Ne­gro.

El País Semanal - - DOCUMENTOS -

No es con­ce­bi­ble una pin­tu­ra sin la pre­sen­cia del ne­gro. En una u otra pro­por­ción, el ne­gro vie­ne a ser co­mo el asien­to fun­da­men­tal del ser cro­má­ti­co. In­clu­so cuan­do pa­re­ce que se en­cuen­tra co­mo sim­ple o pe­que­ño acom­pa­ñan­te, su par­ti­ci­pa­ción po­see el má­xi­mo va­lor pa­ra la com­po­si­ción. Sin ne­gro no hay vi­da. Con­tra­ria­men­te a lo que vie­ne a ser co­mún, el blan­co pue­de mi­nar la be­lle­za de un cua­dro con más pro­ba­bi­li­dad que el ne­gro. El blan­co ma­ta, el ne­gro pro­cu­ra in­mor­ta­li­dad. La apro­pia­da ra­ción de uno y otro hu­ma­ni­za. Es el equi­li­brio ca­nó­ni­co que enal­te­ce al cua­dro.

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