JU­BI­LA­DOS

El Dia de Cordoba - - Córdoba - LA GLO­RIA DE SAN AGUS­TÍN

AHO­RA que nos acer­ca­mos a las elec­cio­nes, a las del Go­bierno de España y a las del Ayun­ta­mien­to, los po­lí­ti­cos se har­tan de de­cir­nos las co­sas que van a ha­cer si ga­nan las elec­cio­nes, y que lue­go nor­mal­men­te no ha­cen o ha­cen a me­dias o ha­cen lo con­tra­rio, que tam­bién sue­le su­ce­der, que no nos va­mos a ex­tra­ñar aho­ra de

eso. Pues co­mo iba di­cien­do, los par­ti­dos es­tán aho­ra en­fras­ca­dos pro­me­tien­do to­do el día lo que van y no van a ha­cer, que a al­gu­nos se les va un po­qui­to la ca­be­za y di­cen, por ejem­plo, que van a crear no sé cuán­tos mi­les pues­tos de tra­ba­jo y cuan­do lle­ga la ver­dad te suel­tan que eso era una ma­ne­ra de ha­blar, que no se pue­den ha­cer tan­tos. Y eso lo he­mos vis­to y no ha­ce tan­to, ha­ce dos días co­mo el que di­ce.

El otro día me sor­pren­dió mi ami­go Cayetano di­cien­do que él iba a vo­tar pa­ra el Ayun­ta­mien­to el que di­je­se que ha­ría un cen­tro de par­ti­ci­pa­ción ac­ti­va en el ba­rrio y yo me lo que­dé mi­ran­do muy ra­ro, se­gún me di­jo, que pa­ra mí era co­mo si es­tu­vie­ra ha­blan­do en chino. Has­ta que me di­jo que esos cen­tros son los ho­ga­res del pen­sio­nis­ta de to­da la vi­da, pe­ro que aho­ra tie­nen más co­sas, co­mo or­de­na­do­res y yo­ga, que es una co­sa muy ra­ra que ha­ce la gen­te pa­ra es­tar en paz o ese di­ce una ve­ci­na, y yo no me ter­mino de creer que se pue­da es­tar en paz con esas pos­tu­ras tan for­za­das que te tie­nen que de­jar la columna la­dea­da.

La ver­dad es que me sor­pren­dió mi ami­go, y yo le di­je que no lo en­ten­día, que esos eran si­tios pa­ra vie­jos, y que a no­so­tros nos que­da­ban to­da­vía unos años, y que pa­ra ju­gar al do­mi­nó y bai­lar pa­so­do­bles no ha­cía fal­ta que se gas­ta­sen el di­ne­ro en uno de esos cen­tros con nom­bres tan su­ma­men­te ra­ros, que cual­quier bar, o con lo pla­za del ba­rrio nos bas­ta­ba. Me res­pon­dió Cayetano que era un bru­to y un an­ti­cua­do y que vi­si­ta­se al­guno, que su pri­ma le ha­bía co­men­ta­do y eso era una co­sa de ca­te­go­ría, que ya lle­van unos años fun­cio­nan­do y la mar de bien.

En fin, que co­mo nun­ca he es­ta­do, me­jor ca­llar­se, que pa­ra me­ter la pa­ta siem­pre hay tiem­po y va­ya que mi ami­go lle­ve ra­zón, que tam­po­co me ex­tra­ña­ría. Pue­de que yo les ten­ga ma­nía por­que lo re­la­ciono con años, ya sa­ben us­te­des, y nin­guno que­re­mos lle­gar a viejo, aun­que lle­gar a viejo sea lo me­jor que te pue­de pa­sar en la vi­da, que va­ya con­tra­dic­ción más ra­ra en la que vi­vi­mos. Pues na­da, que me in­for­ma­ré y ya les cuen­to.

Nin­guno que­re­mos lle­gar a viejo, aun­que sea lo me­jor que te pue­de pa­sar en la vi­da

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