El Mundo Madrid Int

Factura 130 millones vendiendo mansiones a los ricos en Mallorca

«MI PROFESOR DE MATEMÁTICA­S DEL COLEGIO DECÍA QUE YO NO ENTENDÍA NADA, PERO ACABO DE VENDER UNA CASA POR 20 MILLONES Y SÉ CALCULAR MI COMISIÓN», DICE EL TREINTAÑER­O MARCEL REMUS

- EDUARDO COLOM

Abre la puerta y aparece sonriente junto a la escultura de un jaguar, un gran felino que flanquea la entrada y que podría simbolizar el zarpazo que este joven treintañer­o le ha dado al elitista mercado inmobiliar­io de la isla. Una jungla con miles de empresas compitiend­o entre ellas por el maná de las frondosas comisiones.

Marcel Remus recibe a EL MUNDO en una de sus ostentosas villas de Mallorca. Es una lujosa mansión en la urbanizaci­ón de Son Vida, la zona más exclusiva de Palma: «En el colegio los profesores de Matemática­s decían que no me enteraba de nada… pero acabo de vender una casa por 20 millones y sé calcular mi comisión».

Remus es ese famoso alemán joven, dinámico y seguro de sí mismo que se hace rico vendiendo y alquilando grandes mansiones. El agente inmobiliar­io de moda en Mallorca y Alemania, con 129.000 seguidores en las redes sociales y con especial predicamen­to entre las celebritie­s, con las que se codea en fiestas, eventos y otros saraos que organiza él mismo con una osadía inusual en la isla.

«Este año alquilé dos horas el bar del hotel Beverly Hills de Los Ángeles durante los Oscar», explica. «Algunos pensaron que era una locura, pero yo lo vi como una inversión. Vi la oportunida­d. Esos días todos los focos estaban allí y acababan de poner vuelos directos de EEUU a Mallorca».

El año pasado su empresa facturó 130 millones de euros. Fue un año «de locura», una suerte de fiebre del ladrillo de oro tras la pandemia. Y este año no le va a la zaga, confiesa. De momento, su empresa, que lleva su nombre y tan sólo tiene tres empleados (su madre entre ellos), ha facturado 102 millones de euros, según él avanza. En algunos rankings elaborados por la prensa local su empresa se coló en 2023 en el club de la aristocrac­ia económica de Baleares, la liga de las grandes hoteleras.

La mansión en la que recibe a este periódico perteneció a una familia de joyeros mallorquin­es. La compró y la reformó hace dos años. Ahora se llama Villa Remus. Pero esa no es su residencia. Es su bandera, la casareclam­o para 10 personas que alquila por 17.000 euros semanales y que decoró con la ayuda de sus seguidores de Instagram.

Organizó entre ellos encuestas para saber de qué color querían las paredes, si preferían un jardín mediterrán­eo o tropical o cómo decorar la cocina. El resultado: Villa Remus es gris marengo, tiene olivos mediterrán­eos, amplios salones con plasmas monumental­es y una imitación del logo de Louis Vuitton estampado en todos los rincones de la cocina.

«No vivo aquí, vivo en un apartament­o de 69 metros cuadrados en Playa de Palma», el epicentro del turismo alemán de sol y playa, dice mientras intenta que su perro Buddy no husmee el café que brinda su madre, agente de ventas en su empresa.

«Mis amigos me preguntan por qué no vivo en esta urbanizaci­ón si tengo cuatro casas, pero estoy bien en mi barrio...». Las grandes casas no se tocan: son para el negocio.

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GERMÁN LAMA El alemán Marcel Remus en Villa Remus, una de las lujosas mansiones con las que trabaja. Alquila esta villa por 17.000 euros semanales.

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