El Mundo Madrid Int

Ya nadie se cree al periodista, ni el periodista

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SE EQUIVOCA la ministra Teresa Ribera cuando dice que las críticas de Ayuso al Plan Hidrológic­o son una «ocurrencia». Se equivoca, porque ojalá fuesen sólo eso. Una ocurrencia, al menos, implicaría novedad; una ocurrencia destilaría originalid­ad; una ocurrencia significar­ía encontrar una idea inesperada, como cuando Umbral acercaba unos genitales a la negrita del día de su columna. Y, en fin. Que la presidenta de la Comunidad de Madrid, que la baronesa con mayor caudal político del PP, que una posible futura candidata a gobernar España lea, sin reírse, que Pedro Sánchez pretende «sitiar» Madrid para que se «rinda por sed» no es una ocurrencia. Ni siquiera, poniéndono­s estupendam­ente eufemístic­os, es una manera contundent­e de hacer oposición. Es, según la RAE, una estupidez. O una locura. O, por resumir el espíritu de los tiempos, una mentira. Sí, sí, también los tiempos de Sánchez.

Ya ven: a veces Ayuso miente –sí, y Sánchez, sí–. Y eso puede escribirse en este periódico, pero en otros no. Y mañana habrá compañeros de profesión que se escandalic­en con estas afirmacion­es. La madre que me parió. No, hombre, no, mon dieu. Para empezar, ni le den importanci­a: las ha escrito un pobre diablo. ¡Uno que dice mon dieu! Acaso sean madrileños que se están muriendo de sed, y entonces tendría que comerme mis palabras, pero este tipo de reacciones que contaminan la política, la barra del bar y el periodismo me recuerdan a aquel día en el que creí haber ligado con una chica del Grupo Prisa y, cuando le dije que escribía en EL MUNDO, creo que de repente se le murió el padre, porque se giró y se piró del garito a toda velocidad.

«La mentira sigue siendo mentira aunque la haga pasar por verdad quien sabe que es mentira». Lo dijo el lunes Carlos Alsina, que recibió el premio de periodismo Francisco Cerecedo y dio un discurso que he colgado de la pared, sustituyen­do por fin el póster de Natalia de Operación Triunfo 1, el único bueno. Van aquí otros extractos. «El cortejo no es de periodista­s», ni siquiera el fúnebre. «Temo que la política está siendo sustituida por la religión política. Y el periodismo por el periodismo confesiona­l». Y, ya sabemos, nada hay peor que un converso. También citó a Gistau, así que acabo con una frase suya: «Como las banderías partidista­s lo impregnan todo, una consecuenc­ia es que ya nadie se cree al periodista». Lo escribió en 2019. Hoy podríamos añadir que ni el periodista.

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