El Mundo Madrid Int

Monique Olivier, la ‘asistente’ del monstruo francés

Arranca el juicio contra la esposa de Michel Fourniret, considerad­o el mayor asesino en serie de Francia, por tres muertes no resueltas de las decenas de crímenes perpetrado­s durante décadas

-

que tuvo en las monstruosi­dades cometidas por su marido, es tan oscura que la plataforma Netflix le ha dedicado un documental. Lo macabro de su relación queda claro en el detalle de cómo se conocieron: él estaba en la cárcel por abuso de menores y fue ella la que respondió a su llamada de socorro y comenzó a escribirle cartas, a pesar de la condena que pesaba sobre él. Poco le importó a Monique, y esa relación epistolar acabó en matrimonio.

Con el pelo corto gris, el rostro inexpresiv­o e inquietant­e de la mujer arroja uno de los perfiles criminales más siniestros y manipulado­res que recuerda Francia. Durante décadas ayudó a su marido a capturar niñas, raptarlas y dejárselas «a punto» para que él las violara. Después, su esposo las mataba.

Michel Fourniret murió hace dos años y ahora es Olivier, de 75 años, la que rinde cuentas ante la justicia por algunos de los casos.

Se la juzga, a partir de ayer y durante tres semanas, por complicida­d en tres casos criminales que llevan abiertos décadas y que cayeron en el limbo. El más antiguo se remonta a 1988: es el de la desaparici­ón de Marie-Angèle Domèce, una joven de 18 años que se volatilizó cuando salía de su casa de acogida para personas con discapacid­ad. «Donde lo coloqué (el cadáver), nadie lo encontrará jamás», reconoció Monique en uno de los interrogat­orios.

Los otros son los casos de Joanna y Estelle, desapareci­das en 1990 y 2003. El cuerpo de la primera, británica de 20 años, se encontró ese año. Había puesto un anuncio para dar clases de inglés y los investigad­ores creen que eso sirvió de reclamo al matrimonio para captarla. Fue violada y estrangula­da. La segunda (Estelle) era una niña: tenía nueve años cuando desapareci­ó mientras volvía del colegio.

Antes hubo otras víctimas: 11 reconocida­s por él, pero se sospecha que pudo estar implicado en más desaparici­ones ocurridas en Bélgica. La acusada, que ha sido interrogad­a más de un centenar de veces, admite su implicació­n y ya está condenada a cadena perpetua, pero este juicio permitirá arrojar luz sobre los casos citados y saber qué ocurrió. «La única que hoy tiene los detalles de los crímenes es ella. Es la dueña de la historia» apunta el abogado de parte de las víctimas, Didier Sebas.

La pareja fue arrestada en 2003, tras el intento de secuestro de una joven en Bélgica, más de una década después de la primera muerte. Tras varios interrogat­orios, ella lo confesó todo: salían a la caza de víctimas, siempre jóvenes y a ser posible vírgenes, y se las arreglaban para meterlas en el coche. Este era el modus operandi y ella era el cebo: era mujer y daba confianza a las menores. Algunos se plantean si Monique era también una «víctima» del monstruo, manipulada por su propio marido.

Cuando se empezaron a cartear, ella se acababa de divorciar y había perdido la custodia de sus hijos.

Después, empezó a visitarle en la cárcel, de donde él acaba saliendo por buena conducta. Fourniret había estado casado en dos ocasiones. Su primera mujer, con quien tuvo un hijo, pidió el divorcio después de que fuera condenado por agresión sexual de menores, lo que no impidió que se casase una segunda vez con otra mujer, con la que tuvo tres hijos.

Se les juzgó en 2008 por los casos en los que había más pruebas, un total de siete, pero quedaron otros pendientes, los tres citados, además de otras desaparici­ones sin resolver y en las que los investigad­ores creen que pudo tener algo que ver. Él mismo, poco antes de morir, pidió que se le imputaran los tres cargos citados, «por el riesgo de mi fin prematuro o de la pérdida de mis facultades mentales», decía el asesino en serie, para «poder dar explicacio­nes a las familias».

Olivier «no tiene ninguna empatía por las víctimas», declaró Sebas. El letrado reconoció que el caso del matrimonio Fourniret «es uno de los mayores fracasos policiales» en Francia. Desde que salió de prisión y durante más de una década, a pesar de los delitos por los que se le había condenado, el asesino nunca fue detenido ni interrogad­o por la policía. El perfil psicológic­o que se le realizó arrojó un «ser malvado, egocéntric­o, obsesionad­o por el fantasma de la virginidad (de las mujeres) y despojado de todo sentimient­o humano».

En el mercado calculan que Minsait podría valorarse, en el marco de una eventual operación, en alrededor de 2.000 millones.

PLANTILLA.

A excepción de su departamen­to financiero, todo Minsait, con 40.000 empleados, opera ya con autonomía.

CARTERA.

Indra cerró septiembre con los pedidos en máximos históricos, en casi 7.000 millones, con un alza del 17% de esta partida.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain