El Mundo Madrid Int

Una extraña paliza en Belgrado

El Madrid destroza a un triste Maccabi / Debut de Hugo González

- LUCAS SÁEZ-BRAVO

En la tristeza de un pabellón tan ardiente como la Sala Pionir completame­nte en silencio como si la pandemia estuviera de vuelta, en la rareza de un equipo exiliado por culpa de una guerra, uno de los clásicos con más solera y rivalidad del baloncesto continenta­l quedó deslucido. El Madrid elevó sin demasiados problemas su cuenta en la Euroliga, 10-0 de carrerilla, un inicio brutal, ante un Maccabi sin empuje en las tribunas y sin corazón en la cancha. Una paliza marcada por las circunstan­cias.

Se podría concluir que todo quedó resuelto en los 10 primeros minutos, aunque quizá lo estuviera ya antes. ¿Cómo mantener la cabeza en el baloncesto cuando todo alrededor es incertidum­bre? El Maccabi es un equipo triste y el amanecer resultó insólito.

Sin Yabusele ni Causeur, con el panorama de un calendario insoportab­le hasta Navidad (mañana visita al Fenerbahçe), el Madrid deambulaba por la pista como si no tuviera rival enfrente, anotando con tal facilidad que se fue a los 36 puntos en solo el primer acto. Entre el chirriar de zapatillas y unas gradas en las que apenas lucían unas pancartas, Tavares anotaba bajo el aro sin oposición, un mate tras otro (15 puntos en un suspiro), y Campazzo surtía a diestro y siniestro ante un rival que perseguía sombras. Cuando el Maccabi quiso enchufarse a la batalla, ya tenía una losa de 19 puntos encima. Espabiló algo, con más inercia que fe, en el segundo acto gracias al desacierto blanco desde el perímetro, al bajón con la segunda unidad –Poirier no aprovechó tantos las concesione­s en ese tramo– y a la irrupción de Nebo en la pintura.

Pero los de Tel Aviv eran un equipo en shock. Obligado a establecer­se en Belgrado, lejos del calor de La Mano de Elías –impensable hubiera resultado final en ese escenario– y sin saber demasiado cómo se resolverá su porvenir si se mantiene el conflicto bélico entre Israel y Gaza, el conjunto de Kattash –con el español Chema Berrocal de ayudante– no muestra el poderío que indica su plantilla, con Lorenzo Brown y Wade Baldwin como estandarte­s. Viene combinando minutos decentes con desconexio­nes asombrosas, aunque la semana pasada llevara al límite al Barça.

Contra el Madrid, como si Tavares fuera un muro inexpugnab­le, hubo pocos atisbos de remontada. A la vuelta, de nuevo estiraron la cuerda los visitantes, con Hezonja alargando el momento brillante por el que atraviesa, confianza para darle una preciosa asistencia por la espalda al propio Tavares. Ahí llegó un 110, por primera vez cerca los hebreos (54-60), ramalazos de talento de Baldwin y Lorenzo, aunque pronto pusieron orden Campazzo, Musa y, sobre todo, Hezonja, un 2-16 de vuelta para dejarlo encarrilad­o. Porque todo lo demás fue un castigo que sobraba. En ese tramo extraño se produjo, sin embargo, un hecho que se recordará: debutó Hugo González a sus 17 años en la Euroliga.

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AP Tavares y Colson, ayer en Belgrado.

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