El Mundo Madrid Int

Diez años de Maidán, la revolución ucraniana que desenmasca­ró a Putin

Aquellas revueltas supusieron un cambio generacion­al y una maduración del país

- XAVIER COLÁS

Hace 10 años, grupos de estudiante­s de Kiev empezaban a concentrar­se en la plaza principal de la capital de Ucrania, que daría nombre a la revolución de Maidán. Por un lado sirvió para derribar a un régimen cada vez más postrado ante las instruccio­nes de Moscú. Por otro, puso en alerta al presidente Vladimir Putin, que ordenó la puesta en marcha de un plan para anexionar Crimea y después intervino militarmen­te en el Donbas. Fue el primer capítulo de la invasión a gran escala que empezó en 2022.

Aunque la narrativa rusa ha presentado los eventos de Maidán como una erupción ultranacio­nalista, lo cierto es que la chispa que prende esa revuelta en las semanas finales de 2013 fue un post de Facebook escrito en ruso por Mustafa Nayem: «Nos reunimos a las 22:30 debajo del monumento a la independen­cia. Traed ropa de abrigo, paraguas, té, café, buen ánimo y amigos. No cuentan los likes, sólo los comentario­s con las palabras ‘Yo acudiré’, debajo de este post».

Ocurrió el 21 de noviembre de 2013, el entonces presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich, anunció que se retiraba de un acuerdo con la Unión Europea, optando en su lugar por vínculos más estrechos con Rusia. Las presiones de Putin (préstamos y gas barato) habían surtido efecto. Pero muchos jóvenes ucranianos reaccionar­on con ira.

Nayem nació en Afganistán y llegó a Ucrania en 1991, con nueve años. En Kiev fue correspons­al del medio ruso Kommersant y después del periódico ucraniano Ukrainskay­a Pravda. Está en las antípodas de los contornos nazis que dibuja cada día la propaganda rusa. Siempre defendió que Vladimir Putin inició su guerra contra Ucrania en 2014 «por miedo a que podamos ser ejemplo de que la democracia es mejor». «Tiene unas pulsiones irracional­es para recrear la URSS, un interés exagerado por los países que están cerca», explicaba a EL MUNDO años después de Maidán.

Ucrania había basculado entre Rusia y Europa con gobiernos que se inclinaban en una dirección pero nunca evitaban por completo la otra. Con Maidán se produjo un cambio generacion­al, mezclado con una maduración del país y –por primera vez– una perspectiv­a europea realista. Marcó el comienzo de una transforma­ción de la sociedad y del Estado ucraniano profundame­nte ambiciosa, con pasos hacia adelante y hacia atrás.

Con el colapso del prorruso Partido de las Regiones, el nacionalis­mo ucraniano aprovechó su oportunida­d. Pero fue el propio imperialis­mo de Moscú el que convenció a los ucranianos de que no se podía negociar con Moscú.

Parte de algunas de las zonas más prorrusas del país, ocupadas por Rusia, ya no pudieron votar en las elecciones. Las regiones limítrofes, rusohablan­tes pero leales a Kiev, asumieron que aunque sus lazos culturales les unían a Rusia, el riesgo venía precisamen­te de allí.

En aquellas semanas entre 2013 y 2014, la gente protegía la plaza. Pero la plaza se fortificó entre diciembre y enero hasta formar una ciudadela dentro de un estado, un lugar donde no llegaban las fuerzas del orden y no regía otra ley que un civismo improvisad­o sobre las bases del patriotism­o y la fe en el cambio. Desde ese momento fue la plaza la que protegía a la gente.

El Maidán se convirtió en un «espacio democrátic­o abierto» en el que la gente se organizaba por sí misma y no aceptaba la dirección de los políticos de la oposición. Pronto los neumáticos quemados tiñeron el hielo, el aire y la lucha. Para escapar del aprieto, el líder ucraniano pasó a ser de socio de Moscú a replicante de Putin.

El 16 de enero aprobó leyes para frenar los desórdenes. Más o menos la misma receta rusa para apagar las revueltas en Rusia en 2011 y 2012: considerar extremismo cualquier llamamient­o a desafiar al Gobierno y endurecer el castigo, convertir en crimen cualquier cosa que se señale como calumnia, etiquetar a las ONG incómodas como agentes extranjero­s y prohibir que los medios digitales puedan operar si no acceden a un registro estatal. Como explica el historiado­r ruso Mijail Zygar, «en Rusia estas leyes no causaron protestas, pero en la atmósfera caldeada de Kiev provocaron un terremoto».

Con la multitud avanzando hacia sedes gubernamen­tales, la policía disparó contra los manifestan­tes. Yanukovich tuvo que huir a Rusia tras 92 días de protestas en los que más de un centenar de ucranianos –entre manifestan­tes y agentes– perdieron la vida. Hubo que esperar a que esas hogueras se apagasen para que la revolución tuviese un nombre definitivo. Los ucranianos la llaman la revolución de la dignidad. Y es el prólogo de las razones por las que la mayoría rechaza entregar parte de su territorio, población y soberanía a Rusia.

Kiev giró hacia Moscú y los ucranianos se levantaron

El presidente huyó del país tras 92 días de protestas y 100 muertos

 ?? MAKSYM MARUSENKO / AFP ?? Manifestan­tes ucranianos se enfrentan a la policía en la plaza de la Independen­cia de Kiev (conocida como ‘el Maidán’), el 11 de diciembre de 2013.
MAKSYM MARUSENKO / AFP Manifestan­tes ucranianos se enfrentan a la policía en la plaza de la Independen­cia de Kiev (conocida como ‘el Maidán’), el 11 de diciembre de 2013.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain