“El úl­ti­mo mis­te­rio que hay en la tie­rra es el hom­bre”

La au­to­ra ma­dri­le­ña fir­ma­rá es­te vier­nes ejem­pla­res de ‘Tú no ma­ta­rás’, una no­ve­la so­bre leal­tad, amis­tad, ven­gan­za, cul­pa y se­cre­tos

El Dia de Cordoba - - Cultura Y Ocio - Án­ge­la Alba CÓR­DO­BA

Julia Na­va­rro (Ma­drid, 1953) lle­ga es­te vier­nes a la Fe­ria del Li­bro con su úl­ti­ma no­ve­la, Tú no ma­ta­rás (Pla­za & Ja­nés), en la que el hi­jo de un re­pu­bli­cano re­pre­sa­lia­do de­ci­de huir de la Es­pa­ña de la pos­gue­rra jun­to a dos ami­gos. La cul­pa, la ven­gan­za, la con­cien­cia, la amis­tad, la leal­tad y los se­cre­tos son al­gu­nos de los ele­men­tos so­bre los que gi­ra es­ta his­to­ria. La au­to­ra, que ayer pre­sen­tó su obra en la Librería Lu­que, es­ta­rá dis­po­ni­ble es­te vier­nes en la Fe­ria del Li­bro pa­ra fir­mar ejem­pla­res a par­tir de las 13:00.

–En Tú no ma­ta­rás na­rra una his­to­ria de hui­da por la su­per­vi­ven­cia en tiem­pos de la pos­gue­rra. ¿Por qué se ha cen­tra­do en es­te te­ma y es­te pe­rio­do his­tó­ri­co? –Yo no es­cri­bo no­ve­la his­tó­ri­ca, sino no­ve­las de per­so­na­je. Lo que me in­tere­sa es in­da­gar so­bre la na­tu­ra­le­za del ser hu­mano. Creo que el úl­ti­mo mis­te­rio que hay en la tie­rra es el hom­bre. En to­das mis no­ve­las lo que tra­to es de via­jar a lo más re­cón­di­to del ser hu­mano. Es­ta no­ve­la tra­ta so­bre el pe­so de la con­cien­cia. No es que ha­ya ele­gi­do una épo­ca; la his­to­ria vie­ne co­mo vie­ne. Es de­cir, tú vas ima­gi­nan­do qué quie­res con­tar y a par­tir de ahí em­pie­za a ve­nir to­do lo de­más: los per­so­na­jes, el mo­men­to...

–¿Es en pe­rio­dos de cri­sis co­mo la pos­gue­rra don­de qui­zás se vea me­jor la par­te más hu­ma­na y a la vez la más vil del hom­bre? –Eso des­gra­cia­da­men­te se ve to­dos los días, no ha­ce fal­ta ir a mo­men­tos ex­traor­di­na­rios pa­ra ver cuál es la ver­da­de­ra na­tu­ra­le­za del ser hu­mano. To­dos los días ve­mos que hay gen­te ex­tra­or­di­na­ria y gen­te que lo es mucho me­nos que no­so­tros mis­mos, que es­ta­mos lle­nos de cla­ros­cu­ros. –¿Có­mo es la re­la­ción en­tre el pro­ta­go­nis­ta, Fer­nan­do, y su pa­dre, un re­pu­bli­cano re­pre­sa­lia­do? –Esa re­la­ción en­tre pa­dre e hi­jo es la que va a mar­car to­da la his­to­ria. Esa fra­se que le di­ce a su hi­jo en los pri­me­ros días de la Gue­rra Ci­vil por­que no quie­re que su hi­jo, que es muy jo­ven, va­ya al fren­te, es el hi­lo con­duc­tor de la no­ve­la: “Tú no ma­ta­rás por­que nin­gún hom­bre pue­de vol­ver a ser el mis­mo si le qui­ta la vi­da a otro”. Esas pa­la­bras van a pe­sar so­bre la con­cien­cia de su hi­jo has­ta el fi­nal. Es una his­to­ria de la bús­que­da de un lu­gar me­jor, de hui­da, de de­s­es­pe­ran­za. En de­fi­ni­ti­va, es una his­to­ria so­bre el pe­so de la con­cien­cia. –Ha ele­gi­do pa­ra el pro­ta­go­nis­ta un ofi­cio com­pli­ca­do, el de edi­tor, pa­ra la épo­ca en la que le ha to­ca­do vi­vir.

–El pro­ble­ma vie­ne por­que per­te­ne­cía a una fa­mi­lia re­pu­bli­ca­na. En esa épo­ca las po­si­bi­li­da­des so­cia­les y la­bo­ra­les de to­do aquel que es­ta­ba en el ban­do per­de­dor eran mí­ni­mas. Es de­cir, el fran­quis­mo lo su­frió to­do el mun­do. Los años 40 fue­ron años de re­pre­sión, de fu­si­la­mien­tos, años ab­so­lu­ta­men­te trá­gi­cos don­de se con­ti­nuó el ho­rror y la tra­ge­dia de la Gue­rra Ci­vil. Fer­nan­do es una per­so­na que

Pa­ra mí ca­da no­ve­la es una aven­tu­ra nue­va, en ca­da no­ve­la me la jue­go, de for­ma que no doy na­da por he­cho”

quie­re ser co­mo su pa­dre, lo ad­mi­ra so­bre to­das las co­sas.

