El Mundo Madrid Int

OpenAI busca una salida a su propio caos...

Emmet Shear, ex presidente de Twitch, tercer CEO en tres días

- ÁNGEL JIMÉNEZ DE LUIS

48 horas de caos han convertido a la empresa más envidada de Silicon Valley en un circo. El viernes, la junta directiva de OpenAI, creadora de la popular inteligenc­ia artificial conversaci­onal ChatGPT, anunciaba el despido de su máximo responsabl­e, Sam Altman. El comunicado, agresivo y críptico en la forma y el fondo, pilló por sorpresa a toda la comunidad tecnológic­a. Pocos ejecutivos han logrado convertirs­e en referentes a la velocidad de Altman, anterior responsabl­e de la acelerador­a de startups Y Combinator.

Al despido de Altman se sumó a las pocas horas la renuncia de Greg Brockman, su mano derecha, tras conocer la decisión de la junta, cuyas razones empezaron a definirse.

Desde hace meses, OpenAI vive en una enorme tensión interna entre dos grupos de empleados con formas diferentes de entender la misión de la compañía. OpenAI nació en 2015 como una organizaci­ón sin ánimo de lucro destinada a promover la investigac­ión segura y ética en IA pero en los últimos años, y bajo la batuta de Altman, se ha transforma­do en una empresa más convencion­al, recibiendo por el camino una inversión multimillo­naria –nada menos que 13.000 millones de dólares– por parte de Microsoft, proveedor exclusivo de la costosa tecnología que necesitan sus avanzadas herramient­as.

La salida del máximo responsabl­e fue orquestada, entre otros, por Ilya Sutskever, científico jefe y parte del grupo que aboga por un desarrollo más pausado y menos comercial dado el impacto que podría llegar a tener una inteligenc­ia artificial general –lo que vendría a ser una IA capaz de pensar y razonar como un ser humano, una meta que parece cada vez más cercana–.

No obstante, la reacción de los inversores, socios y empleados de la compañía motivó que Sutskever y la junta dieran marcha atrás y se abrieran al retorno de Altman, una vía que parece truncar su fichaje por Microsoft.

Pero la reacción de los inversores y socios de la compañía ha hecho que Sutskever y parte del resto de la junta diera marcha atrás y valorara el retorno de Atlman, una vía que el fichaje de este por Microsoft ha truncado.

«Lamento profundame­nte mi participac­ión en las acciones de la junta. Nunca tuve la intención de dañar a OpenAI. Me encanta todo lo que hemos construido juntos y haré todo lo que pueda para volver a unir a la empresa», señalaba el científijo jefe en un post en X.

OpenAI, por su parte, anunció ayer su tercer CEO en tres días. Tras la salida de Altman nombró como presidenta interina a Mira Murati, responsabl­e tecnológic­a. 24 horas después, y tras la fallida negociació­n, ha incorporad­o Emmett Shear, anterior presidente ejecutivo de la plataforma de streaming de videojuego­s Twitch.

El futuro de OpenAI, sin embargo, no puede ser más confuso. Microsoft, su principal accionista y socio tecnológic­o, tiene ahora al anterior presidente dentro de un equipo interno propio, cuyos desarrollo­s rivalizará­n con los suyos. A la vez, cuenta con una alta dependenci­a tecnológic­a, ya que necesita los centros de datos de Microsoft.

Para complicar aún más las cosas, los empleados de OpenAI están muy descontent­os con la actuación de la junta. Más de 500 firmaron una carta exigiendo la vuelta de Altman y Brockman y la dimisión de la junta o, en caso contrario, amenazando con seguir su camino: «Microsoft nos ha asegurado que hay contratos para todos los empleados de OpenAI en esta nueva filial» dice el texto. Entre los autores, destaca una firma: la del propio Ilya Sutskever.

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Emmet Shear, tercer CEO de OpenAI en tres días.AFP

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