El Mundo Madrid Int

De laureado militar a estrangula­dor

El asesino de Leticia participó en la operación Balmis y en una expedición científica a Perú

- DANIEL J. OLLERO

El capitán Antonio P. C. (42) echó a perder su carrera meteórica en el Ejército de Tierra cuando, empleando sus propias manos, arrebató la vida a su pareja, Leticia T.C., de 37 años, ante la impotente mirada de sus dos hijas, de dos y tres años de edad. Un crimen que el propio oficial notificó al 112 a las 16:59 de la tarde del pasado 25 de noviembre, rubricando así el fin de una intachable hoja de servicio en la que figuran expedicion­es científica­s al extranjero, artículos académicos, becas, másteres universita­rios, ascensos y misiones. Leticia quedó malherida y murió el pasado lunes.

«Soy [un] chico tranquilo, estudiante, trabajador y con ilusiones, pero necesito una chica con quien compartir el futuro y donde apoyarme». Así se presenta el capitán en una página web de citas para ligar con mujeres, en la que todavía mantiene su perfil abierto. Sin embargo, esta descripció­n choca radicalmen­te con la que proporcion­ó su hija de tan solo tres años al narrar a los investigad­ores cómo su padre, de 1,83 metros de altura y constituci­ón atlética, golpeó a su madre contra la pared y le gritó violentame­nte.

Un arranque de violencia que culminó en una estrangula­ción mortal que contradice el carácter amable, profesiona­l, metódico y tranquilo que este oficial intentaba transmitir sobre sí mismo en las numerosas colaboraci­ones que, desde el año 2012, tras abandonar la Academia General Militar de Zaragoza con el empleo de Teniente, venía realizando en revistas del ámbito del ministerio de Defensa. Dos años después, en 2014, fue elegido para participar como representa­nte del Ejército de Tierra en una misión científica en el Valle Sagrado de los Incas, en la provincia de Cusco (Perú). Una expedición financiada con fondos de la Unión Europea que tenía como objetivo «la retransmis­ión en directo del eclipse de Luna» desde dicho enclave arqueológi­co estratégic­amente posicionad­o para la observació­n de cuerpos celestes.

«A 3.400 metros sobre el nivel del mar, la fatiga causada por el viaje y el oxígeno enrarecido pasaban inexcusabl­emente factura: el soroche o mal de altura estaba al acecho y nada mejor que el remedio ancestral de la hoja de coca, mascada o en infusión, para paliarlo», escribió sobre su viaje.

Dos años después, se publicó oficialmen­te su promoción al empleo de Capitán. También recibió becas para estudiar cursando la VIII promoción del Máster en Logística y Gestión Económica de la Defensa en la Universida­d Complutens­e de Madrid, donde presentó un trabajo de fin de máster sobre la implementa­ción de proyectos de mantenimie­nto predictivo en los equipos militares.

Se presentaba como «un chico tranquilo» en una web de citas

Tras defender su TFM, nació su primera hija y participó en la Balmis –sobre la que escribió un artículo científico ilustrado con una mascara para respirar– para prestar auxilio durante la pandemia del coronaviru­s. Sin embargo, tres años más tarde, el laureado capitán, que había batallado contra el Covid y el mal de altura, asfixió a la madre de sus propias hijas.

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E.M. El militar en la región de Cusco.
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