–¿Qué la­zos tie­ne con los dos ami­gos que lo acom­pa­ñan en su hui­da?

–Es­ta es una his­to­ria don­de la leal­tad y la amis­tad es­tán pre­sen­tes. Esa es otra de las ca­rac­te­rís­ti­cas de Tú no ma­ta­rás. Son tres per­so­nas muy di­fe­ren­tes, pe­ro la

Es­ta es una his­to­ria de bús­que­da de un lu­gar me­jor, de hui­da; una his­to­ria so­bre el pe­so de la con­cien­cia”

acep­ta­ción del otro tal y co­mo es la ba­se de esa amis­tad. Nin­guno in­ten­ta que el ami­go cam­bie. –Es­tos tres ami­gos pa­san por la Ale­jan­dría de la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial y por el Pa­rís ocu­pa­do. Al fi­nal re­gre­san a otras zo­nas de con­flic­to...

–Era el pa­no­ra­ma que ha­bía en Eu­ro­pa en esos años. El con­ti­nen­te es­ta­ba aso­la­do por la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial y no ha­bía ma­ne­ra de es­ca­par. Ale­jan­dría en ese mo­men­to era un pe­que­ño fo­co don­de la gen­te se re­fu­gia­ba y tam­bién ha­bía otros lu­ga­res. La exis­ten­cia de los eu­ro­peos en los años 40 y 50 es­ta­ba te­ñi­da por la tra­ge­dia de la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial.

–¿Han in­flui­do tan­to sus co­no­ci­mien­tos pe­rio­dís­ti­cos co­mo sus re­cuer­dos fa­mi­lia­res a la ho­ra de plan­tear es­te es­ce­na­rio de pos­gue­rra?

–In­sis­to, yo es­cri­bo so­bre per­so­na­jes, no no­ve­las de his­to­ria. El es­ce­na­rio no es un es­ce­na­rio pe­rio­dís­ti­co ni tie­ne na­da que ver con el pe­rio­dis­mo. Esos co­no­ci­mien­tos no tie­nen nin­gu­na re­la­ción. Otra co­sa es si mi ma­ne­ra de es­cri­bir es­tá in­fluen­cia­da por el ejer­ci­cio de tan­tí­si­mos años en el pe­rio­dis­mo. Eso sin du­da por­que la pe­rio­dis­ta que fui se re­fle­ja en to­do lo que ha­go y lo que es­cri­bo. To­dos te­ne­mos co­no­ci­mien­tos de la his­to­ria y la his­to­ria es la que es. Y en ab­so­lu­to hay re­cuer­do fa­mi­liar. A mis abue­los, por una cues­tión cro­no­ló­gi­ca, les to­có vi­vir la gue­rra y la pos­gue­rra, pe­ro yo no es­toy con­tan­do en es­ta no­ve­la la his­to­ria de mi fa­mi­lia ni de mis abue­los. Es­toy con­tan­do una his­to­ria que tie­ne un ob­je­ti­vo muy con­cre­to, que es ha­blar so­bre la na­tu­ra­le­za hu­ma­na, so­bre el pe­so de la con­cien­cia.

–Has­ta la fe­cha, ca­da uno de sus li­bros ha lo­gra­do en­gan­char a mi­llo­nes de per­so­nas a pe­sar de que a al­gu­nos lec­to­res les pue­da asus­tar el nú­me­ro de pá­gi­nas que tie­nen. ¿Có­mo lo ha­ce? –Has­ta aho­ra he te­ni­do la suer­te de que los lec­to­res me han acom­pa­ña­do le­yen­do mis no­ve­las. Pe­ro es­to no sig­ni­fi­ca que ten­ga ga­ran­ti­za­do que va­ya a ser así siem­pre. Pa­ra mí ca­da no­ve­la es una aven­tu­ra nue­va, en ca­da no­ve­la me la jue­go, par­to de ce­ro, de ma­ne­ra que no doy na­da por he­cho. Y des­de lue­go no hay fór­mu­las má­gi­cas pa­ra que los li­bros se lean. –¿Có­mo va la pre­pa­ra­ción de Di­me quién soy a se­rie de te­le­vi­sión?

–Los ac­to­res y el di­rec­tor ya es­tán con­tra­ta­dos. Me fal­ta por leer los úl­ti­mos guio­nes. A fi­na­les de ma­yo se em­pe­za­rá a ro­dar.

–¿Qué su­po­ne pa­ra un au­tor que su li­bro tras­cien­da el pa­pel y lle­gue a la pan­ta­lla?

–Es una sen­sa­ción agri­dul­ce, ¿sa­bes? Me he pe­lea­do mucho con los guio­nis­tas, pa­ra mí no ha si­do un pro­ce­so fá­cil. Es muy com­pli­ca­do tras­pa­sar al len­gua­je te­le­vi­si­vo el len­gua­je li­te­ra­rio por­que su­po­ne cam­bios.

JUAN MANUEL FER­NÁN­DEZ

La es­cri­to­ra Julia Na­va­rro (Ma­drid, 1953).

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