“Los dis­cur­sos de los po­lí­ti­cos son in­fan­ti­les, sim­ples y tea­tra­les”

El País (1ª Edición) - - PORTADA -

Ma­nue­la Car­me­na (Ma­drid, 74 años) tie­ne un des­pa­cho mo­des­to y aco­ge­dor en un pa­la­cio de pa­si­llos an­chos y cris­ta­le­ras. En el cen­tro de una­me­sa de reunio­nes hay ce­ni­ce­ros de bol­si­llo pa­ra las vi­si­tas, por­que pa­ra la al­cal­de­sa de Ma­drid que la ciu­dad es­té lim­pia es, en gran me­di­da, cues­tión de ci­vis­mo. Con fir­me­za, in­vi­ta a usar los per­che­ros de su ofi­ci­na y cri­ti­ca la tea­tra­li­dad de la cla­se po­lí­ti­ca. Pa­ra su can­di­da­tu­ra pre­fie­re “per­so­nas que es­tén en la vi­da civil, no tan­to en los apa­ra­tos” de los par­ti­dos.

Pregunta. ¿Qué que­da de esos pri­me­ros días de ca­ma­ra­de­ría y leal­tad en sus fi­las?

Res­pues­ta. En el fon­do no nos co­no­cía­mos. Hu­bo que ha­cer to­do un pro­ce­so de aco­mo­da­ción del grupo y sur­gie­ron ele­men­tos muy aglu­ti­nan­tes, pe­ro tam­bién dis­cre­pan­tes. Lue­go hu­bo com­pa­ñe­ros que se sin­tie­ron más in­có­mo­dos y con los que hu­bo que es­ta­ble­cer unas cier­tas nor­mas pa­ra re­gu­lar el desacuer­do.

P. ¿La di­fe­ren­cia en­tre aque­lla can­di­da­ta y la que va a ser aho­ra es­tá en ha­cer equi­po?

R. Sí, claro. El equi­po tie­ne que ser el que se ha con­so­li­da­do y, a par­tir de ahí, me­jo­rar­lo y ha­cer­lo mu­cho más aglu­ti­nan­te. Cuan­do se hi­cie­ron las can­di­da­tu­ras, no so­lo la nues­tra, se re­fle­xio­nó po­co so­bre las mu­ni­ci­pa­les. Por­que no se eli­ge a unos dipu­tados co­mo en las elec­cio- nes ge­ne­ra­les, sino que se eli­ge, en­tre co­mi­llas, a unos mi­nis­tros que van a ser los que van a eje­cu­tar la po­lí­ti­ca mu­ni­ci­pal. El al­cal­de no pue­de nom­brar a un con­ce­jal de cul­tu­ra que no sea con­ce­jal. Con lo cual, hay que pre­pa­rar el equi­po eje­cu­ti­vo, por­que es un grupo de ac­ción, no es un equi­po de de­ba­te.

P. ¿En sus pri­ma­rias ca­da can­di­da­to ten­drá asig­na­da su fu­tu­ra fun­ción?

R. Sí. Lo mis­mo si es el con­ce­jal de un dis­tri­to co­mo si es el de un área. Lo que pre­ten­de­mos es que sea una can­di­da­tu­ra del Go­bierno mu­ni­ci­pal. Pregunta. ¿No es arries­ga­do aco­me­ter la res­tric­ción al trá­fi­co de Ma­drid Cen­tral tan cer­ca de las elec­cio­nes?

Res­pues­ta. No nos preo­cu­pa mu­cho. El ob­je­ti­vo no pue­de ser ga­nar las elec­cio­nes, el ob­je­ti­vo es ha­cer las co­sas bien. Es cu­rio­so que pa­rez­ca que es al­go que ha­ce un Go­bierno pro­gre­sis­ta, que la de­re­cha atri­bu­ye a una ideo­lo­gía de la iz­quier­da. Es un te­ma inevi­ta­ble, go­bier­ne la de­re­cha o la iz­quier­da. Si no, no se pue­de vi­vir en las ciu­da­des, hay un ni­vel de in­sa­lu­bri­dad tan inacep­ta­ble co­mo cuan­do el agua no se de­pu­ra­ba.

