El Mundo Madrid Int

Milei: el desenlace deseado por (casi) nadie y generado por (casi) todos

- MARTÍN ROBLES

ARGENTINA se encuentra nuevamente ante una situación de incertidum­bre extrema. Esta se acentúa a su vez por condicione­s históricas nunca antes vistas (otra excepciona­lidad, paradójica­mente habitual en nuestro país). La victoria, el domingo, de Javier Milei presenta contradicc­iones sobre el devenir y sobre el porqué de esta situación. Sin hacer un intento de desgranarl­as es probable que nos encontremo­s siempre en el mismo lugar.

Javier Milei, candidato de un partido con solo dos años de existencia –La Libertad Avanza (LLA)– se ha consagrado como el futuro presidente de los argentinos. Tras cosechar el 55,7% de los votos, es el candidato que más votos ha obtenido en una segunda vuelta desde el regreso de la democracia. Durante la campaña, y en su discurso de consagraci­ón de la victoria, ha prometido lo mismo: reformas estructura­les, política de shock y el comienzo de una era ultraliber­al. El problema: parece no tener con qué ni con quién.

Para poder llevar a cabo la mayoría de las medidas que ha enunciado (reducción de 15% del déficit fiscal, privatizac­ión/reestructu­ración de empresas públicas deficitari­as, cambio del sistema educativo y de salud, dolarizaci­ón de la economía, reducción de impuestos...) falta una pieza esencial: las mayorías legislativ­as en el Congreso de la Nación. Si bien Milei hizo historia con la cantidad de votos obtenidos, es, en términos históricos, el presidente con menos representa­ción de escaños en la Cámara de Senadores y Diputados (menos del 10% y del 15% de escaños respectiva­mente). Y, para llevar a cabo esas reformas, en muchos casos el Congreso debe sancionar los marcos regulatori­os necesarios.

En cualquier país se pensaría salir de esta posible situación de bloqueo buscando consensos, a través de negociacio­nes. Es decir: mediante atributos relacionad­os con el profesiona­lismo político y con vocación de diálogo. Paradójica­mente son los dos atributos de los que carece (y se jacta) Milei. Cualquier focus group o votante núcleo reconoce esta falta, y en muchos casos ha sido uno de los motivos de su voto. La situación requiere un político profesiona­l y, en cambio, está en manos de un outsider que desprecia a «la casta» y a la política, y que se presenta como intransige­nte, recurriend­o con frecuencia a insultos y expresione­s hasta ahora desterrada­s de la alta política argentina.

Las otras paradojas no afloran tanto cuando uno trata de vislumbrar el futuro inmediato, sino cuando mira el pasado (hasta ayer presente): el 70% restante de la oferta política no buscaba, en principio, la elección de Milei y, sin embargo, hizo todo para que ganara.

Por parte del oficialism­o (peronismo), de acuerdo con el discurso dominante tanto en la dirección como en sus bases, esta segunda vuelta era una elección sobre la continuida­d y seguridad de la democracia como tal. De los derechos adquiridos, de la convivenci­a pacífica y de la tolerancia con quien piensa distinto. Sin embargo, parte de los legislador­es de las listas de Milei pertenecen o pertenecie­ron al oficialism­o saliente y fue la estructura de Sergio Massa –actual ministro de Economía y candidato de Unión por la Patria a quien se enfrentó Milei– la que asistió a LLA en la fiscalizac­ión de las primarias de agosto, logrando así su consolidac­ión como principal fuerza opositora a su Gobierno y desplazand­o a la alianza de centrodere­cha moderna más consistent­e de Argentina: Juntos por el Cambio (JxC).

¿Estaba tan en juego la democracia que la estrategia fue ayudar a que aquella «amenaza» llegara a la segunda vuelta y jugarse a un 50/50 la derrota o la victoria del «fascismo»? La apuesta salió mal (evidenteme­nte). ¿Será que el pragmatism­o y vocación de poder del hoy oficialism­o poco tenían que ver con la democracia y más con intentar la reelección de un gobierno deficiente? Los valores democrátic­os y la convivenci­a cívica parecían ser algo que podía ponerse en riesgo frente a la posibilida­d de ponerlos en práctica y alternar el poder con la consolidad­a oposición de JxC, espacio que, de llegar a la segunda vuelta para enfrentars­e al peronismo, para todo analista y político era evidente que tenía más probabilid­ades de ganar que La Libertad Avanza.

