El Mundo Madrid Int

Ganar en Bailén e ir a rendirse a Waterloo

- RAFA LATORRE

HE IDO a ver Napoléon. Me he aburrido. Es verdad que la España que dio origen al partisano ni se menciona, pero durante la película el tedio y la malsana obsesión por la actualidad traían un pensamient­o recurrente. Anda que echar heroicamen­te a los franceses para luego ir a rendir pastueños nuestra soberanía a Waterloo… No hay duda de que los españoles tienen un curioso sentido del humor.

Hace tiempo ya veníamos diciendo que vivíamos en un tardozapat­erismo, un proceso constituye­nte que retoma, con los mismos personajes en la penumbra, lo que la crisis financiera interrumpi­ó. Los mismos nombres en las institucio­nes clave para aplicar un Tinell con anabolizan­tes.

La eficaz entrega de Zapatero en la pasada campaña electoral le ha permitido recobrar, además, el protagonis­mo escénico y con él regresan los peores tics de antaño. La vacuidad disfrazada de buenas intencione­s y también la acusación de antipatrio­ta a quien se opone a las políticas del Gobierno.

Pedro Sánchez incide ahora en una redefinici­ón del patriotism­o que tiene su impulso original en el zapaterism­o. Es un patriotism­o peculiar que celebran todos aquellos que desearían tener otra patria. Ocurre como con el mensaje de paz que Sánchez fue a predicar a Oriente Próximo, que a quienes reconforta es a los terrorista­s. Las piruetas sobre el patriotism­o chocan contra el mobiliario: cinco mesas de negociació­n donde la soberanía nacional comparece reducida a una opinión. Esta es la razón por la que todos los que impugnan la soberanía nacional y reivindica­n la autodeterm­inación lo prefieren a él de presidente desde antes de que Vox entrara en parlamento alguno.

La lírica con la que pretenden embellecer la gestión diplomátic­a en Oriente Próximo se torna sarcasmo ante el frío balance de resultados. Dos comunicado­s: el repudio de la democracia y el agradecimi­ento de la milicia terrorista. Ambos textos son definitori­os. En un alarde ridículo de spainsplai­ning, ahora atribuyen tanto el ultraje de Israel como el alborozo de Hamas a un error de interpreta­ción. Lo cierto es que ambos juzgaron unívoca la misión, en lo que, al fin y al cabo, representa el único punto de encuentro entre ambos.

La creencia popular es que el patriotism­o es un orgullo ciego. Está equivocada. La evocación de la patria adquiere en demasiadas ocasiones un gusto amargo. Esta vez no se trata de esa desagradab­le querencia por el catastrofi­smo noventayoc­hista. Hay momentos, pocos tan justificad­os como este, en que el sentimient­o más genuino de patriotism­o es la vergüenza.

 ?? ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain