Bus­car nue­vos hi­tos y re­tos en un ho­ri­zon­te de in­cer­ti­dum­bre

El Economista - Sanidad - - SANIDAD EDITORIAL 3 EL ALTA LA BAJA -

En es­tos días, tan­to a ni­vel per­so­nal co­mo profesiona­l, sue­le ser cos­tum­bre ha­cer ba­lan­ce del año que se ha aca­ba­do para ver cuá­les son las prio­ri­da­des del nue­vo cur­so que se abre. Sin em­bar­go, no to­dos los sec­to­res pue­den ha­cer­lo con la mis­ma li­ber­tad y el sa­ni­ta­rio es uno de los que tie­ne las ma­nos ata­das. Es­ta­mos ha­blan­do de un sec­tor hi­per­re­gu­la­do que ne­ce­si­ta de la im­pli­ca­ción de la Ad­mi­nis­tra­ción para desen­vol­ver­se y desa­rro­llar­se. El pro­ble­ma es que a ni­vel po­lí­ti­co el año em­pie­za co­mo aca­bó el an­te­rior: su­mi­do en la in­cer­ti­dum­bre. Y no tan­to por la in­ves­ti­du­ra, que po­drá sa­lir o no, sino por lo im­por­tan­te, que no es otra co­sa que go­ber­nar. ¿Ha­brá pre­su­pues­tos? ¿Se po­drán abor­dar las re­for­mar le­gis­la­ti­vas que tan­to ne­ce­si­ta el sec­tor o se se­gui­rá al am­pa­ro de los ca­pri­chos de un Real De­cre­to-ley? ¿Du­ra­rá el Go­bierno que ter­mi­ne am­pa­ran­do el Con­gre­so de los Dipu­tados más de un año? To­das es­tas du­das y mu­chas otras las­tran el po­der pro­duc­ti­vo de un sec­tor que, por otro la­do, no para de apor­tar a la ri­que­za del país.

Es­te desa­so­sie­go po­lí­ti­co pro­vo­ca, en­tre otras co­sas, que si­tua­cio­nes co­mo la ob­so­les­cen­cia tec­no­ló­gi­ca de nues­tros hos­pi­ta­les es­té en má­xi­mos. Uno de los me­jo­res sis­te­mas sa­ni­ta­rios del mundo es­tá en­ve­je­ci­do y a nadie pa­re­ce preo­cu­par­le. La so­lu­ción es­tá en un plan a cua­tro años -sí, era lo que du­ra­ban las le­gis­la­tu­ras- de in­ver­sión que pa­lie una si­tua­ción que ya asus­ta. En tér­mi­nos de sa­lud es­ta­mos ha­blan­do de no po­der brin­dar­le a un ciu­da­dano la so­lu­ción a sus pro­ble­mas, pe­ro es que ade­más, en tér­mi­nos eco­nó­mi­cos, es­ta­mos per­dien­do di­ne­ro. No hay na­da más ca­ro que abor­dar una en­fer­me­dad en fa­ses avan­za­das y eso es lo que ya se es­tá pro­vo­can­do con ma­qui­na­ria tan an­ti­gua que com­pa­ra­da con la ac­tual no da ni la ho­ra.

Tam­bién hay bue­nas noticias para mu­chas com­pa­ñías. Ca­si to­das se es­con­den en la bol­sa, don­de la la­bor de un Go­bierno no in­flu­ye para que las de­ci­sio­nes que se to­man a ni­vel pri­va­do sean aplau­di­das en los par­qués. Pe­ro tam­bién la in­no­va­ción te­ra­péu­ti­ca si­gue avan­zan­do a pasos agi­gan­ta­dos. Ca­sos co­mo el de Phar­mamar, Ab­bvie o Jans­sen, por ci­tar al­gu­nos, demuestran que la no­ve­da­des en los tra­ta­mien­tos no se de­tie­nen. Eso sí, en Es­pa­ña ha­ce fal­ta un Go­bierno con de­ci­sión para apro­bar­los y que no se que­den so­lo para el dis­fru­te del resto de europeos. To­ca cru­zar los de­dos y tra­ba­jar en la es­fe­ra que nos de­jen.

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