Vuel­ta a lo cas­ti­zo

El País (Nacional) - - PÁGINA 2 - Jorge M. Re­ver­te

Las fotos son es­tre­me­ce­do­ras, y no dan lu­gar a nin­gún equí­vo­co. No han si­do ma­ni­pu­la­das por nin­gu­na agen­cia ru­sa pa­ra al­te­rar las elec­cio­nes lo­ca­les de Ma­drid el año que vie­ne. Son ge­nui­nas.

Son las fotos que de­mues­tran lo au­tén­ti­co del ma­dri­le­ñis­mo de los par­ti­dos po­lí­ti­cos. Y hay dos que se des­ta­can de los otros por­que te­nían una his­to­ria vir­gi­nal y la han per­di­do, ya irre­mi­si­ble­men­te. Y to­do por una vi­se­ra o por una flor co­lo­ca­da a uno de los la­dos de la ca­be­za con más o me­nos sa­le­ro.

Hay ate­nuan­te, aun­que no sea muy grande, y es que los dis­fra­ces de chu­la­pas y chu­la­pos son ca­si irre­sis­ti­bles: esa go­rri­lla a cua­dros tor­ci­da, esas fal­das y pan­ta­lo­nes bien ce­ñi­dos, esas cha­que­ti­llas cor­tas… ¿có­mo se pue­de de­jar pa­sar la opor­tu­ni­dad? Y lue­go es­tá la his­to­ria. Na­die sa­be na­da so­bre el fol­klo­re de Ma­drid que ten­ga el me­nor pe­so. El cho­tis es un ri­dícu­lo bai­le cen­troeu­ro­peo en el que un ti­po se de­ja re­mol­car por su pa­re­ja so­bre un bal­do­sín. No hay más. Los hom­bres ha­blan con de­je chu­les­co y ahí se aca­bó el re­per­to­rio.

Quim To­rra y los su­yos es­ta­rían en­can­ta­dos en la Pra­de­ra de San Isi­dro asis­tien­do a la más va­cua re­pre­sen­ta­ción del or­gu­llo par­ti­cu­la­ris­ta que se da en Es­pa­ña y que es­ta­ba lan­gui­de­cien­do ella so­li­ta has­ta que al­gún ex­per­to en marketing po­lí­ti­co des­cu­brió que una fies­ta así te­nía que com­pe­tir con las de cor­ta­do­res de tron­cos o los con­cur­sos de dan­zas ver­ti­gi­no­sas co­mo la sar­da­na.

No hay el me­nor res­to del Ma­drid ilus­tra­do en es­ta fies­ta en la que po­lí­ti­cos de to­dos los par­ti­dos co­men bar­qui­llos sin fe­cha de ca­du­ci­dad y bai­lan sin tino al son de un or­ga­ni­llo sin afi­nar que to­ca siem­pre lo mis­mo, que hi­zo Agus­tín La­ra en pleno ata­que de com­pa­sión.

Lo que pa­sa es que en esa pra­de­ra no hay un so­lo vo­to que re­co­lec­tar, sino gen­tes que bus­can un pre­tex­to pa­ra di­ver­tir­se, aun­que sea ese, y al­gu­nas aso­cia­cio­nes que bus­can sub­ven­cio­nes pa­ra que no se ex­tin­ga la go­rra de cua­dros.

Hay más vo­to en cual­quier ba­rrio al que los ayun­ta­mien­tos del PP de­ja­ron sin au­la pú­bli­ca de mú­si­ca. Vo­to que es­tá es­pe­ran­do a ir a una ur­na a ver si hay al­gu­na pro­pues­ta se­ria pa­ra ha­cer su ba­rrio me­jor.

En Ma­drid, aun­que al­gu­nos lle­ven go­rri­lla el 15 de ma­yo, hay una tra­di­ción ilus­tra­da que hoy re­co­gen me­jor al­gu­nos gru­pos de rap o de rock du­ro que quie­nes bai­lan mal el cho­tis y jue­gan a la es­tú­pi­da lo­te­ría con bar­qui­llo de pre­mio.

Que us­te­des se di­vier­tan. Qué cas­ti­zos.

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