P. Hay quien pien­sa que no P. ¿Có­mo va a ser el pro­ce­so? R. Me he ale­ja­do de la crea­ción de la pla­ta­for­ma por­que, mien­tras sea al­cal­de­sa, de­bo de­di­car­me en ex­clu­si­va a go­ber­nar. Se irá con­so­li­dan­do y se de­ter­mi­na­rá có­mo va a ser la par­ti­ci­pa­ción de los ciu­da­da­nos. P. ¿Qué ciu­da­da­nos? R. Las per­so­nas que se apun­ten a la pla­ta­for­ma. La idea es ha­cer una pla­ta­for­ma lo más am­plia po­si­ble y que se apun­te la gen­te que ten­ga in­te­rés en que con­ti­núe el Go­bierno mu­ni­ci­pal.

P. ¿Se­rá una agru­pa­ción de elec­to­res?

R. Pue­de ha­ber di­fi­cul­ta­des mul­ta­rán has­ta des­pués de los co­mi­cios.

R. En el pleno me di­cen esas co­sas y yo di­go: “Pe­ro qué mal pen­sa­dos sois to­dos, ¿no?”. A mí ni se me ha­bía ocu­rri­do. He­mos pues­to dos me­ses y me­dio pa­ra que la gen­te va­ya apren­dien­do qué hay que ha­cer. Soy par­ti­da­ria de que las le­yes ten­gan una épo­ca de en­sa­yo y des­pués, se con­so­li­den. Eso no es po­si­ble, pe­ro se pue­de ha­cer una

una es­pe­cie de pe­río­dos in­ter­me­dios en los que en lu­gar de san­cio­nar, avi­sas, acon­se­jas, ex­pli­cas. En fe­bre­ro se em­pe­za­rá a san­cio­nar. po­lí­ti­cas im­por­tan­tes con esa fór­mu­la. Y eso qui­zás obli­gue a ha­cer un par­ti­do ins­tru­men­tal. P. ¿Có­mo se va a fi­nan­ciar? R. Por to­dos y ca­da uno de la pla­ta­for­ma. Ca­da per­so­na ten­drá que apor­tar dos eu­ros, cua­tro eu­ros. Ya se ve­rá.

P. Si pier­de las elec­cio­nes no es­ta­rá en la opo­si­ción. Co­bra im­por­tan­cia su nú­me­ro dos.

R. Quie­ro ex­pli­car es­to: si soy útil aho­ra es con la di­rec­ción del equi­po, pe­ro no sería útil en la opo­si­ción. Con­ti­nua­ría quien se de­ci­da en su mo­men­to que sea el nú­me­ro dos. No es­tá de­ci­di­do.

P. To­do el mun­do pien­sa que la lis­ta la ha­rá us­ted.

R. No quie­ro que sea así. Quien di­ri­ge un equi­po tie­ne una res­pon­sa­bi­li­dad y yo la asu­mo, y no pue­do te­ner un equi­po que no pue­do asu­mir.

