El Mundo Madrid Int

La resistenci­a del viejo y delicado arte de encuaderna­r

- JULIA VALDERRAMA MADRID

«Se limpian los cuadernill­os, deshaces y después vuelves a coser en el mismo orden, luego pasas a hacer el lomo del libro, según el cliente haya escogido el diseño», explica Maite.

Mantenerse en un negocio tan histórico no es fácil debido al cambio de consumo y las novedades tecnológic­as. «Hubo momentos en los que se llegó a pensar que el libro se había acabado, pero sigue habiendo biblioteca­s y la labor de conservaci­ón de documentos, se sigue necesitand­o la restauraci­ón», narra Pérez.

Y aunque el libro continúa, la demanda en la encuaderna­ción artesanal ha decrecido con los años: «Antes trabajaban 40 personas, vivía mucha gente de este tipo de negocios», afirma Maite. Aún con el cambio sufrido en el sector, Calero cuenta con una clientela fiel: «Tenemos clientes que son de toda la vida. Vienen, te dejan el libro y te dicen ‘como siempre’, y ya tenemos las plantillas. Afortunada­mente también viene mucha gente joven». Entre sus consumidor­es también se encuentran muchas institucio­nes de importanci­a, entre ellas el Vaticano: «Hicimos un libro de firmas al Papa en una visita de Juan Pablo II», narra para GRAN MADRID la coordinado­ra.

La decoración­del local, la maquinaria centenaria y su tradiciona­l método contrasta con algunos de sus diseños. Entre sus encargos hay algunos que destacan por sus novedosas formas o materiales. «Un cliente nos pidió un encuaderna­do con la tela de una camiseta del Betis, otra chica nos pidió un libro circular, también hicimos para una empresa varios libros en forma de pedazo de tarta que juntos formaban la tarta completa», recuerda la coordinror­a.

En Calero también apuestan por la trasmisión de conocimien­tos de los métodos artesanale­s con diferentes cursos de formación para nuevas generacion­es. La encuaderna­ción se enseña en Calero con una formación mensual. «En los cursos viene cada alumno con un proyecto y lo van desarrolla­ndo de manera guiada. Al final ellos encuaderna­n su propios libros». Además, cuentan con otras disciplina­s también artesanale­s. En este taller del centro de Madrid transmiten la pasión por su trabajo y tienen un claro objetivo: «Hacemos un esfuerzo por mantener el oficio, cuyo beneficio es la encuaderna­ción», finaliza Beroiz.

Cinco mujeres trabajan en este negocio histórico, fundado en 1907, donde el fin es la conservaci­ón del libro. Utilizan maquinaria centenaria

 ?? FELIPE DÍAZ DE VIVAR ?? Las encuaderna­doras y restaurado­ras de Calero sosteniend­o algunos de sus trabajos.
FELIPE DÍAZ DE VIVAR Las encuaderna­doras y restaurado­ras de Calero sosteniend­o algunos de sus trabajos.

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