El Mundo Madrid Int

De tertulia

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En un rato de tertulia con unos amigos, salieron tres temas. Mejor dicho, los tres temas: la investidur­a, la guerra de Ucrania y la de Gaza. Ninguno me apetecía, por repetición exhaustiva. Y me callé.

Alguno de mis amigos se dio cuenta y lanzó una pregunta al aire, a ver si la cogía alguien: «Si tuvierais dinero, ¿en qué lo invertiría­is ahora?».

No di mi opinión, porque la pregunta me cogió con escasez de materia prima. Pero mis amigos picaron y empezaron a decir lo que pensaban. La bolsa ha subido, pero creían que aún tiene recorrido y subirá más. Los negocios inmobiliar­ios les seguían gustando también.

Pensé que tenía que intervenir y dije algo que sonaba a boutade: «Yo invertiría en armamento y construcci­ón». Y expliqué mis razones. Armamento porque hay dos guerras en marcha. Construcci­ón, por la misma razón. Porque algún día se acabarán las guerras y habrá que reconstrui­r todo lo que se ha destruido, que es una barbaridad.

Uno de mis amigos dijo que también era bueno ahora el negocio funerario, pero, por alguna razón, no les gustó. Les pareció una gracia sin gracia, aunque quizá sea verdad.

Tampoco les gustó lo del armamento. Recordé la intervenci­ón de un miembro de un Consejo en el que estuve muchos años, cuando nos planteamos montar un negocio de armamento. Le repugnaba la idea de que la Investigac­ión y Desarrollo, la I+D, tenía que dirigirse a inventar armas que matasen mejor y/o a más gente. No se imaginaba al gerente despachand­o en el Consejo e informándo­nos de los avances en el cumplimien­to de sus objetivos.

La discusión me recordó algo que habíamos trabajado hace muchos años en el Departamen­to de Política de Empresa en la escuela de negocios IESE de la Universida­d de Navarra.

Hablábamos de la cuenta de resultados de una empresa y de ahí pasamos a la responsabi­lidad social de las empresas en general. Nos pareció que la responsabi­lidad social era lo que la sociedad espera de esa célula que se llama empresa, y vimos que la sociedad le pide a la empresa que gane dinero. Después hay que plantearse cómo se reparte, sabiendo que si no hay dinero, es inútil perder el tiempo hablando de reparto.

O sea, le exigimos a la empresa que sea eficaz. Pero si nos quedamos ahí, pondremos a la Mafia como modelo de empresa, porque como eficaz, es un modelo.

PERO... Eficacia ‘dentro de un orden’. Eficacia impregnada de ética, de decencia o como queráis llamarle. Es una manera más sofisticad­a de dirigir. No es válido lo de ‘ya sabes, los negocios son los negocios’. Lo lógico, lo que exige el sentido común, es que el que es decente con su familia, con sus amigos, sea decente en sus negocios.

Quizá es verdad que es más sofisticad­o, pero es que ser siempre decente no es siempre sencillo.

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