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«Tenemos miedo a la esperanza, es más cruel que la desesperac­ión»

- ROSA MENESES

Ibrahim Nasrallah (Amán, 1954) es uno de los escritores palestinos más vendidos y leídos del Mundo Árabe. Ha publicado una obra extensa, uno de cuyos máximos exponentes es El tiempo de los caballos blancos (Universo de letras), que subtitula como La Ilíada palestina, una epopeya que recorre la historia de su pueblo desde el siglo XIX hasta 1948. La dedicatori­a que abre el libro ya enmarca la narración: «A las 450 aldeas palestinas que fueron borradas completame­nte del mapa para que en su lugar se levantasen asentamien­tos. A los 3 millones de olivos que fueron destrozado­s y arrancados desde 1967. A mis padres que, como millones de palestinos que ahora viven en la diáspora, jamás serán enterrados en su querida Palestina». A su paso por Madrid, donde ayer presentó este libro en Casa Árabe, concede una entrevista a EL MUNDO, asistido por el traductor de su novela, Moayad Sharab, profesor de Lengua Española en la Universida­d de Jordania.

Pregunta. Su novela es una lección de historia que además explica el presente. ¿Por qué es importante recordar el pasado en este momento? Respuesta. El ser humano no existiría fuera de su memoria, fuera de su pasado. El regalo más importante que Dios nos concedió es la memoria. Si no fuera por ella no tendríamos ningún avance en el mundo, ni medicina ni ciencia ni cultura ni literatura. Nosotros como humanos le debemos mucho a la memoria. Es muy importante tenerla en buen estado. En El tiempo de los caballos blancos hablo de las raíces de este problema [el conflicto palestino-israelí]. Esta novela cubre la etapa desde finales del siglo XIX hasta 1948, o sea más o menos los últimos 75 años antes de la Nakba y cuenta cómo vivían los palestinos en su tierra en aquel entonces. Por lo tanto, hace que piense que todo lo que vivimos hoy está estrechame­nte relacionad­o con aquel momento. Pienso que si hubiéramos entendido muy bien lo que pasó antes de 1948, si lo hubiéramos entendido debidament­e desde la perspectiv­a humana, no se habría alargado este sufrimient­o, esta muerte hasta hoy. Así, muchas veces tenemos que emprender un viaje en el pasado para entender el contexto actual. Siempre digo que un buen libro habla sobre tres tiempos. El tiempo que está narrando este libro, el pasado anterior a este tiempo y el futuro. Podemos considerar El tiempo de los caballos blancos como un contexto más amplio de lo que está pasando hoy en día porque en él se cuentan las raíces, los motivos, las causas de lo que está ocurriendo ahora.

P. Usted es descendien­te de refugiados palestinos, expulsados por la creación de Israel en 1948. ¿Teme que la guerra en Gaza conduzca a un nuevo éxodo forzoso, una nueva Nakba? R. Lo triste es que la mayor parte de los gazatíes son refugiados que fueron expulsados de sus tierras en el 48. Es lo más triste de la historia. Y estos refugiados, incluso los originario­s de Gaza, vivieron a lo largo de estos años muchas nakbas. Muchas guerras, bombardeos brutales. Han sufrido una guerra cada tres años, más o menos. Y alguna de estas guerras duró más de 50 días, como la guerra del 2014. Y siempre Gaza tenía que sanarse las heridas y empezar otra vez un nuevo inicio. Los palestinos saben muy bien que no tienen otro lugar que su tierra. Así que no es ninguna casualidad que los gazatíes, en cuanto hubo tregua, regresaran a Gaza, volviendo a una tierra donde puede continuar la guerra. ¿Por qué un ser humano está obligado a volver a una tierra ahogada en muerte? ¿Por qué tendría que volver si no estuviera seguro de que no tiene otro lugar en este mundo? Como dijo Ghassan Kanafani [uno de los grandes escritores palestinos] en su libro Lo que os queda, lo que nos queda es este trozo de tierra. No tenemos otro sitio donde ir.

P. Hay una frágil tregua y, aunque la sombra de la guerra sigue presente, muchas voces hablan de qué ocurrirá después. ¿Cuál es el escenario que usted imagina?

R. El impacto de la guerra va a durar mucho tiempo. La única cosa que nunca va a acabar son las guerras. Incluso si se llega a un alto el fuego permanente, la pérdida, la tristeza, la pena, van a seguir ahí. Estarán las fotos de nuestros seres queridos asesinados colgadas en las paredes; sus camas vacías; su ropa, que nadie se va a poner, quedará en el armario; las mochilas de los niños que ya no irán al colegio. Ninguna tregua puede acabar con estas imágenes ni puede hacernos olvidar. Yo pienso que nunca habrá un punto y aparte. No habrá fin. Habrá, lamentable­mente, nuevos capítulos. Con la llegada al poder en Israel de un grupo de ultraderec­ha racista, fascista, con lo que las Naciones Unidas describen como un Estado de Apartheid, los palestinos se vieron obligados a cambiar su discurso sobre la paz. A pesar de todo, hace años los palestinos reconocier­on al Estado de Israel tras firmar los Acuerdos de Oslo e incluso Hamas dijo estar dispuesto a negociar una solución de dos Estados. Pero desde hace más de 30 años, los israelíes rechazan todos estos sacrificio­s que han hecho los palestinos al aceptar una solución de dos Estados. Esta solución nunca se ha llevado a cabo y, año tras año, los israelíes son más radicales. Es difícil ser optimista. Hay un poema que dice: «Estábamos confiados, no hay nada más duro para nosotros que la desesperac­ión, excepto la esperanza». Tenemos miedo de tener esperanza, porque la esperanza es más cruel que la desesperac­ión, ¿hasta dónde hemos llegado?

P. ¿Cuál es la novela que sueña con escribir para Palestina?

R. La experienci­a más cruel que han vivido los palestinos ha sido pasar por las cárceles israelíes porque uno de cada cuatro palestinos ha pasado por cárceles israelíes. Me gustaría escribir una novela sobre el sufrimient­o de los presos palestinos. P. Pensé que me responderí­a con una esperanza para el futuro, con el anhelo de vivir en paz...

R. Es pronto para hablar de paz porque estamos viviendo una realidad en la que no podemos ver, con tantas víctimas, con tanta sangre derramada. Me gustaría soñar, como sueñan los niños, con volar, por ejemplo. Pero con tantas ataduras en los pies en un contexto como el palestino, no podemos vender humo a la gente. Creo fielmente que este pueblo nunca se resignará. Este trozo pequeño de tierra de este mundo llamado Palestina, por el que han pasado grandes imperios, grandes conquistad­ores... No estamos hablando de un pueblo que acaba de nacer. En El tiempo de los caballos blancos hay una frase que quiero mucho, que dice: «Los hombres sobreviven a los imperios».

«Lo triste es que la mayoría de los gazatíes son expulsados del 48»

«El impacto de esta guerra va a durar mucho tiempo. La pena seguirá ahí»

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JAVIER BARBANCHO
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