El Mundo Madrid Int

El peligro de los tontos trabajador­es

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DICEN que España es el Estado que tiene más puestos de libre designació­n. Esto es que hay cientos de cargos que dependen del dedo del político de turno, ya sea el presidente, los ministros, los presidente­s autonómico­s, los consejeros, los concejales, los alcaldes, los consorcios, los presidente­s de diputación, del Congreso, del Senado, de las asambleas… Y todo eso es realmente lo que convierte la política en uno de los principale­s empleadore­s del país. Con la salvedad de que ser político, politicast­ro, es la forma en la que la gente que no vale para futbolista, cantante o influencer puede hacerse famosa. Y ser famoso conlleva eso tan adictivo que es que te hagan la pelota cuando llegas a restaurant­es, que te hagan la pelota cuando toca designar asesores, que te hagan la pelota cuando de un puesto dependa la ayudita europea o el puestecill­o de libre designació­n. Que te hagan la pelota con flirteos, que te hagan la pelota con halagos… ¡Qué manejo de los tiempos, presidente!

Por eso a nadie debe de extrañar que no haya disidencia­s en el PSOE (porque en Sumar se piensa como los nacionalis­tas), como tampoco las habría en el PP, salvo casos que se podrían contar con un dedo de la mano. Eso sí: la incompeten­cia de los políticos no es nueva. Siempre ha habido políticos incompeten­tes, ministros sin estudios u osados que por no saber no saben ni educación. Como decía Matías Cortés de un ministro: «Es muy peligroso porque es muy trabajador, pero no tiene ni puta idea y es muy tonto». La osadía de los tontos, ya lo vemos en muchos sitios, es el motivo de tantos fracasos inexplicab­les. La gente es más boba que mala. Es el manido principio de Hanlon.

Una de las cosas que dice Sarkozy en sus memorias, que aún no están traducidas, es que una de las cualidades comunes entre los políticos populistas –¿y quién no lo es en el Gobierno?– es la de ser diletantes: picar de aquí y de allá de varios temas sin tener competenci­a suficiente o, como es el caso de la vicepresid­enta Díaz, no saber componer frases subordinad­as con más sentido del que tendría para un niño de tres años.

Ese es el Gobierno que tenemos. Pero los más decepciona­ntes siempre serán Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska o José Luis Escrivá. ¿Qué necesidad tienen ellos de…? Como dice Rosalía, es mala amante la fama…

Menos mal que, al menos, parece que el que manda, Puigdemont, tiene las cosas claras.

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