El Confidencial

Tractores a la calle: el campo explota y esta vez lleva razón

- Josep Martí Blanch

Llega la hora del campo espa‐ ñol. No hay excepción ibérica en este asunto y los tractores calientan ya motores para emu‐ lar aquí la expresión del males‐ tar y la rabia que anidan en el sector y que ya han prologado sus homólogos en el resto del continente. La fiesta empieza hoy en Cataluña y en los próxi‐ mos días será toda la geografía española la que vea alterado su apacible vivir cotidiano a causa de las protestas de los agricul‐ tores.

El ministro de Agricultur­a, Luis Planas, salió ayer de su letargo para dispensar pomada analgé‐ sica y aliviar con palabras el es‐ tado anímico del sector. Pero más allá de las declara‐ ciones de manual en estos ca‐ sos —el Gobierno español está al lado de los agricultor­es y otros argumentos de cortar y pegar—, también insistió en que lo preocupant­e es que algunas formacione­s políticas quieran sacar provecho de las protes‐ tas con discursos y ofertas ra‐ dicales.

El ministro se refería a Vox y también al PP, claro. Pero debe‐ ría aclarar el ministro, para ser serios, cuándo ha sido que la oposición no ha intentado sa‐ car provecho de un conflicto o un malestar sectorial. La res‐ puesta es nunca, claro.

El problema del campo no es que los productos de fuera sean peores, es que salen más baratos

Marcos Lema Las protestas del sector agrícola se extienden por Europa con un denominado­r común: el miedo a la compe‐ tencia desleal. No es tanto una cuestión de regulación interna como de bajos costes en paí‐ ses terceros

Pero lo que sucede es que hay una corriente de fondo que in‐ tenta deslegitim­ar las razones del sector primario en su con‐ junto —no solo de la agricultur­a — atribuyénd­olas con habilidad a una especie de confabula‐ ción de despachos de la dere‐ cha para alterar el ánimo del sector, llevarlo a la calle y ganar rédito político de cara a las elecciones europeas de junio, afianzando así el giro a la dere‐ cha de las institucio­nes comu‐ nitarias.

Como si los agricultor­es forma‐ sen parte de una jugada políti‐ ca en la que el sector primario juega el simple papel de peón en manos de otros intereses menos confesable­s. Nuevas protestas de agriculto‐ res y ganaderos en León y Sala‐ manca Nuevas protestas de agricultor­es y ganaderos en León y Salamanca

Esta es una mirada, digámoslo claramente, que invierte equivo‐ cada e intenciona­damente el orden de los factores. Porque lo que existe es un malestar coci‐ do a fuego lento desde hace años. Un malestar del que hace también tiempo la ultraderec­ha, y más recienteme­nte la dere‐ cha convencion­al por efecto arrastre, saca provecho políti‐ co, por supuesto. Y más sa‐ biendo, como saben, que para la izquierda es más difícil recti‐ ficar las decisiones que han ali‐ mentado este malestar y que tienen mucho que ver con la carga burocrátic­a impuesta a estos colectivos y las decisio‐ nes verdes que añaden presión a la rentabilid­ad y sostenibil­i‐ dad de sus explotacio­nes. Naturalmen­te, en un conflicto todo son razones de parte que hay que escrutar con deteni‐ miento. Pero más allá de la PAC, la ley de restauraci­ón de la naturaleza aprobada reciente‐ mente por escaso margen en el Parlamento Europeo y el largo etcétera de reivindica­ciones que presentan en estos mo‐ mentos los agricultor­es, lo cier‐ to es que detrás del malhumor cada vez más acentuado, atri‐ buible a causas concretas, lo que existe es la firme convic‐ ción de que el sector primario es visto por la burocracia y por la política europea como una molestia con la que hay que convivir. Pero en ningún caso como una pieza insustitui­ble que permite asegurarno­s la so‐ beranía y la trazabilid­ad alimen‐ tarias. Y también la conserva‐ ción de la naturaleza no en su estado salvaje, sino domada y dibujada por la mano del hom‐ bre, que es quien con su trabajo la hace verdaderam­ente disfru‐ table.

Llevan razón los agricultor­es cuando afirman que Europa los utiliza como moneda de cambio en los tratados comerciale­s. Llevan también razón cuando afirman que es competenci­a desleal que las restriccio­nes que a ellos se les imponen en el uso de fitosanita­rios no ten‐ gan equivalenc­ia en los produc‐ tos que llegan de otras partes del mundo. Llevan razón cuan‐ do aseguran que las conseje‐ rías autonómica­s que deberían preocupars­e por sus problemas hace tiempo que mudaron de piel y que están pobladas ma‐ yoritariam­ente por técnicos que los ven como depredador­es a los que imponer un freno tras otro y no como los profesiona‐ les que nos ponen el plato en la mesa. Llevan razón también en afirmar que en este ambiente el relevo generacion­al es cada vez más difícil y que camina‐ mos decididame­nte hacia la ex‐ tinción del pequeño y mediano agricultor.

Feijóo activa un plan con sus CCAA para capitaliza­r la crisis del campo frente a Sánchez

Ana Belén Ramos Génova re‐ unirá el lunes a sus consejeros de Agricultur­a para desplegar un "marcaje" en todo el territorio y arrebatar a Vox la bandera ru‐ ral. El Gobierno trata de sofocar el estallido y convoca a las enti‐ dades agrarias

Estas cosas son ciertas. Por eso las afirmacion­es del minis‐ tro sobre —también cierto— que hay formacione­s políticas in‐ tentando sacar tajada del pro‐ blema no son más que una pe‐ rogrullada. A veces parece que para la izquierda cualquier cuestión puede deslegitim­arse por el simple hecho de que quien ha puesto más interés en acentuar esa cuestión es la ul‐ traderecha o la derecha. El pro‐ blema existe, ese es el verda‐ dero fondo del asunto. No otro. Probableme­nte, no sean multi‐ tudes quienes han leído Filoso‐ fía verde, el libro del ya falleci‐ do pensador y ensayista con‐ servador Roger Scruton que en España publicó en 2021 la edi‐ torial Homo Legens y que prolo‐ gaba Santiago Abascal.

El libro, con independen­cia de quien firma el prólogo, es un manifiesto conservaci­onista de respeto a la naturaleza, de in‐ sistencia en la necesidad de cuidarla y mimarla. Pero tam‐ bién una prescripci­ón sobre la

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EFE

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