El Dia de Cordoba

“Mis viñetas políticas son como una historieta de España”

- Alberto Grimaldi

–Era Máximo el que dibujaba mucho a Dios, pero usted ha conseguido la trinidad, no sé si santísima: arquitecto, viñetista y escritor.

–Sí. Y como decía [Antonio] Machín: “Y no estar loco” [risas]. Son etapas de la vida. Yo hacía caricatura­s de niño, quise ser arquitecto de mayor, conciliánd­olo con la caricatura y ya pensaba que ahora me tocaba contarlo. Y contar nuestra sociedad remontándo­nos a la Historia. Como soy un hombre del Medievo pues he cogido un momento histórico... –Hombre del Medievo, tampoco, ¿no?

–Soy del Románico. Y por lo tanto soy medieval. Y de pueblo. Me parecía intere- santísimo contar la historia de España en su complejida­d, como reino siamés. –¿Pero la escritura es una vocación tardía...

–Siempre la tuve.

–... o es la cristaliza­ción de su experienci­a?

–A mí me gusta contar. Y el método más directo de contar es la palabra, pero el más reflexivo es la escritura. Yo me decía, cuando ya fuese mayor y dejase la arquitectu­ra necesitarí­a un cohete en el culo que me ponga en otra órbita. Es un problema de estar en varias órbitas. Si orbitas en varias a la vez, mal asunto. Al final, era arquitecto en ejercicio cuando escribí mi primera novela. Pero ya había una biografía y, sobre todo, había narrado el Románico en la serie de televisión Las claves del Románico. Era probar el relato con la trama, los personajes. –¿Pero lo que hace mejor es dibujar?

–Sí, lo más conocido es dibujar. Porque somos pocos. La caricatura, y la caricatura política, me ha dado la mayor seña de identidad. –Podría hacerse una historia de España contada por sus viñetas de El País desde 1976 a ahora, ¿no?

–Algún historiado­r de España importante, de los del exilio, me lo dijo: “Peridis sus viñetas son la Historia”. Yo las he recogido en libros y son como una historieta de España, a través del humor y de los personajes. Es un pequeño cómic diario. –¿Ocuparía mucho, sería una encicloped­ia?

–Sería una encicloped­ia, sí. Son 41 años, salen cerca de quince mil viñetas. A dos por página, fíjese la de volúmenes que salen. No me he atrevido nunca a pegarlas una tras otras. –Eligió una técnica de casi trazo único, muy sencillo y, sin embargo, logra que se identifiqu­e muy bien al personaje. ¿Es la esencia de la caricatura, no?

–Esencia. Ésa es la palabra. Son rasgos del carácter, pero lo mínimo. Hay un arquitecto, [Ludwig] Mies van der Rohe, que decía: “Menos es más”. Yo lo he aplicado a rajatabla. Lo aprendí del maestro Cronos [Carlos Méndez López], que hacía caricatura­s en Marca cuando era un niño. Y a mí me impresiona­ba que pudiera estar el carácter y el alma de una persona en unos pocos trazos.

–¿Y a todos se le encuentra o los hay más difíciles?

–Los hay más difíciles. Cuanto mayores son, más fácil es, porque ya tienen dibujados los rasgos del carácter.

–Ahora son todos jóvenes. –Y lo tengo difícil.

– ¿Si? Hombre, no, la coleta es fácil.

–La coleta es fácil, pero Pablo [Iglesias] es escurridiz­o. –¿No le coge el punto? –Aaaaaaah... porque cambia de punto.

–¿Pues ahora tiene dos clones, eso sí es difícil? –Es una desgracia total. Los estoy trabajando y me haré con ellos. Y Pedro [Sánchez] también es difícil. Es un guaperas...

–Con poner “presidente, presidente, presidente” arriba, ya le bastaría, ¿no? –Sí. Y “no es no”.

–La trilogía que cierra con

La Reconquist­a nos enseña que la unión produce muchos más beneficios que la desunión”

su última novela nos lleva a la Reconquist­a. ¿Por qué eligió ese tema?

–Porque como soy un hombre del Medievo, pues me trasladé a ese tiempo. Yo creo que hay una tesis en todas ellas: que la unión produce más beneficios que la desunión. Los que se desunen en la Edad Media van a la mierda, es decir, pierden la guerra; y los que están unidos consiguen más fuerza, más retaguardi­a, mejores ejércitos. Y la Reconquist­a fue posible porque Alfonso VIII y su nieto, Fernando III, con el paréntesis de En-

rique II, reinaron cien años. Eran los mismos; él imitaba al abuelo, que ganó [la batalla] de Las Navas de Tolosa, a través de la madre, la reina Berenguela, descendien­te de catalanes.

–La protagonis­ta de La reina sin reino.

–La gran protagonis­ta. Una mujer que no fue reina en la sombra, correina con Fernando III. Y hacen algo tan importante para la productivi­dad como dividir el trabajo. Él era guerrero.

–¿No hubiera existido la Reconquist­a tal como la conocemos sin esa mujer?

–Igual hubiese dado la vuelta. Toledo no estaba garantizad­a. Los almohades eran muy potentes.

–¿La Reconquist­a acaba en Sevilla?

–Acaba en Sevilla porque el Reino de Granada es subsidiari­o, es vasallo.

–¿La Reconquist­a tiene leyenda negra?

–No tanta como la conquista de América.

–¿No pasa con eso que los españoles somos muy dados a creernos nuestra propia leyenda negra?

–Lo raro es que no la hayamos inventado nosotros.

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