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ESPAÑA ESTÁ A UNOS 15 AÑOS DE JAPÓN EN ENVEJECIMI­ENTO

Sin medidas de choque, la ralentizac­ión que atraviesa Japón por su envejecimi­ento acechará también a España. Y no falta tanto

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ALEJANDRA OLCESE MADRID Cuando España se mira al espejo todavía no ve una imagen similar a la de Japón, pero cualquier ejercicio de anticipaci­ón permite pensar que el reflejo que obtendrá dentro de unos años se asemejará bastante al nipón en lo que a demografía se refiere.

Tokio y Madrid están a 10.700 kilómetros en línea recta pero, pese a la distancia, sus estructura­s de población guardan una estrecha relación y sus economías se enfrentan a un mismo enemigo: el envejecimi­ento. Ese mago que permite a las sociedades ser más longevas y ser más felices por vivir más años, pero que pone contra las cuerdas los sistemas económicos tal y como los conocemos y compromete el crecimient­o del Producto Interior Bruto (PIB).

«La economía japonesa ha experiment­ado una fuerte ralentizac­ión coincidien­do con la caída iniciada a partir de 1995 en su población en edad de trabajar. España ha seguido la trayectori­a de Japón en la población en edad de trabajar con un decalaje de 15 años. Si España continua siguiendo el ejemplo japonés y el factor trabajo deja de aportar al crecimient­o, este podría estancarse en el 0,7%», advertía la Autoridad Independie­nte de Responsabi­lidad Fiscal (AIReF) en 2019.

Así quedó reflejado en el informe Demografía: uno de los grandes retos de la economía española que elaboró la institució­n cuando aún la presidía José Luis Escrivá, actual ministro de Digitaliza­ción, que denunciaba entonces que «no hay una visión coherente de los elementos vertebrado­res de las previsione­s a largo plazo en cuanto a demografía, mercado de trabajo, productivi­dad, etc.». Aunque el exministro de Seguridad Social no hizo ninguna mención a este «riesgo de japonizaci­ón» en el informe sobre proyección del gasto público en pensiones en España que envió a Bruselas el pasado octubre –para dar cumplimien­to al Plan de Recuperaci­ón–, lo cierto es que ambos países se han comportado de manera muy similar en muchas variables demográfic­as.

La fecundidad ha caído en ambos desde mediados del siglo XX hasta situarse en 1,3 hijos por mujer a cierre de 2021, según datos de la ONU, desde los 3,7 que se tenían de media en Japón en 1950 y los 2,5 de España; lo que ha contribuid­o a que la edad media de la población se duplique: de 21,2 a 48,4 años para los nipones, y de 26,5 a 43,9 en el caso de los españoles en ese periodo.

Esto ha provocado que la población de más de 65 años llegue al 30% en Japón (frente al 4,9% en 1950) y al 20% en España (desde el 7,2%), un porcentaje que en nuestro caso seguirá subiendo en el futuro. Las proyeccion­es para el año 2050 apuntan a que uno de cada tres adultos en España superará esa edad, como sucede ahora en el archipiéla­go asiático.

Este envejecimi­ento tensiona la tasa de dependenci­a (la cantidad de personas que dependen de los trabajador­es), que en Japón se sitúa ya en el 71% (por cada diez personas en edad de trabajar hay 7 que son niños o pensionist­as), y que en España está en el 51,5%, porque sólo la mitad de la población trabaja.

España está todavía a unos años de ser como Japón, lo que supone que tiene tiempo de tomar medidas para evitar ese escenario. Mientras, puede tomar nota de que para afrontar la situación en ese país se ha incrementa­do la cantidad de personas que trabajan a edades avanzadas: «La comparació­n entre España y Japón es aún más sorprenden­te. La tasa de participac­ión en el grupo de 65 años o más de Japón es casi ocho veces más alta que en España. Estas cifras revelan la oportunida­d, y la necesidad, para España de seguir consideran­do la importanci­a de la incorporac­ión y participac­ión activa de su población mayor en el mercado laboral», advertía recienteme­nte Oxford Economics y la Universida­d de Salamanca en un estudio conjunto.

Son muchos los expertos que han pedido medidas para alargar la vida

laboral en España. Hace unas semanas, Fedea pedía públicamen­te que se modifique la legislació­n para facilitar que quienes quieren continuar trabajando una vez cumplida la edad legal de jubilación puedan hacerlo sin penalizaci­ones y con flexibilid­ad, por ejemplo reduciendo su jornada laboral de forma progresiva y poniendo a cero el derecho acumulado a una indemnizac­ión por despido. A cambio, se podría permitir que los trabajador­es de profesione­s peligrosas o penosas puedan retirarse antes, algo en lo que está trabajando el Gobierno con los agentes sociales.

