“Pue­do hacer de ni­ña pi­ja”

El País (1ª Edición) - - PORTADA -

Se pre­sen­ta con su co­le­ta ti­ran­tí­si­ma, su mo­chi­la a la che­pa y sus ga­fas de mio­pe y pa­re­ce una cría re­cién sa­li­da del ins­ti­tu­to. To­do y na­da que ver con la po­de­ro­sa y frá­gil pre­sen­cia de Lo­la, la gi­ta­na enamo­ra­da de la no­via de su pri­mo que en­car­na en Car­men y Lo­la. Su pri­mer cas­ting, su pri­me­ra pe­lí­cu­la, su bau­ti­zo para mu­chas co­sas. Mon­tó por pri­me­ra vez en avión para pre­sen­tar­la en Can­nes, don­de cum­plió 18 años. Y el día que su­po que es­ta­ba no­mi­na­da a los Go­ya, hi­zo 16 que ha­bía muer­to su pa­dre. En cuan­to abre la bo­ca, la pri­me­ra im­pre­sión se eva­po­ra. Ro­me­ro se co­me la cá­ma­ra, al fo­tó­gra­fo y a la en­tre­vis­ta­do­ra. A las prue­bas me re­mi­to.

Vie­ne a ca­ra la­va­da. ¿De­ja to­do el bri­llo para los Go­ya?

Ten­go el ves­ti­do en mi pen­sa­mien­to, me lo es­tán ha­cien­do. Voy a mez­clar lo ele­gan­te y lo es­pa­ñol. Os vais a que­dar muer­tos. ¿A los 18, se es ni­ña o mu­jer? De­pen­de de dón­de es­té. Con mis pri­mas, jue­go a las mu­ñe­cas, por­que no ju­gué de ni­ña. Pe­ro, en ca­sa, si mi ma­dre es­tá tra­ba­jan­do, cui­do de mi abue­lo, o ayu­do a mi her­mano pe­que­ño con los es­tu­dios, y asu­mo el pa­pel de ma­dre. ¿Y có­mo an­da­mos de pa­vo? Va ma­du­ran­do con­mi­go. De he­cho, yo en la pe­lí­cu­la, co­mo no sa­bía ac­tuar, ju­ga­ba, y ten­go muy mal per­der. Lo doy to­do siem­pre.

Su per­so­na­je, Lo­la, su­fre el re­cha­zo de los su­yos. ¿De dón­de ti­ró para ex­pre­sar ese do­lor?

Mi pa­dre mu­rió cuan­do yo te­nía dos años. Su fa­mi­lia nos re­pu­dió. Por eso mi pri­mer ape­lli­do es Ro­me­ro, el de mi ma­dre y mi abue­lo, el hom­bre de mi ca­sa y al que le pe­dí per­mi­so para la pe­li. Aho­ra mis tíos me re­pro­chan que no use el de mi pa­dre. Es tar­de. ¿Liga más des­de la pe­lí­cu­la? Bueno, la ver­dad es que siem­pre he li­ga­do, pe­ro aho­ra me en- tran mu­chas chi­cas por las re­des. Soy he­te­ro­se­xual, pe­ro eso no quie­re de­cir que no me ha­la­gue.

¿Le cos­tó ex­pre­sar de­seo fí­si­co por una mu­jer sien­do he­te­ro?

Mu­chí­si­mo. El amor, no. Pe­ro lo otro... Para po­ner­nos a tono, Rosy se pu­so la co­lo­nia de al­guien que yo co­no­cía, y yo la de su ma­ri­do. Ce­rrá­ba­mos los ojos y nos ima­gi­ná­ba­mos a la otra per­so­na.

Creo que al­gu­nos fi­gu­ran­tes las in­sul­ta­ban en el ro­da­je.

Nos de­cían que, sien­do gi­ta-

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