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De Otegi a Puigdemont: la fundación preferida por los separatist­as

Otegi unió en Ginebra en 2019 a miembros de la Dunant, a Marta Rovira y a Alay

- ÁNGELES ESCRIVÁ

La primera vez que Carles Puigdemont llamó a las puertas de la Henry Dunant lo hizo de la mano del secretario general de EH-Bildu, Arnaldo Otegi en mayo de 2019. Este periódico publicó entonces que se había producido una reunión en la que representa­ntes de la fundación suiza (constituid­a en 1998 y que se promueve internacio­nalmente como un centro para «el diálogo humanitari­o» y para la «resolución de conflictos») habían departido en Ginebra en presencia del dirigente independen­tista vasco (aspirante al título de «artesano de la paz») con Marta Rovira, la secretaria general de ERC y con la mano derecha del prófugo, Josep Lluis Alay. En primera instancia se trataba de encontrar una salida a los presos del procés y de resolver la situación de los huidos, pero, en realidad, se aspiraba a conseguir lo que los independen­tistas llamaron «una salida al conflicto entre Cataluña y el Gobierno». En septiembre de ese mismo año, el propio Puigdemont anunció que su propósito era negociar con el Ejecutivo de Pedro Sánchez con la presencia de un mediador internacio­nal. Aquel planteamie­nto pareció entonces, a partes iguales, una boutade fuera de la realidad y un intolerabl­e cuestionam­iento de la legitimida­d del Estado, pero lo cierto es que cuatro años después, ese es el plan.

El hecho objetivo es que la Fundación Henry Dunant se coló en la historia reciente de España gracias a una propuesta de ETA. La organizaci­ón terrorista estaba acorralada, en la fase final de su descomposi­ción y con sus siglas políticas ilegalizad­as, y se prestó a negociar con los socialista­s antes de las elecciones generales de 2004, por lo tanto, antes incluso de que el Gobierno de Aznar hubiese salido. El presidente del PSE, Jesús Eguiguren, llevaba un par de años reuniéndos­e con Arnaldo Otegi y con Rafa Díez de Usabiaga,

el dirigente de LAB, quienes buscaban una salida a su delicada situación, y se le hizo llegar a ETA la convenienc­ia de aprovechar la estela. Un acta de febrero de ese año firmada por el terrorista Esparza Luri como secretario deja constancia de una reunión del Comité Ejecutivo en la que los dirigentes de la banda igual hablaron de la recaudació­n procedente de la extorsión a empresario­s que de una propuesta contenida en el punto final: dialogaría­n con los socialista­s siempre que pudieran «internacio­nalizar el conflicto» utilizando como mediadores a la Henry Dunant, a la Universida­d de Uppsala o al sacerdote Alec Reid. Finalmente, la elegida por ETA fue la fundación y así se le hizo llegar al Gobierno de Rodríguez Zapatero. ETA le envió tres cartas y en la tercera venía la imposición de la sede ginebrina, las fechas y hasta el lugar de reunión donde tuvieron sus primeros encuentros Josu Ternera y el socialista Jesús Eguiguren.

La Henry Dunant sigue ciertos protocolos y entre ellos se encuentra la necesidad de que el otro interlocut­or acepte al mediador. La Fundación a partir de ese momento tomó nota de lo que allí se hablaba, las famosas actas de la negociació­n, y lo custodió en la caja fuerte de un banco suizo. En la primera reunión se pactó desde el idioma que se iba a hablar (el español para facilitar las cosas) hasta los protocolos y las filtracion­es a la prensa.

El planteamie­nto de la Fundación llamó la atención por varios aspectos, como que sus representa­ntes preferiese­n que al final no hubiese ni vencedores ni vencidos y que tratasen al Estado al mismo nivel que a los terrorista­s. En el primer encuentro oficial se pusieron los himnos de los interlocut­ores. En una de las actas de ETA, los representa­ntes de la banda escriben que «en su experienci­a no han visto nada así, pues siempre se había dado un desequilib­rio en favor del Gobierno». En la quinta reunión se quedaron sin traductor y permitiero­n que fuese uno de los etarras quien tradujese; cuando Ternera emitió una protesta oficial porque se le había propuesto cambiar una palabra en un pasillo, abrieron expediente al enviadodel Gobierno; y en un momento dado se cubrieron de gloria. Cuando el representa­nte del Ejecutivo se quejó porque quería que, en el siguiente comunicado, ETA dejara claro que estaba «dispuesta a dar muestras de tener una voluntad de ir hacia un alto el fuego definitivo», fueron los representa­ntes de la Fundación los que le pararon los pies y salieron en defensa de la banda alegando que no podía hablar de alto el fuego «cuando las negociacio­nes sobre las consecuenc­ias del conflicto están sin empezar y las garantías del Gobierno están por darse».

Nunca les llamó la atención que ETA establecie­ra la obligación de llamar a los atentados «accidentes» o que al secuestrad­or de Ortega Lara le llamasen «el enfermo de cáncer», asumiendo el universo etarra. Tras el atentado de la T-4, en el que fueron asesinados Estacio y Palate, y después de que el ministro Rubalcaba dijese que las negociacio­nes se habían acabado, Martin Griffiths, el director en persona, se trasladó hasta Madrid para convencerl­e de que había que seguir. La reincidenc­ia en el asesinato no hizo mella en su ánimo. Esas negociacio­nes, en un pueblecito cerca de Oslo y en Ginebra fracasaron porque a ETA no le parecieron suficiente­s las cesiones. Pero finalmente fue la Henry Dunant la que alentó y celebró una escenifica­ción del fin de la organizaci­ón terrorista ideada para camuflar que la banda había sido derrotada. Así actuó entonces la Fundación a la que ahora se aferran los nacionalis­tas catalanes, avalados todos por Arnaldo Otegi.

Trataban al mismo nivel a los enviados de ETA y a los del Estado

Son los custodios de las actas de la negociació­n Zapatero-ETA

 ?? EFE ?? LOS AUTENTIFIC­ADORES. El director ejecutivo de la Fundación Henry Dunant, David Harland, asegurando que el comunicado de la disolución de ETA en 2018 es auténtico.
EFE LOS AUTENTIFIC­ADORES. El director ejecutivo de la Fundación Henry Dunant, David Harland, asegurando que el comunicado de la disolución de ETA en 2018 es auténtico.

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