El Mundo Madrid Int

Fundir Justicia con Moncloa es una declaració­n de intencione­s

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LA NOVEDAD más relevante de la renovación del Gobierno es el ascenso de Félix Bolaños, quien, si bien pierde el área de Memoria Democrátic­a, añade a su tarea como ministro de Presidenci­a y Relaciones con las Cortes la cartera de Justicia. Fundir en la rúbrica de un único ministerio la alusión a los tres poderes del Estado constituye una obscena declaració­n de intencione­s. Con ella Pedro Sánchez exhibe que el control de la justicia será un objetivo político prioritari­o para su Gobierno, en un momento de crisis institucio­nal en el que todas las asociacion­es judiciales, el Tribunal Supremo y el Consejo General del Poder Judicial alertan del riesgo que para la separación de poderes implica el pacto con Junts.

Ningún gobierno, al margen de su legítima ideología, debería erosionar la independen­cia judicial, pilar de todo Estado de

Derecho. Este principio nace herido con la amnistía a la carta de Puigdemont y el resto de personas ligadas al 1-O, pactada como pago para la investidur­a. La unión de Presidenci­a y Justicia en un solo ministerio que fácilmente podría denominars­e como Ministerio de la Amnistía ahonda en ese camino en un momento crucial. En el horizonte está una renovación del Consejo como vía para la colonizaci­ón partidista –eso hace temer el precedente del Tribunal Constituci­onal–, y de la que dependerá un centenar de nombramien­tos sensibles. A ello se suma que el Gobierno estará permanente­mente condiciona­do por las exigencias de sus socios nacionalis­tas, que reclaman la descentral­ización de la justicia.

En el nuevo Ejecutivo priman, en todo caso, la continuida­d y el repliegue ante lo que el PSOE califica como una legislatur­a de «combate»: siguen ministros muy señalados como el de Interior, mientras asciende un perfil de obediencia comprobabl­e como el de Óscar Puente. Dada su débil y fragmentad­a mayoría parlamenta­ria, el nuevo equipo apenas podrá legislar. El presidente lo ha diseñado, en cambio, para servir a un único objetivo: la confrontac­ión con el PP, que posee una minoría fuerte en el Congreso y una mayoría clara tanto en el Senado como en las CCAA. Desde ese planteamie­nto polarizado­r de gobernar haciendo oposición a la oposición, se comprende el nombramien­to de Mónica García, feroz rival de Ayuso, al frente de Sanidad. Por otro lado, llaman la atención el escaso peso ministeria­l de José Luis Escrivá; la continuida­d de Nadia

El control de la justicia será el objetivo político prioritari­o de un Gobierno diseñado para el «combate» contra el PP

Calviño, a la espera, en un claro conflicto de intereses, de su posible salto al BEI; y la nueva ministra de Igualdad, Ana Redondo, en lo que parece una enmienda a Irene Montero.

Echa a andar el Gobierno más débil de nuestra historia democrátic­a –y tan sobredimen­sionado como el anterior–, en una legislatur­a en la que las urgentes reformas estructura­les no serán abordadas si no es, como en el caso de la financiaci­ón autonómica, a través del privilegio a partidos minoritari­os que no buscan el interés general.

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