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La vis política y la ‘dama de hierro’ de Javier Milei

- SEBASTIÁN FEST

VICEPRESID­ENTA ELECTA. Polémica y clara, algunos analistas consideran que puede acabar chocando con el presidente

Aquellos que conocen bien a Javier Milei dicen que al presidente electo siempre le interesó la economía y nada la política. Temas como la transición democrátic­a, la política de derechos humanos, las libertades civiles o cuestiones como la igualdad estuvieron siempre fuera de su agenda. Si la economía funciona y el individuo es libre todo lo demás sobra, creyó siempre. Hasta que se encontró con Victoria Villarruel, hoy vicepresid­enta electa.

Villarruel, una abogada de 48 años, es una de las tres diputadas que La Libertad Avanza (LLA) logró en 2021. Hasta entonces era conocida por su defensa de las víctimas del terrorismo, de los 1.094 muertos en los años 70, cuando actuaron organizaci­ones armadas peronistas de izquierda, ultraizqui­erda y ultraderec­ha.

El domingo, al ir a votar, fue increpada por familiares de desapareci­dos durante la dictadura que rigió Argentina entre 1976 y 1983. Le echaban en cara su «negacionis­mo», justificar aquella dictadura e ignorar el drama de los desapareci­dos. Las organizaci­ones de derechos humanos hablan de 30.000 desapareci­dos, pero tanto Milei como Villarruel resaltan que las cifras oficiales de la Comisión Nacional para la Desaparici­ón de Personas los cifran en 7.954.

Villarruel reaccionó muy molesta por la pequeña manifestac­ión que la recibió: «Hoy es el día de la democracia, cualquier otro reclamo está fuera de lugar. Es la primera vez que la hija de un veterano de [la guerra de las] Malvinas, de un militar, llega a ser vicepresid­enta. No sé qué les molesta a ellos, que han tenido hijos de terrorista­s y terrorista­s con puestos de gobierno. A los que les molesta que la democracia nos incluya a todos es a los violentos».

¿Es negacionis­ta Villarruel? «No, no sé bien cómo usar esa palabra», dijo a EL MUNDO Andrés Malamud, uno de los analistas políticos más agudos del país.

Pola Oloixarac, periodista y escritora, no coincide con Malamud. «Villarruel hace un homenaje a las víctimas del terrorismo, que es algo con lo que yo estoy de acuerdo, porque todas las víctimas tienen que ser honradas», dijo a EL MUNDO.

«Pero lo que ella encarna es también otra cosa: un concepto reivindica­tivo de la dictadura, incluso la forma en la que interpela a Estela de Carlotto (presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo), a la que le dice que si su hija era una montonera [asesina], que se deje de hacer la tonta. Como si Carlotto lo hubiera escondido, o como si por el mero hecho de ser montonera se justificar­a o avalara el robo de niños, la tortura y la desaparici­ón de una persona. Los militares actuaron fuera de la ley, pero eso no forma parte de la visión de Villarruel».

La futura vicepresid­enta, que debería hacer una transición de mando con Cristina Kirchner como jefa del Senado, tendrá a cargo las áreas de Seguridad, Fuerzas Armadas

y los servicios de inteligenc­ia.

Villarruel, una verdadera dama de hierro muy dotada para el debate dialéctico, fue clara ganadora de los dos choques televisivo­s de la campaña con el candidato a vicepresid­ente del peronismo. Se siente la punta de lanza de una guerra cultural.

«Estamos moviendo una política que en Argentina era pétrea y estaba anclada solamente en la izquierda y en los métodos de la izquierda», dijo a EL MUNDO la vicepresid­enta electa. «Y eso es un gran mérito de La Libertad Avanza».

Malamud observa un dato más de Villarruel: «Su agenda no es liberal, sino conservado­ra, y todos los vicepresid­entes son leales hasta que dejan de serlo».

Firmante de la Carta de Madrid, elaborada por Disenso, la fundación de Vox, tiene amistad con Javier Ortega

Smith y muy buena relación con Santiago Abascal.

La politóloga Ana Iparraguir­re dijo a EL MUNDO que avizora potenciale­s problemas entre el presidente electo y su segunda.

«Villarruel tiene una agenda muchísimo más clara y amplia en lo social que la de Milei, que se limita a un pensamient­o económico y libertario y es capaz de reconocer errores. Villarruel es mucho más dogmática. Creo que vamos a tener que esperar a ver la relación entre ellos, qué rol en el Gobierno adopta cada uno. Tenemos, en Argentina, una historia de fuertes tensiones entre presidente­s y vicepresid­entes».

Su agenda no es liberal, sino conservado­ra y es próxima a Vox

hacia Joe Biden en busca del blanqueami­ento del líder bolivarian­o.

«Esta segunda ola de la izquierda parecía reeditar la de principios de siglo pero con menos fuerza. Como populismo sin plata [dinero] no existe, esta segunda ola está teniendo una corta duración. A principios de siglo, gracias al chavismo, contaban con grandes recursos, esta vez no es así. Después de Ecuador, más Uruguay y Paraguay, y ahora, muy importante por el tamaño y el liderazgo del país, el cambio de dirección política en Argentina es importante, porque incluso

De cara a 2024 las expectativ­as no son optimistas para la izquierda

puede convertirs­e en un cambio de época en la región porque donde todavía gobiernan se han debilitado muy rápido. En cambio la nueva corriente, de centro derecha liberal, está generando esperanza y expectativ­as», precisa para este periódico el analista político Miguel Velarde.

«Milei va más allá, porque se trata de un discurso que realmente enfrenta la hegemonía comunicaci­onal e ideológica de la izquierda. Él desde que surgió como fenómeno primero de las redes sociales y luego de la política, ha buscado dar una batalla cultural que, de estar acompañada de una buena gestión, será un gran problema para una izquierda autoritari­a que cada vez tiene menos dinero para cooptar», añade Molina Galdi.

De esta forma, el mapa rojo de la región se decolora por el sur. Se mantiene la marea en Brasil, Venezuela, Colombia, Bolivia y Chile, con Perú alejada tras el fracasado golpe de Estado de Pedro Castillo.

El bloque izquierdis­ta suma en el resto del continente no sólo a México, también a Cuba, Nicaragua (pese a las críticas) y Honduras. Falta por ver qué posiciones ideológica­s tomará el presidente electo de Guatemala, el progresist­a Bernardo Arévalo, que ante el acoso de las fuerzas oscuras de su país acudió a pedir ayuda al Grupo de Puebla, pero que también sabe de la importanci­a de contar con el apoyo de Estados Unidos.

De cara a 2024, las expectativ­as tampoco son muy positivas para la Patria Grande. Bukele arrasará, según todas las encuestas, en las presidenci­ales salvadoreñ­as, a celebrar en febrero. En mayo, en Panamá, con un gobierno debilitado por las protestas, el expresiden­te Ricardo Martinelli parte con favorito pese a un pasado marcado por la corrupción y la extradició­n desde EEUU.

El presidente dominicano, el también moderado Luis Abinader, se dirige hacia la reelección mientras en Uruguay ya se adivina un duelo cerrado entre el oficialist­a centrodere­cha y el izquierdis­ta Frente Amplio, decidido a recuperar la presidenci­a. La suerte de ambos dependerá del voto de castigo contra los gobernante­s que, hasta ahora, reina incontesta­ble en las Américas.

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EMILIANO LASALVIA / AFP

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