FE DE ERRO­RES

El País (1ª Edición) - - PORTADA -

La Di­rec­ción Ge­ne­ral de Trá­fi­co se ha vis­to for­za­da a emi­tir una nue­va cam­pa­ña. El nú­me­ro de fa­lle­ci­dos en la ca­rre­te­ra ha au­men­ta­do. Ima­gí­ne­se ir con­du­cien­do con el te­lé­fono en la mano de­re­cha, con unas co­pas de más y por la no­che. De re­pen­te, un co­che en un cru­ce im­pac­ta a tu la­do por­que “por des­pis­te” te ha­bías sal­ta­do un stop. Con una pier­na des­tro­za­da y el bra­zo con un án­gu­lo ex­tra­ño, te acer­cas al otro vehícu­lo pa­ra com­pro­bar el es­ta­do de los pa­sa­je­ros; sus ca­ras son co­mo dos ma­za­zos en tu cabeza, uno por ca­da per­so­na que aca­bas de ma­tar, exac­to, eres un ase­sino. La se­gu­ri­dad es al­go que nos pro­te­ge co­mo un es­cu­do, sin em­bar­go, es un es­cu­do que nos po­de­mos qui­tar cuan­do que­ra­mos. No lo ha­ga­mos. Pen­se­mos en las con­se­cuen­cias. Pen­sar es una vir­tud, pen­sar sal­va vi­das y te sal­va la vi­da. To­más Mon­ti­lla Gar­cía

Ma­drid Uno de mis com­pa­ñe­ros de cla­se aca­ba de vol­ver de la Olim­pia­da Ibe­roa­me­ri­ca­na de Fí­si­ca. Y la ver­dad es que no sé có­mo lo ha con­se­gui­do. En años an­te­rio­res, el Go­bierno fi­nan­cia­ba es­te via­je, pe­ro es­te año no ha si­do así. Por suer­te, cuan­do pa­re­cía im­po­si­ble, al­gu­nos si­guie­ron lu­chan­do por ese sue­ño, me re­fie­ro a las per­so­nas que co­la­bo­ra­ron a tra­vés de un crowd­fun­ding or­ga­ni­za­do por los pro­pios olím­pi­cos. Ellos di­je­ron sí a que a nues­tros es­tu­dian­tes se les re­com­pen­sa­ra por su es­fuer­zo de pre­pa­rar­se du­ran­te to­do el año, sí a apo­yar el in­te­rés por el co­no­ci­mien­to y las ga­nas de su­pe­rar- se y, so­bre to­do, sí a in­ver­tir en la edu­ca­ción. Y su vo­to de con­fian­za no ha si­do en vano: el equi­po es­pa­ñol ha vuel­to a ca­sa lleno de me­da­llas, tres de bron­ce y una de oro de Pa­blo Cria­do. So­lo un ejem­plo más de que cuan­do se apues­ta por la edu­ca­ción, se con­si­guen co­sas. Es­pe­ro que po­da­mos se­guir de­mos­trán­do­lo por mu­chos años más.

Ja­vier Ro­drí­guez Las Ro­zas de Ma­drid Que Es­pa­ña es di­fe­ren­te lo sa­be­mos to­dos: por su cul­tu­ra, por sus cos­tum­bres y por su par­ti­cu­lar for­ma de ser. Pe­ro da­das las cir­cuns­tan­cias del día a día de la so­cie­dad es­pa­ño­la co­mo los ca­sos de co­rrup­ción, los ase­si­na­tos de mu­je­res, los atra­cos, las es­ta­fas o el nar­co­trá­fi­co, no nos di­fe­ren­cia­mos de las his­to­rias de la no­ve­la pi­ca­res­ca de ha­ce si­glos. Me re­fie­ro al La­za­ri­llo de Tor­mes, a los per­so­na­jes de La Lo­za­na an­da­lu­za, a las an­dan­zas de don Pa­blos en La vi­da del Bus­cón, a las vi­ven­cias en El Pa­tra­ñue­lo, a los di­mes y di­re­tes en El Dia­blo Co­jue­lo y a un sin­fín de per­so­na­jes más. Es­pa­ña si­gue sien­do una no­ve­la pi­ca­res­ca en to­do su con­jun­to, se­gui­mos an­cla­dos en ese pe­rio­do no­ve­les­co, con la úni­ca di­fe­ren­cia de que en nues­tro si­glo se han im­plan­ta­do las nue­vas tec­no­lo­gías, fac­tor que en oca­sio­nes ha­ce au­men­tar ese ni­vel o gra­do de pi­ca­res­ca. Jo­sé A. Ávi­la López Te­rras­sa (Bar­ce­lo­na) Por un error, la co­lum­na de Fer­nan­do Sa­va­ter apa­re­ci­da en la úl­ti­ma pá­gi­na de la edi­ción de ayer co­rres­pon­de a un tex­to pre­via­men­te pu­bli­ca­do ba­jo el tí­tu­lo Pe­da­go­gía. Los tex­tos tie­nen que en­viar­se ex­clu­si­va­men­te a EL PAÍS y no de­ben te­ner más de 100 pa­la­bras (700 ca­rac­te­res sin es­pa­cios). De­ben cons­tar nom­bre y ape­lli­dos, ciu­dad, te­lé­fono y DNI o pa­sa­por­te de sus au­to­res. EL PAÍS se re­ser­va el de­re­cho de pu­bli­car­los, re­su­mir­los o ex­trac­tar­los. No se da­rá in­for­ma­ción so­bre es­tas co­la­bo­ra­cio­nes.

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