Una ex­po­si­ción ex­ce­si­va a la ra­dia­ción

El Economista - Sanidad - - SALUD LABORAL -

En nues­tro me­dio, la in­ci­den­cia se si­túa en torno a diez ca­sos nuevos por ca­da 100.000 ha­bi­tan­tes y año. Las cifras de­pen­den de la in­ten­si­dad de la ra­dia­ción so­lar en las di­fe­ren­tes zo­nas geo­grá­fi­cas del pla­ne­ta así como del fo­to­ti­po de piel pre­do­mi­nan­te en la po­bla­ción y el pa­trón de ex­po­si­ción so­lar ha­bi­tual. Si hay al­go ca­te­gó­ri­ca­men­te cier­to es que la ex­po­si­ción ex­ce­si­va a ra­dia­ción ul­tra­vio­le­ta se aso­cia con un ma­yor ries­go de me­la­no­ma.

Los ra­yos de Sol con­sis­ten en dos ti­pos de ra­yos ul­tra­vio­le­ta, UV, que afec­tan a la piel de ma­ne­ra di­fe­ren­te. Los ra­yos UVB, afec­tan a la ca­pa más su­pe­rior de la piel y son los que pue­den pro­du­cir las que­ma­du­ras su­per­fi­cia­les. Los ra­yos UVA pe­ne­tran en ca­pas más pro­fun­das y son res­pon­sa­bles del au­men­to de pro­duc­ción de me­la­ni­na; el pig­men­to res­pon­sa­ble del bron­cea­do.

La ve­lo­ci­dad a la que se for­ma la me­la­ni­na de­pen­de de ca­da in­di­vi­duo y de la es­ti­mu­la­ción so­lar que re­ci­be la piel. Hay que te­ner en cuen­ta que una ex­po­si­ción pro­lon­ga­da no sig­ni­fi­ca­rá una ma­yor ge­ne­ra­ción de me­la­ni­na.

Lo cier­to es que no to­dos nos po­ne­mos igual de mo­re­nos, por mu­cho que que­ra­mos. El or­ga­nis­mo tie­ne una ca­pa­ci­dad má­xi­ma de ge­ne­ra­ción de me­la­ni­na y un ex­ce­so de es­ti­mu­la­ción so­lar só­lo ge­ne­ra­rá que­ma­du­ras y gra­ves da­ños en la piel.

Ade­más, la me­la­ni­na no lle­ga a la epi­der­mis en un so­lo día. Po­de­mos de­cir que du­ran­te los pri­me­ros días la piel aún no pue­de de­fen­der­se y en­tra en cri­sis, con que­ma­du­ras y

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