UN PAR­TI­DO VI­VO

El Dia de Cordoba - - Opinión - JO­SÉ JOA­QUÍN LEÓN

EL Vier­nes de Do­lo­res co­mien­za la cam­pa­ña de las elec­cio­nes ge­ne­ra­les. Con la Se­ma­na San­ta por me­dio, con la gen­te dis­traí­da, el re­sul­ta­do se de­ci­di­rá en los úl­ti­mos mi­nu­tos. El par­ti­do elec­to­ral es­tá vi­vo, en una de esas fa­ses que no gus­tan a los en­tre­na­do­res, con ata­ques y con­tra­ta­ques, en los que siem­pre pier­de el más ton­to, di­go el que co­me­te más erro­res. Na­die tie­ne ga­na­do el par­ti­do del 28 de abril, aun­que Sán­chez par­te con ven­ta­ja. Las en­cues­tas de los úl­ti­mos días apun­tan que vol­ve­mos a los clá­si­cos: el tí­tu­lo de la Mon­cloa se lo jue­gan el PSOE y el PP. Los equi­pos re­ve­la­ción se es­tán des­in­flan­do.

Pe­dro Sán­chez sa­be que se ju­ga­rá la vic­to­ria en los vo­tos del cen­troiz­quier­da y el cen­tro. Él mis­mo di­jo en la en­tre­vis­ta que pu­de ocu­rrir lo mis­mo del 2-D en An­da­lu­cía. Por eso ha lan­za­do re­quie­bros a Ciu­da­da­nos des­pués de que Al­bert Ri­ve­ra le die­ra ca­la­ba­zas. Sue­na un po­co tea­tral. Pe­ro el PSOE bus­ca esa cen­tra­li­dad que da y qui­ta los tí­tu­los de La Mon­cloa. Se­gún los ex­per­tos, les ha ayu­da­do la fo­to de la pla­za de Co­lón, don­de Al­bert Ri­ve­ra apa­re­ció re­la­ti­va­men­te cer­ca de los chi­cos de Vox.

Ciu­da­da­nos de­be es­for­zar­se en los úl­ti­mos días pa­ra con­ven­cer al elec­to­ra­do de cen­troiz­quier­da, al su­sa­nis­mo, a los he­re­de­ros del fe­li­pis­mo, a los que no gus­ta Sán­chez. Tam­bién es­tá ba­jan­do Ciu­da

El tí­tu­lo de la Mon­cloa se lo van a ju­gar el PSOE y el PP. Los equi­pos re­ve­la­ción se es­tán des­in­flan­do

da­nos por el otro la­do, por­que el PP in­sis­te en la teo­ría del vo­to útil, que pue­de ser de­ci­si­vo. La ca­pa­ci­dad de Pa­blo Ca­sa­do pa­ra re­cu­pe­rar el vo­to per­di­do es la cla­ve del PP. Las en­cues­tas apun­tan que es una ten­den­cia en al­za, pe­ro len­ta to­da­vía. ¿Con­se­gui­rá atraer el vo­to per­di­do en los úl­ti­mos días? Es otra gran in­cóg­ni­ta de es­tas elec­cio­nes.

Uni­das Po­de­mos, que iba muy a la ba­ja, in­ten­ta fre­nar el des­tro­zo des­vian­do el fo­co de la aten­ción a las cloa­cas del Es­ta­do. El vic­ti­mis­mo les sien­ta bien. El gran in­con­ve­nien­te de Pa­blo Igle­sias es que el vo­to útil de la iz­quier­da es­tá más con­so­li­da­do que el de la de­re­cha, por lo que se­rá ra­ro que evi­te el des­ca­la­bro. In­ten­ta­rá di­si­mu­lar su­mán­do­se al ca­rro de la in­ves­ti­du­ra, co­mo so­cio pre­fe­ren­te, ya que la ma­yo­ría ab­so­lu­ta de Pe­dro Sán­chez es in­via­ble. Pa­blo Igle­sias ha vi­vi­do del si­len­cio en los úl­ti­mos me­ses, la mis­ma estrategia que Vox. Am­bos par­tían de la idea de que ca­lla­dos es­ta­ban me­jor, así no se equi­vo­ca­ban. En el par­ti­do de Abas­cal em­pe­zó a ha­blar Or­te­ga Smith y le ha sa­li­do el ti­ro por la cu­la­ta.

En las tres pró­xi­mas se­ma­nas ha­brá bu­lli­cios y si­len­cios, ju­ga­das y ju­ga­rre­tas de úl­ti­ma ho­ra, emo­ción has­ta el sus­pi­ro fi­nal. Su­birá al ata­que has­ta el por­te­ro. Cui­da­do con los fa­llos. Ahí se lo van a ju­gar.

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