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El PNV, en un juego imposible ante la pujanza de EH Bildu

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LA INCERTIDUM­BRE marcará las elecciones vascas, que se celebrarán previsible­mente en marzo. Los cuatro partidos tradiciona­les –más allá de un Podemos/Sumar en claro retroceso– concurrirá­n con candidatos nuevos y con la pugna entre nacionalis­tas como un factor clave que tendrá efectos en la política nacional. La mayor certeza es la pujanza de EH Bildu, que además no estará encabezada por Arnaldo Otegi, mientras el PNV ofrece signos evidentes de desnortami­ento. Desde su giro en apoyo a la moción de censura de Pedro Sánchez en 2018, el partido que históricam­ente ha vertebrado el poder en el País Vasco se halla en un escenario imposible: depende del PSOE para seguir gobernando las institucio­nes, pero al mismo tiempo acusa el auge electoral de la izquierda abertzale que el propio PSOE ha facilitado con su blanqueami­ento. Esa batalla interna amenaza con acentuar el perfil soberanist­a de un partido en crisis.

Solo así se explica la sorprenden­te y opaca decisión de prescindir de Iñigo Urkullu, tras meses de desconfian­za creciente entre el lehendakar­i y Andoni Ortuzar, y optar por el desconocid­o Imanol Pradales. El PNV está nervioso por el triunfo abertzale que vaticinan las encuestas, y que incluso podría ser mayor tras el paso a un lado de Otegi. El movimiento es tramposo, puesto que se asegura mantener el poder real de la coalición hasta 2028. Pero en una sociedad que en buena medida quiere pasar página de ETA y que ve en sus legatarios políticos a un partido progresist­a y juvenil, la presencia de un candidato no manchado por el terrorismo añade inquietud a una cita de resultados impredecib­les.

Si bien la decisión de Otegi era esperable –su pasado es conocido, como él mismo reconoció ayer preguntado por la publicació­n en EL MUNDO de su historial policial como terrorista-, la del Euzkadi Buru Batzar ha convulsion­ado a la política vasca. Aun desgastado por una gestión decadente de los servicios públicos, Urkullu no quería marcharse y no compartía el pacto sellado por su partido con Puigdemont, quien en 2017 le desautoriz­ó tras prometerle que no declararía la independen­cia y convocaría elecciones.

La entente Junts-PNV, equiparabl­e a la firmada por ERC y EH Bildu, augura una legislatur­a nacional en la que nacionalis­tas vascos y catalanes unirán fuerzas para reforzar el papel del País

La batalla entre nacionalis­tas vascos y sus alianzas con Junts y ERC auguran una legislatur­a contraria al interés general

Vasco y Cataluña como comunidade­s extractiva­s. Sánchez dependerá de forma agónica de cuatro siglas que competirán entre sí por elevar sus exigencias contrarias al interés general y a la igualdad entre españoles. Mientras tanto, el PSOE no ofrece un programa distinto del que le escriben sus socios. El PP tiene por delante el reto de ser capaz de desnudar los intereses cruzados entre tres partidos que o bien no creen en la pluralidad identitari­a, o bien la combaten, o bien están dispuestos a relativiza­rla por el poder.

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