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... mientras Microsoft le lanza una OPA

El fichaje de Sam Altman, un ‘imán’ para la plantilla de OpenAI

- JOSÉ M. RODRÍGUEZ SILVA

Son casi las tres de la mañana en Nueva York, un par de horas menos en Redmond, la ciudad cercana a Seattle que alberga la sede de Microsoft y casi las 9 de la mañana en España. Satya Nadella, CEO de la compañía, coge su móvil y suelta la bomba en X, la antigua Twitter: Sam Altman y Greg Brockman, que poco más de 48 horas antes eran CEO y presidente de Open AI –la creadora de ChatGPT–, ficharán por Microsoft para liderar un nuevo equipo de investigac­ión avanzada en IA.

De este modo, Nadella volvía a sorprender al mercado con un movimiento que no solo liga a la figura más prominente del mundo de la IA a Microsoft, sino que le permite reducir su dependenci­a de un socio externo como OpenAI, tras una alianza que le ha permitido sobresalir respecto a su competenci­a.

No es habitual que un CEO se involucre tan públicamen­te en el futuro de uno de sus socios, y menos cuando hablamos de una compañía del tamaño de Microsoft, pero si algo ha demostrado Nadella en sus años al frente de la tecnológic­a es que no tiene problemas en plantar cara en público a quien sea necesario para proteger sus intereses.

Así, tras un tortuoso proceso para conseguir la aprobación por parte de las autoridade­s de competenci­a del acuerdo de compra de Activision Blizzard, la mayor adquisició­n de la historia del mundo de los videojuego­s, ahora Nadella no ha dudado en situarse en la primera línea en el pulso contra el Consejo de OpenAI por la salida de Altman.

Hay que recordar que Microsoft es el mayor inversor, de largo, en la startup de inteligenc­ia artificial, que, además, utiliza la capacidad de computació­n de la compañía creada por Bill Gates para entrenar sus modelos. Poco después del lanzamient­o de ChatGPT, Nadella se adelantó a los otros peces gordos del mundo tecnológic­o y selló una inversión de 13.000 millones de dólares en la compañía, la cual se rumorea que le permitirá llegar al 49% del capital de OpenAI.

Tras este paso, se daba por hecho cuál sería la siguiente: una gran adquisició­n como las que viene protagoniz­ando la tecnológic­a en los últimos años (ha desembolsa­do cheques de más de 10.000 millones para hacerse con LinkedIn en 2016 y la tecnológic­a Nuance en 2021).

Todas estas adquisicio­nes han venido seguidas de un complicado escrutinio por parte de las autoridade­s de competenci­a y varios gobiernos. Sin embargo, ahora, con el fichaje de Altman y el plausible éxodo de trabajador­es tras su líder, Nadella tiene ante sí una oportunida­d demasiado tentadora para dejarla escapar: una absorción del talento que ha creado herramient­as como Dall-E y ChatGPT sin necesidad de lanzar un nuevo pulso al Gobierno Federal, ni de desembolsa­r ninguna desorbitan­te suma para adquirir la empresa.

Ahora, queda por ver si la suma de las partes da los frutos que parece. Una de las incógnitas será el encaje de Sam Altman y su equipo en la cultura de una compañía del tamaño de Microsoft, donde el escrutinio sobre sus métodos y los potenciale­s riesgos del modelo serán mucho mayor que en la incipiente startup donde se ha fraguado su éxito. Además, el directivo cuenta con intereses en otras compañías bajo su ala como Worldcoin, la empresa que aspira a crear una forma de identifica­ción digital universal a través del escáner del iris de las personas, así como un posible proyecto conjunto con el exdiseñado­r de Apple Jony Ive y Softbank para crear el ‘iPhone de la IA’.

 ?? EFE ?? Sam Altman, ex CEO de OpenAI.
EFE Sam Altman, ex CEO de OpenAI.

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