Lars Re­bien SO­REN­SEN

Di­ri­ge la com­pa­ñía que sur­te de in­su­li­na a la ma­yo­ría de los dia­bé­ti­cos es­pa­ño­les

El Economista - Sanidad - - ENTREVISTA - ALBERTO VI­GA­RIO

“Ha­brá eu­ro­peos con ac­ce­so a los úl­ti­mos fár­ma­cos y otros sin él”

Con se­de en Di­na­mar­ca, la farmacéuti­ca Novo Nor­disk em­plea a apro­xi­ma­da­men­te 26.000 per­so­nas en 80 paí­ses, y co­mer­cia­li­za sus pro­duc­tos en 179 paí­ses. Las ac­cio­nes de cla­se B de Novo Nor­disk co­ti­zan en las bol­sas de Co­pen­ha­gue y Lon­dres. El actual pre­si­den­te y di­rec­tor ge­ne­ral eje­cu­ti­vo de la com­pa­ñía es Lars Re­bien So­ren­sen, que se unió al gru­po en 1982. Tras 18 años en la com­pa­ñía, con pues­tos en Orien­te Me­dio y Es­ta­dos Uni­dos, So­ren­sen fue nom­bra­do CEO en no­viem­bre del año 2000. Ac­tual­men­te, el di­rec­tor ge­ne­ral de Novo Nor­disk es tam­bién miem­bro de la jun­ta di­rec­ti­va del Ban­co Na­cio­nal de Di­na­mar­ca y del con­se­jo de ad­mi­nis­tra­ción de Ber­tels­mann AG en Ale­ma­nia.

Novo Nor­disk es una de las com­pa­ñías que más han cre­ci­do en los úl­ti­mos años. ¿Se­gui­rá es­ta ten­den­cia en los pró­xi­mos?

Es cier­to. So­mos la com­pa­ñía que más rá­pi­da­men­te ha cre­ci­do. Los nú­me­ros han me­jo­ra­do por­que los pa­cien­tes han au­men­ta­do. Aho­ra es­ta­mos en un pe­rio­do com­ple­jo. Es­ta­dos Uni­dos es el país que ha es­ta­do pa­gan­do la innovación has­ta aho­ra. El mer­ca­do eu­ro­peo es­tá su­frien­do el im­pac­to de las re­for­mas sa­ni­ta­rias, con ta­sas e im­pues­tos muy al­tos, y es ca­da vez más di­fí­cil de­di­car di­ne­ro a la in­ves­ti­ga­ción y la innovación.

¿El pro­ble­ma es­tá, por tan­to, en Eu­ro­pa?

La pre­sión se da en la in­dus­tria farmacéuti­ca eu­ro­pea, en Es­ta­dos Uni­dos no la su­fren. Sa­can pro­duc­tos y se los fi­nan­cian al mo­men­to. En Eu­ro­pa es un re­to con­ven­cer a las au­to­ri­da­des sa­ni­ta­rias de que es ne­ce­sa­rio in­cor­po­rar in­no­va­cio­nes en nues­tra cam­po de la dia­be­tes por su pre­cio. Y ca­da vez son me­nos los pa­cien­tes que pue­den pa­gar­se nue­vos me­di­ca­men­tos.

¿Hay pro­ble­mas pa­ra que una innovación eu­ro­pea ac­ce­da al mer­ca­do es­ta­dou­ni­den­se?

Lo que es­tá ha­cien­do Es­ta­dos Uni­dos en los úl­ti­mos años es fre­nar la en­tra­da de pro­duc­tos in­no­va­do­res pro­ce­den­tes de Eu­ro­pa, con el ob­je­ti­vo de fa­vo­re­cer a su in­dus­tria farmacéuti­ca. Se­ría bueno te­ner só­lo una agen­cia re­gu­la­do­ra en to­do el mun­do.

Su com­pa­ñía lle­va 90 años en es­te ne­go­cio. ¿Có­mo se con­si­gue ha­cer­lo?

Sí, jus­to es­ta año se cum­plen 90 años de la pri­me­ra per­so­na tra­ta­da con una in­su­li­na de Novo Nor­disk. Aho­ra hay 20 mi­llo­nes de per­so­nas con­su­mien­do in­su­li­na y si de­ja­ran de ha­cer­lo mo­ri­rían. Nues­tros clien­tes son los pa­cien­tes, no las au­to­ri­da­des.

¿Sien­do una com­pa­ñía con tan bue­nos nú­me­ros hay po­si­bi­li­dad de que les com­pren?

La pro­pie­dad de Novo Nor­disk es de una fun­da­ción, que no pue­de ven­der sus ac­cio­nes. Así ase­gu­ra­mos que no nos van a com­prar.

Al­gu­nos paí­ses en vías de desa­rro­llo re­cla­man que el pre­cio de las in­no­va­cio­nes de­be­rían ser me­no­res. ¿Qué opi­na?

¿Po­ner pre­cios más ba­ra­tos? No pue­do ba­jar un 20 por cien­to el pre­cio de una innovación en un país de­ter­mi­na­do, por­que otros paí­ses ven­drán a com­prar­las pa­ra ven­dér­se­las a ter­ce­ros. Ese pro­ble­ma lo he­mos te­ni­do, por ejem­plo, en Ke­nia. Allí ven­de­mos fár­ma­cos al Go­bierno a un pre­cio muy re­du­ci­do. El Go­bierno los dis­tri­bu­ye a los hos­pi­ta­les y se da el ca­so de que al­gu­nas far­ma­cias se los com­pran a los hos­pi­ta­les y los ven­den a un pre­cio mu­cho más ele­va­do. El pro­ble­ma es que mu­chos go­ber­nan­tes ha­cen pro­me­sas a la po­bla­ción y lue­go tie­ne que ve­nir la in­dus­tria farmacéuti­ca a re­sol­ver­los.

¿Cuál es la si­tua­ción en Eu­ro­pa res­pec­to a la apro­ba­ción y fi­nan­cia­ción de los nue­vos me­di­ca­men­tos?

Hay de­ter­mi­na­dos paí­ses que si­guen apos­tan­do por in­ver­tir en la innovación en me­di­ca­men­tos y otros que no. Es­to va a ha­cer que al­gu­nos ciu­da­da­nos eu­ro­peos ten­gan ac­ce­so a los úl­ti­mos avan­ces y otros que no lo ten­gan. Con la in­su­li­na, que afec­ta a mu­cha gen­te, se ve cla­ro. Ha­brá eu­ro­peos que pue­da usar la in­su­li­na de úl­ti­ma ge­ne­ra­ción y otros que no. La in­su­li­na oral, por ejem­plo, cree­mos que lle­ga­rá en los pró­xi­mos años. Se­rá nues­tra pró­xi­ma innovación y cal­cu­la­mos que es­ta­rá en el mer­ca­do en un pla­zo de seis u ocho años. Ve­re­mos qué pa­sa en­ton­ces.

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Pre­si­den­te mun­dial de la farmacéuti­ca da­ne­sa Novo Nor­disk

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Lars Re­bien So­ren­sen.

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