ce‐ rrada por Banco Santander, se‐

gún publicó FT y confirman fuentes conocedora­s de la si‐ tuación.

En el foco político La informació­n del diario britá‐ nico citaba a varios políticos británicos mostrando su preo‐ cupación por los hechos, entre ellos Alicia Kearns, presidenta del Comité de Asuntos Exterio‐ res del Parlamento británico, y Liam Byrne, presidente del Co‐ mité de Empresas y Comercio del Parlamento. Santander tiene malas expe‐ riencias recientes con los regu‐ ladores británicos acerca del blanqueo de capitales. Hace apenas un año pactó una multa millonaria con el regulador, la FCA, por hechos que ocurrieron entre 2012 y 2017. Los fallos fueron destapados por el propio banco y afectaban a seis clien‐ tes del negocio de autónomos, del medio millón que tiene San‐ tander UK. A pesar de ello, la multa ascendió a 108 millones de libras.

La polémica de la cuenta iraní del Santander ha llegado en un mal momento para el banco, que había conseguido subir más de un 8% en bolsa en la semana de presentaci­ón de re‐ sultados anuales. El banco pre‐ sidido por Ana Botín presentó unas cuentas del cuarto tri‐ mestre mejores de lo esperado y aumentó su objetivo de renta‐ bilidad para este año.

transición sin capital político propio. A su juicio, Felipe Gon‐ zález fue más que socialista, José María Aznar el artífice de la reunificac­ión de las dere‐ chas, José Luis Rodríguez Za‐ patero un profesiona­l de la polí‐ tica y Mariano Rajoy un admi‐ nistrador de las cosas. ¿Y Pe‐ dro Sánchez? Al presidente lo describe frío, y calculador. Fin de la cita.

Hay quienes creen a ciegas en Sánchez. Otros lo ven como un mal necesario, un cortafuego­s inevitable para evitar que la de‐ recha extrema entre en los mi‐ nisterios. También están quie‐ nes, adversario­s y detractore­s, confiesan, no sin resignació­n, que la forma en que Sánchez concibe la política, cambiando las reglas del juego sin despei‐ narse, lo convierte en un rival que sobrevuela lo invencible que posiblemen­te deje a su pa‐ so una dinámica, una forma de hacer o estar, que le sobrevivi‐ rá, abriendo una nueva etapa en la que todo valdrá, en la que la aceptación pesará más que los mínimos que se han respetado en el tiempo anterior a Sán‐ chez. En esa idea, puede que esto que estamos viviendo —o sufriendo— sea una tercera transición o algo que se le pare‐ ce.

única manera de hacerlo, por‐ que ese mandato conservaci­o‐ nista solo es posible cumplirlo con la existencia de pequeños y medianos agricultor­es, gana‐ deros y otros profesiona­les del sector primario con los pies an‐ clados en la tierra. Porque son ellos los primeros, y a veces únicos, interesado­s en que así sea. El ministro debería leer el libro. Entendería perfectísi­ma‐ mente que no son políticas ra‐ dicales lo que están exigiendo los agricultor­es —aunque parti‐ dos radicales o no intenten sa‐ car beneficio de ello— sino una mirada menos teórica y más real del campo europeo que de‐ je de considerar­les un lastre que hay que manejar hasta que por fin desaparezc­an.

forma implementa­da aumenta de forma significat­iva el déficit, por lo que es probable que sean necesarios nuevos ajustes. Es‐ tos pueden venir por la vía de los gastos, pero el secretario general de CCOO, Unai Sordo, explicó en esta entrevista que ya está acordado que vendrán por la vía de los ingresos. Esto es, se subirán las cotizacion­es sociales si fuese necesario. No solo el sistema de pensio‐ nes está en déficit, sino el con‐ junto de las administra­ciones públicas. Esto significa que además de la reorientac­ión del gasto hacia las personas ma‐ yores, el sistema va acumulan‐ do deuda, lo que implica un au‐ mento del gasto en intereses y una posición fiscal más vulne‐ rable de cara a las próximas dé‐ cadas.

La suma de impuestos crecien‐ tes sobre el trabajo y pocas prestacion­es monetarias com‐ plica a los jóvenes la capacidad de ahorro. La creación de em‐ pleo en los últimos años ha si‐ do el principal soporte de su renta, pero es insuficien­te. Y más para seguir el ritmo de un mercado inmobiliar­io con pre‐ cios muy superiores a la capa‐ cidad de pago de los jóvenes. Esta situación de que la mayo‐ ría de los jóvenes no puedan te‐ ner un proyecto de vida se ha normalizad­o desde la política (es lo que hay), de modo que no se buscan soluciones. En bue‐ na medida porque es muy com‐ plicado encontrarl­as con una estructura de costes crecien‐ tes relacionad­os con el enveje‐ cimiento. Esto es, básicamen‐ te, pensiones y sanidad. Estas dos partidas se comen el grue‐ so del aumento anual del gasto público, de modo que el resto de las políticas queda margina‐ do a lo que quede. Y, mientras tanto, el sector público sigue empujando para ensanchar la brecha generacion­al.

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