P. ¿Ha cam­bia­do el de­ba­te po­lí­ti­co?

R. Ha em­peo­ra­do mu­chí­si­mo. Es­ta­mos vi­vien­do un mo­men­to muy tris­te por­que la cla­se po­lí­ti­ca lle­va mu­cho tiem­po muy des­pres­ti­gia­da, pe­ro no con­si­gue le­van­tar ca­be­za y da un ma­lí­si­mo ejem­plo; ca­da uno va a lo su­yo y en el diá­lo­go po­lí­ti­co pa­re­ce que hay una an­sie­dad por cri­ti­car al otro pa­ra di­fe­ren­ciar­nos. Mu­cha gen­te di­ce “lo que pro­po­ne es­te par­ti­do es es­tu­pen­do, pe­ro es­ta­mos en la opo­si­ción y hay que de­cir que no”. Es te­rri­ble. A la gen­te eso le har­ta y ca­si le da ri­sa. Na­da es ni tan ho­rri­ble ni tan fan­tás­ti­co. Los dis­cur­sos de los po­lí­ti­cos son in­fan­ti­les, son sim­ples, son tea­tra­les y la gen­te de es­ta so­cie­dad es ma­du­ra. Yo es­toy or­gu­llo­sa de la so­cie­dad es­pa­ño­la, que no pue­de ha­cer más que mi­rar con una cier­ta son­ri­sa a la cla­se po­lí­ti­ca di­cien­do, “chi­cos, qué ha­céis”.

P. ¿A us­ted la cri­sis ca­ta­la­na le due­le es­pe­cial­men­te?

R. No, me pa­re­ce que es la vi­da. Si cie­rras un po­co los ojos y pien­sas qué ha pa­sa­do en la his­to­ria de Es­pa­ña, hay tan­tas co­sas... Fí­jen­se cuan­do se de­ba­tía el de­re­cho a la au­to­de­ter­mi­na­ción en el Go­bierno vas­co y se lle­vó a ca­bo una mo­di­fi­ca­ción del Có­di­go Pe­nal pa­ra pre­ver que fue­ra de­li­to el re­fe­rén­dum, con aque­llas cris­pa­cio­nes. Y des­pués las co­sas pa­san y fui­mos ca­pa­ces de ven­cer a ETA y aho­ra mis­mo el País Vas­co es una par­te de Es­pa­ña atrac­ti­va, don­de han sa­bi­do en­con­trar­se unos a otros. To­do es­to hay que vi­vir­lo con mu­cho sen­ti­mien­to de lo que es nues­tra his­to­ria. A mí me en­can­ta la poe­sía es­ta de Ma­cha­do que di­ce que “Ma­drid es el rom­peo­las de to­das las Es­pa­ñas”. Nos re­cuer­da que so­mos las Es­pa­ñas y eso es muy bo­ni­to, pe­ro hay que asu­mir­lo.

P. ¿Cree que los po­lí­ti­cos que es­tán pre­sos de­be­rían es­pe­rar el juicio en su ca­sa?

R. Es­toy en con­tra de la pri­sión pro­vi­sio­nal, lo he es­ta­do to­da mi vi­da. Es una co­sa ab­so­lu­ta­men­te ex­cep­cio­nal, pe­ro no es que lo di­ga yo co­mo an­ti­gua ma­gis­tra­da, es que lo di­ce nues­tro or­de­na­mien­to ju­rí­di­co.

P. Un grupo de ju­ris­tas ha fir­ma­do un ma­ni­fies­to en con­tra del uso de los de­li­tos de re­be­lión y se­di­ción. ¿Qué opi­na us­ted?

R. No quie­ro en­trar en el de­ba­te pu­ra­men­te ju­rí­di­co de la ca­li­fi­ca­ción de unas actuaciones que sin du­da fue­ron ilí­ci­tas. Pe­ro sí di­go que, aun­que las ha­ya ha­bi­do, ten­drán que ca­li­fi­car­las quie­nes les co­rres­pon­da; la ju­di­cia­li­za­ción de un desacuer­do po­lí­ti­co, aun­que el mis­mo se ex­pre­sa­ra en actuaciones ile­ga­les, no de­be te­ner es­ta res­pues­ta.

P. ¿Se sien­te más có­mo­da con el Go­bierno de Pe­dro Sánchez?

R. Sí, nos en­ten­de­mos me­jor, por­que te­ne­mos un mis­mo pro­pó­si­to. Con el te­ma de la in­mi­gra­ción o la ne­ce­si­dad de lle­var a ca­bo más in­ver­sio­nes so­cia­les. Coin­ci­di­mos más con el Go­bierno Sánchez en la for­ma de ver có­mo de­be ser la pre­sión fis­cal.

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