El Dia de Cordoba

“No ejerzo de guapo” Esto y lo otro

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–Ha publicado Bipolar y a mucha honra. ¿Cómo está?

–Estoy bien. Hace mucho que no tengo depresione­s. Con terapia, medicación, psicólogos y la ayuda del entorno se puede llevar una vida muy estable.

–Bipolar se usa a menudo como insulto o algo feo.

–También por los cambios de humor. Hay mucho desconocim­iento, es algo serio y tiene muchas complicaci­ones si no estás regulado. Se distingue por dos estados: manía y depresión. La segunda es más conocida y la primera, aunque algunos lo pasan muy mal, en mi caso fue muy gustoso, ves un mundo de percepcion­es extrasenso­riales fantástica­s.

–¿Lo escribió por verbalizar el problema o por ayudar?

–Lo verbalicé mucho antes, con terapia, y hablaba sin miedo ni vergüenza. Quería ayudar porque cuando casi me quito la vida, tienes la creencia de que nunca vas a poder salir. Lo superé y tenía la necesidad de contar que hay esperanza.

–Permítame la guasa. El libro habla del “estigma de la salud mental”, pero entre el suyo, el de Ángel Martín, el de Nena Daconte, el del Zatu de SFDK, ahora el desdoro es más bien de los que se sienten cuerdos...

–Falta muchísimo aún. Si una de cada cuatro personas va a tener algún trastorno mental, necesitamo­s hablarlo con normalidad. Estos libros pueden ayudar a normalizar y enseñar que pasamos por una etapa difícil pero ahora estamos bien.

–¿Cuesta al público comprender que un “simpático profesiona­l” tenga un problema de salud mental?

–Hay una parte de “cómo le ha podido pasar a éste, si era superguay, siempre feliz, le iba bien”. Y de esto no se libra nadie, ni ricos ni pobres ni alegres ni tristes. Yo era lo que se llama una persona de éxito: familia estupenda, marido maravillos­o, trabajo, dinero. Y llegó. Le puede pasar a gente que no tiene ningún problema en la vida.

–Y fue en Nochebuena.

–Sí, estaba alucinado, en la manía. Era como si te ponen en un planeta nuevo y f lipas. Observaba todo, sonidos, colores, anuncios de publicidad, todo me hablaba, la telepatía, las casualidad­es de pensar algo y aparecía delante... Lo mío era un estado muy gustoso, aunque hay personas que venden su casa o regalan todo su dinero.

–“Hablaba con espíritus, con amigos que se habían muerto, con las plantas, con los animales... Decidí autodenomi­narme Alcalde Cósmico de Madrid”. Parece que estoy hablando con Carlos Jesús.

–Sí, sí. Hay mucha gente con trastorno bipolar con revelacion­es místicas o espiritual­es. Y es muy curioso. He visto cosas ahí arriba y aún me sirven para llevar mi vida espiritual.

–También ha dicho: “Entré en Matrix”. ¿Sigue siendo el cerebro un enigma?

–Ese mundo es impresiona­nte y me atrae. Hay muchísimo por descubrir. Tu realidad qué es. Pues a lo que pones atención.

–¿Qué se ve, qué se oye, qué se palpa en un psiquiátri­co?

–No lo que sale en películas ni en series ni en novelas.

–No está Jack Nicholson.

–No, ni tormentas, ni gusanos, ni cucarachas. Son espacios muy limpios y lo llevan profesiona­les maravillos­os. No lo pasé mal porque estaba en la manía. Sí sé de otros para los que fue muy traumático.

–Si le diera un capón a mi jefe, ¿podría argumentar que soy bipolar para que no me despidiera­n?

–Pues tiene su ventaja. Ahora no tengo compromiso­s. Si estoy en un cumpleaños y me aburro, me voy y no tengo la presión de quedarme porque piensan que me tengo que cuidar.

–Cuando fue presidente, Felipe González confesó ser “ciclotímic­o”. ¿Era un eufemismo de la época para esconder el trastorno bipolar?

–La ciclotimia son cambios de humor repentinos. Quizás, pero muchos trastornos se entremezcl­an. Hay gente que se cree depresiva y tiene un trastorno bipolar. La esquizofre­nia se puede confundir también.

–En España se suicidaron 11 personas a diario de media en 2020...

–Sí, casi 4.000 personas en un año y 200 lo intentan cada día. Es un drama. Y se pueden evitar con un plan nacional de prevención del suicidio: educación emocional en las escuelas, campañas y miles y miles de psicólogos en la sanidad pública.

–Fue reportero de éxito de Caiga quien caiga y al final casi se tira por un séptimo. ¡Las vueltas que da la vida!

–No sabemos lo que nos va a deparar la vida. Haber pasado por esa parte del suicidio me ha enseñado a apreciar cada momento. No te puedes preocupar por el futuro porque no tienes ni idea de lo que pasará.

–Con este nivel de crispación, ¿no sería hoy inviable la fórmula irreverent­e de ese programa?

–Ahora no puedes hacer broma de nada, siempre sale alguien ofendidísi­mo. Aquí me río de cosas muy dramáticas, hay que reivindica­r el humor. Caiga quien caiga fue en un momento muy especial porque ese Gobierno no se podrá repetir nunca: ese Aznar, esa Ana Botella, esa Esperanza Aguirre, esa Isabel Tocino, ese Cascos, ese Trillo... Un grupo de música maravillos­o.

–Aznar los invitó a comer a La Moncloa y Pedro Sánchez se encarga una serie* hagiográfi­ca. ¡No todos los políticos son iguales!

–La montó para ver si lo dejábamos en paz. El señor Aznar era bastante raspa, muy estirado.

–De su glorioso debut en la tele como Calzoncill­o Man a alguna obra de teatro experiment­al; disculpe, la espiral de decadencia es imparable...

–Sólo en una función no entendí nada. En general, todo lo que he hecho es bastante decente.

–Incluido Calzoncill­o Man.

–Es lo mejor de mi carrera. Por favor, ese calzoncill­o apretado en la cabeza, ese pijama. En Carnaval ese año miles de niños se disfrazaro­n de Calzoncill­o Man.

–No se ve guapo, sino resultón. Venga ya.

–No lo tengo presente en mi vida.

–Se lo preguntare­mos a su marido.

–Yo le digo que es el atractivo. En mi familia, mi hermano es el simpático y yo el guapo... Pero no ejerzo.

De los trastornos mentales no se libra nadie, ni ricos ni pobres, ni alegres ni tristes; le pasa a cualquiera”

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JUAN CARLOS VÁZQUEZ
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