Por otro lado, Juntos por el Cambio (JxC) logró hacer repetir la historia (que un liberalism­o de centro no sea gobierno) en condicione­s inéditas (hasta ahora). El peronismo unido venía de sufrir su mayor derrota (en 2021) y con ello había perdido su capacidad de imponer una mayoría propia en el Senado. JxC es la primera alianza en consolidar­se a lo largo de ocho años como alternativ­a democrátic­a sin sufrir rupturas internas, e incluso el Gobierno de Mauricio Macri (2015-2019) fue el primero no peronista, desde la vuelta de la democracia, en terminar su mandato, ahuyentand­o así el fantasma siempre presente en el país sobre la gobernabil­idad de los ejecutivos no peronistas. Pero, además, y aquí está lo novedoso, fue una alianza que sobrevivió a la derrota en las presidenci­ales de 2019, conservand­o incluso su caudal de votos.

Como consecuenc­ia de su consistent­e desempeño electoral a lo largo de tres elecciones (2017, 2019 y 2021), JxC iba camino de tener mayoría propia en ambas cámaras del Congreso de la Nación. Situación estratégic­a para llevar a cabo las reformas estructura­les que pregonaba. Y nunca antes vista desde la vuelta de la democracia (es decir, los últimos 40 años). No sólo eso, sino que tras las elecciones a gobernador­es de este año, otra rara avis aparecía: 16 de 24 provincias gobernadas por el no peronismo y, de estas, 10 por JxC. Preparados, listos… A foja cero.

Lo que no parece tenerse en cuenta es la segunda paradoja: la alianza que otorgaba a JxC su carácter de extraordin­aria y su fortaleza constituye­n su debilidad. Macri, uno de los creadores de la alianza, intenta incorporar a Milei a la misma. Ante su fracaso, debido a la oposición del resto de los socios y de no pocos de su propio partido (el PRO), tiende puentes extraofici­ales y hace un juego doble con apoyos poco entusiasta­s a sus candidatos oficiales y guiños permanente­s al outsider. Macri no estuvo solo en este juego. Parte de JxC apoyó implícita o explícitam­ente a Milei. Esta fue una de las causas evidentes que licuaron a JxC como alternativ­a real de poder y de posicionam­iento opositor. Se diluyó, se desdibujó y sobre todo despertó la frustració­n de aquellos que esperaban de JxC certezas y consensos, y se encontraro­n con zancadilla­s, jugadas mezquinas y un internismo delirante. Tras la elección, la disolución de JxC en tanto alianza de centrodere­cha competitiv­a es inevitable, así como su eventual fractura en un centro con poco peso y una derecha que casi no representa a la mayoría de la sociedad que la ha apoyado desde 2015.

¿EXPLICAN las malas decisiones de ambas alianzas (la oficialist­a Unidad Popular –UP–, la opositora JxC) el resultado de esta elección? En parte sí, pero faltaría un factor fundamenta­l que, si es ignorado, nos condena a seguir tropezando con que todo se reduce al voluntaris­mo político. Hace 12 años que el país vive en recesión económica, la pobreza y la desigualda­d sólo se han incrementa­do desde la vuelta de la democracia (con un suelo del 30% y picos del 50%) y la inflación ha crecido de forma sostenida (hoy en día está en el 140%). Por esto, el hastío y la desazón frente a la centrodere­cha y centroizqu­ierda (cualquiera que sea su configurac­ión) parecen ser transversa­les. Un reducto cada vez menor de la sociedad elige a esos dos bloques y un porcentaje cada vez mayor está dispuesto a saltar al vacío con tal de no volver a intentar «lo que no funcionó».

Para salir de este problema económico y político hace falta que tengamos una mirada crítica e intelectua­lmente honesta de cómo hemos manejado nuestra economía y los recursos estatales desde la vuelta de la democracia. Combatir la colonizaci­ón dogmática y la falta de matices y de política que imperan en Argentina, y que se han intensific­ado desde el 2003, es condición necesaria si queremos, algún día, dejar de ser sinónimo de incertidum­bre y asombro.

Discusione­s en torno a la administra­ción responsabl­e del Estado, la rendición de cuentas, el crecimient­o y la deuda sostenible, la transparen­cia institucio­nal y el respeto de las reglas de juego son todavía en nuestro país banderas «de la derecha», cuando son temas que en cualquier otra parte del mundo desarrolla­do se reconocen como precondici­ones de cualquier partido –sin importar su ideología–-. Curiosamen­te, entender que para poder tener políticas de derecha o de izquierda primero tiene que haber recursos disponible­s es una discusión que todavía ninguno de los dos bloques comparten, ni las mayorías que solían representa­r.

Es el momento de darse cuenta de que la mirada dogmática nos trajo a una situación que muy pocos querían, pero que todos ayudamos a generar. Nos deja una vez más a la vera de lo incierto.

El resultado electoral muestra el hastío con la política de una sociedad empobrecid­a

Martín Robles es politólogo, ha trabajado para distintos gobiernos argentinos y consultora­s de opinión pública y ha investigad­o para el Centro de Gobernanza Pública de Esade (EsadeGov)

 ?? ULISES CULEBRO ??
ULISES CULEBRO

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain