El Confidencial

Ni agua ni vergüenza, la estafa a Cataluña

- Javier Caraballo

La palabra sequía no está en los acuerdos. Cero. Debería ser la prueba definitiva de la estafa independen­tista a Cataluña, el ejemplo último de la malversa‐ ción política de ese personal. Convencido­s, simpatizan­tes e indecisos del independen­tismo catalán solo tienen que revisar los documentos y las declara‐ ciones sobre lo que han exigido para garantizar a Pedro Sán‐ chez una nueva investidur­a co‐ mo presidente del Gobierno. Ya verán que la palabra sequía no aparece por ninguna parte. En seis meses de exigencias, ni una sola mención a la sequía. Cuando repasen esos docu‐ mentos, verán que en lo que sí han pensado ha sido en ellos, en evadir las causas judiciales que tienen pendientes. Es la única exigencia de cumplimien‐ to inmediato, la ley de amnistía, sin demora alguna, porque es lo que les importa, su propia su‐ pervivenci­a como grupo de po‐ der. Ni agua ni vergüenza. Igual que la falta de agua des‐ cubre en el fondo de los panta‐ nos aldeas que quedaron inun‐ dadas hace decenas de años, igual que la torre de una iglesia emerge de las aguas, como los restos de una ciudad fantasma, así debería contemplar­se ahora el independen­tismo. Así debe‐ rían contemplar­lo los catalanes que siguen sosteniend­o esa enorme trola que los ha llevado a pensar que la causa de todos sus males y la esperanza de to‐ dos sus anhelos están en rom‐ per con España, que les roba desde la invasión inventada que celebran cada 11 de sep‐ tiembre.

El independen­tismo siempre propone un debate analfabeto en lo cultural e ignaro en lo eco‐ nómico, porque se inventa el pasado y oculta el declive del presente, pero las situacione­s de crisis como la que estamos viviendo con la sequía deben servir para abrir los ojos. No hay ni un solo aspecto de la gestión de un Gobierno, sea la materia que sea, en que Cataluña no ofrezca un declive constante y sostenido en la última década. Educación, Sanidad, economía, obras públicas… Todo va a peor, como se temía, y con el paso de los años se puede refrendar con datos concretos. La mejor explicació­n del porqué de este deterioro la tenemos, como queda dicho, en estos acuer‐ dos recientes, los exigidos a Pedro Sánchez.

En los 14 folios del documento que firmaron el ministro Félix Bolaños y Oriol Junqueras, ade‐ más de la palabrería habitual de implementa­ciones y desdobla‐ miento de género, se detallan algunas inversione­s y transfe‐ rencias exigidas al Estado, pero nada que tenga que ver con el abastecimi­ento de agua. Se re‐ cordará el interés de los inde‐ pendentist­as de Esquerra por el traspaso de los trenes de Cer‐ canías de Cataluña, los Roda‐ lies, pero también se incluyeron otros acuerdos concretos, des‐ de la financiaci­ón de los Mos‐ sos d'Esquadra hasta una co‐ misión para analizar el estado de los inmuebles de Cataluña que son propiedad del Estado, pasando por la mejora de los servicios penitencia­rios. Pero de sequía, nada.

Ganaderos y agricultor­es explo‐ tan por la sequía: "El turismo gasta más agua que nosotros"

Claudia Sacristán. Barcelona El sector primario se rebela contra las restriccio­nes de la Generali‐ tat por la sequía y asegura que el uso para regadíos solo supo‐ ne el 2% del total. Muchos se han adelantado a este escena‐ rio y buscado recursos propios

Es lo mismo que ocurre con los

acuerdos de Junts. Por supues‐ to que en el primer texto, el que firmó el PSOE en Bélgica, no aparece nada relacionad­o con la sequía, pero más elocuente es lo sucedido en aquel primer pleno del año en el Congreso de los Diputados, en el que el Gru‐ po Socialista, para no perder la votación, aceptó negociar so‐ bre la hora la transferen­cia de las políticas de inmigració­n. La portavoz de Junts en el Congre‐ so, Míriam Nogueras, con ese rostro de mala leche que pare‐ ce cincelado, le hizo ver a Pe‐ dro Sánchez que iban en serio cuando le advirtiero­n de que le pasarían factura en cada vota‐ ción y se acordó, para exprimir‐ lo, hasta del impuesto del acei‐ te de oliva. Pero no del agua ni de la sequía.

Ni siquiera en las cifras de la supuesta deuda del Estado con Cataluña se menciona el déficit de las infraestru­cturas hidráuli‐ cas. Y dado que se trata de cantidades inventadas, ya se podría haber redactado un pá‐ rrafo relacionad­o con la sequía. Pero no. Tampoco. Con el ma‐ yor desparpajo, han pasado de decir, en 2012, que la deuda del Estado con Cataluña es de 16.000 millones de euros a ele‐ varla hasta los 450.000 millo‐ nes, y no se les ha ocurrido mencionar ni una sola obra re‐ lacionada con el abastecimi­en‐ to de agua.

Gobierno y Generalita­t pactan llevar agua a Barcelona desde Sagunto Gobierno y Generalita­t pactan llevar agua a Barcelona desde Sagunto

De todas formas, en este últi‐ mo aspecto, para entender el silencio del independen­tismo tenemos que remontarno­s a la última vez que se habló en Es‐ paña de sequía, hace 20 años, y al boicot al Plan Hidrológic­o del año 2002, que ya había aprobado la Unión Europea para apoyar su financiaci­ón, y cuyas obras habían comenzado a eje‐ cutarse. Es muy interesant­e, al respecto, uno de los capítulos del tercer tomo de memorias del expresiden­te de la Generali‐ tat

Jordi Pujol, cuando analiza lo ocurrido entonces. En

Memò‐ ries. De la bonança a un repte nou (Memorias. De la bonanza a un reto nuevo), Jordi Pujol ad‐ mite, al cabo de los años, que aquel Plan Hidrológic­o hubiera sido muy beneficios­o para las comunidade­s más azotadas por periodos de sequía, como Cataluña, y que las obras pre‐ vistas “podrían, no solo resolver definitiva­mente el problema del agua en las cuencas internas de Cataluña, sino también dar un empujón al desarrollo de las Tierras del Ebro”. Ocurrió, como es sabido, que cuando el plan comenzó a eje‐ cutarse —reiteremos que con‐ taba con el respaldo de la Unión Europea, tan garantista siempre con la protección del medio ambiente—, estallaron las pro‐ testas y comenzó un nuevo ci‐ clo electoral en España, que culminó con la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero, que ordenó la paralizaci­ón inmedia‐ ta de las obras. “No supimos calibrar la reacción contraria que el plan provocaría, grandes protestas, algunas con un pun‐ to de violencia (…) No fue un error técnico. Fue un error políti‐ co y psicológic­o, pero continúo pensando que podía haber sido beneficios­o para todos”, dice Pujol.

También José María Aznar, que impulsó el plan en su última le‐ gislatura, se ha acordado estos días de la polémica monumen‐ tal y ha señalado directamen­te a quien le sucedió en la Mon‐ cloa: “Si tiene que acordarse de alguien, es de Zapatero”. En fin… Ahora que ya no queda agua, ahora que las cosechas de Girona se han perdido en su mayoría, como en Lleida; ahora que en el área metropolit­ana de Barcelona, con sus más de cin‐ co millones de personas, em‐ piezan a valorar la importanci­a de cada litro de agua que llega al grifo; es ahora cuando, de nuevo, la estafa del indepen‐ dentismo se ofrece ante todos así, ruinosa y desvergonz­ada como es.

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