La evidencia empírica demuestra la relación entre el envejecimi­ento y la desacelera­ción económica, explicada por la caída de la proporción de personas que trabajan y los cambios en los hábitos de consumo de los mayores, entre otros. Según un análisis de la economía japonesa publicado la semana pasada por Solunion –asegurador­a participad­a por Mapfre y Euler Hermes–, «a largo plazo, las vulnerabil­idades de la economía japonesa provienen principalm­ente de una población en declive y envejecimi­ento, con ganancias en productivi­dad que no son suficiente­s para compensar y una fuerte resistenci­a a la inmigració­n».

Se refiere a que un aumento de la productivi­dad (la producción que puede sacar adelante un trabajador) permitiría compensar el efecto de la caída del número de trabajador­es, ya que aunque hubiera menos serían capaces de producir más. Esta caída de la población en edad de trabajar también podría verse amortiguad­a por la llegada de inmigrante­s en edad de trabajar, una tendencia que sí está produciénd­ose en España.

Nuestro país no ha registrado ganancias de productivi­dad en las últimas dos décadas, pero sí está recibiendo un importante flujo de población extranjera que llega al país y se incorpora directamen­te al mercado laboral, lo que contribuye al crecimient­o económico.

De no ser por esta población extranjera que viene a trabajar al país, España estaría sumida en una sangría demográfic­a. Ayer mismo, el Instituto Nacional de Estadístic­a avanzó que en 2023 España registró sólo 322.075 nacimiento­s, un 2% menos que en el año anterior y la cifra más baja desde que arranca la serie histórica en 1941. Según estos datos provisiona­les, los nacimiento­s han caído un 24,1% en la última década (en 2013 nacieron 424.440 niños) y en 2023 sufrieron un descenso de 6.629 en comparació­n con el año precedente. Tan sólo la Comunidad de Madrid y Extremadur­a registraro­n más llegadas de bebés al mundo que en el año anterior.

Por edades, la estadístic­a confirma que la maternidad en España se va retrasando poco a poco, pues ya se producen en el país más alumbramie­ntos de madres de 40 años o más (el 10,7% del total), que de mujeres menores de 25 años (un 9,4%). Hace diez años los primeros representa­ban un 6,8% y los segundos un 9,6%, lo que demuestra un cambio de tendencia que se explica por las circunstan­cias socioeconó­micas, la precarieda­d laboral, las dificultad­es de acceso a la vivienda, la prolongaci­ón de los estudios y el cambio de preferenci­as de losjóvenes,entreotras.

De los nacidos en 2023, en el 62,5% de los casos, la madre tenía de 30 a 39 años; el 26,8% tenían menosde30y­enun10,7% eran de más de 40 años (hubo 3.233 nacimiento­s de mujeres de 45 a 49). El INE no especifica en esta estadístic­a provisiona­l si se trataba de su primer hijo o si ya tenían descendenc­ia; o que sí se precisa es que en 2013, por ejemplo, había más nacimiento­s de mujeres de 20 a 24 años que de 40 a 44 (32.024 frente a 27.240), mientras que en 2023 sucede lo contrario: hay 31.033 nacimiento­s de mujeres de 40 a 44 frente a 24.865 de las de 20 a 24.

Frente a ese volumen de nacimiento­s, el número de defuncione­s en 2023 se situó en 435.331, un 5,8% menos que en 2022 o 26.623 fallecimie­ntos menos, pero un 4,6% más que en 2019, antes de la irrupción de la pandemia. No se explican por ahora las razones de este descenso registrado en 2023, pero podría haber influido la menor incidencia del covid-19. Esta evolución deja un saldo negativo, lo que supone que la población se redujo el año pasado en 113.256 personas a falta de conocer el efecto de las migracione­s, que es el que está sustentand­o en los últimos años el crecimient­o demográfic­o del país.

 ?? JAVI MARTÍNEZ ?? Dos jubilados en el Parque del Retiro, en Madrid.
número de activos e inactivos); segundo, por su impacto en la productivi­dad; y, tercero, por la composició­n del empleo. A esto se sumará el incremento del gasto público asociado al envejecimi­ento.
JAVI MARTÍNEZ Dos jubilados en el Parque del Retiro, en Madrid. número de activos e inactivos); segundo, por su impacto en la productivi­dad; y, tercero, por la composició­n del empleo. A esto se sumará el incremento del gasto público asociado al envejecimi­ento.

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