El si­len­cio

El País (1ª Edición) - - PORTADA -

Al­ber­to Co­ne­je­ro. “La obra arran­ca cuan­do un hom­bre que se ha re­fu­gia­do en el si­len­cio se ve obli­ga­do a ha­blar y, por lo tan­to, a or­de­nar sus pen­sa­mien­tos. Con­tán­do­nos nos com­pren­de­mos. Esa es la fun­ción del tea­tro. Es­ta obra ha­ce una apues­ta ra­di­cal por el si­len­cio co­mo ac­to sub­ver­si­vo. Es un in­ten­to de es­ca­par del rui­do del­mun­do. En es­te sen­ti­do, ese mun­do ve­ge­tal que apa­re­ce en la obra nos da mu­chas lec­cio­nes”.

Luis Lu­que. “Hoy el si­len­cio es un ac­to de pro­vo­ca­ción. En la obra se es­cu­chan los si­len­cios y se in­vi­ta al es­pec­ta­dor a va­lo­rar­los, vi­vir­los y emo­cio­nar­se con ellos. Con esos si­len­cios, co­bra más im­por­tan­cia la pa­la­bra y que­da lo esen­cial. De­ja­mos que las plan­tas res­pi­ren y que ha­blen los fan­tas­mas y los re­cuer­dos”. tur­go tie­ne que ver con la ges­tión de los re­cuer­dos y de có­mo, por de­fec­to o por ex­ce­so, uno de­be te­ner una re­la­ción sa­na con sus re­cuer­dos”.

L. L. “La fun­ción plan­tea có­mo vi­vir con nues­tra me­mo­ria de la me­jor ma­ne­ra. El do­lor te ara­ña pa­ra siem­pre, pe­ro yo no pue­do ni quie­ro es­ca­par a lo que soy, ni a lo que he vi­vi­do, por­que ese es el ali­men­to de mis pro­pues­tas. Mi tea­tro vi­ve de mis re­cuer­dos”.

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