“La for­ma­ción del di­rec­tor de es­cue­la es ca­si nu­la”

El País (1ª Edición) - - PORTADA -

Bea­triz Pont (Ma­drid, 1966), ana­lis­ta de po­lí­ti­cas edu­ca­ti­vas de la Or­ga­ni­za­ción pa­ra la Coope­ra­ción y el Desa­rro­llo Eco­nó­mi­cos (OC­DE), de­di­ca su tiem­po a tra­tar de re­sol­ver dos cues­tio­nes: la de­sigual­dad en los co­le­gios y la mo­der­ni­za­ción de las au­las. Tras 20 años tra­ba­jan­do con res­pon­sa­bles de mi­nis­te­rios de Edu­ca­ción de di­fe­ren­tes paí­ses, cree que las gran­des re­for­mas edu­ca­ti­vas sue­len que­dar en “pa­pel mo­ja­do” y que de­ben ser los di­rec­to­res de es­cue­la los que re­vo­lu­cio­nen el sis­te­ma. Pont par­ti­ci­pó la se­ma­na pa­sa­da en una ci­ta en Pa­rís or­ga­ni­za­da por la Cum­bre Mun­dial de la In­no­va­ción Edu­ca­ti­va (WISE, por sus si­glas en in­glés).

Pre­gun­ta. En Es­pa­ña pa­re­ce im­po­si­ble el pac­to edu­ca­ti­vo. An­te tan­to cam­bio nor­ma­ti­vo, ¿có­mo mo­der­ni­zar la es­cue­la?

Res­pues­ta. Es­pa­ña es­tá en la me­dia en los re­sul­ta­dos de las prue­bas PI­SA (en el in­for­me de 2015, ob­tu­vo 493 pun­tos so­bre los 500 de me­dia de los paí­ses de la OC­DE). Es el re­fle­jo de la in­ver­sión y el va­lor que se le da a la edu­ca­ción. El te­ma del li­de­raz­go en los cen­tros es­tá aban­do­na­do y la for­ma­ción de los di­rec­to­res de es­cue­la es prác­ti­ca­men­te nu­la. No se in­vier­te lo su­fi­cien­te y cuan­do se ha­ce es pa­ra que los di­rec­to­res ha­gan lo que quie­re el Mi­nis­te­rio de Edu­ca­ción. Hay una ten­sión en­tre lo que se les pi­de y lo que de­be­rían ha­cer. Los pro­fe­so­res no tie­nen in­cen­ti­vos pa­ra asu­mir ese pues­to, es un tra­ba­jo tem­po­ral que a los tres o cua­tro años ter­mi­na. Pri­me­ro li­de­ran a sus co­le­gas y lue­go tie­nen que vol­ver a su la­do co­mo do­cen­tes. Nun­ca to­ma­rán de­ci­sio­nes en su con­tra.

P. ¿Qué fór­mu­la de otros paí­ses cree que es más acer­ta­da?

R. Nues­tra pro­pues­ta (Pont li­de­ró el pro­yec­to Im­pro­ving School Lea­ders­hip de la OC­DE en 2008, en el que par­ti­ci­pa­ron 22 paí­ses) es que se pro­fe­sio­na­li­ce esa fi­gu­ra. No pue­de ser un do­cen­te más al que en­do­san el tra­ba­jo de di­rec­ción. Por eso, en Es­pa­ña na­die quie­re ser­lo. Se le es­tá pi­dien­do ha­cer unas ta­reas pa­ra las que no es­tá pre­pa­ra­do: li­de­rar un equi­po, bus­car fi­nan­cia­ción o arre­glar las in­fraes­truc­tu­ras del cen­tro. Ade­más, la di­fe­ren­cia sa­la­rial es mí­ni­ma pa­ra el es­fuer­zo que re­quie­re [ se­gún da­tos de CC OO, pue­de ser de has­ta 900 eu­ros y va­ría en ca­da au­to­no­mía].

P. ¿Cual­quier pro­fe­sor tie­ne las cua­li­da­des pa­ra ser di­rec­tor?

R. En mu­chos paí­ses, co­mo Ca­na­dá, hay co­mi­sio­nes de eva­lua­ción, los lla­ma­dos school boards, in­te­gra­dos por ex­per­tos, que se en­car­gan de la se­lec­ción. En otros paí­ses, tam­bién par­ti­ci­pan las fa­mi­lias, pe­ro creo que es un error, de­ben ser pro­fe­sio­na­les. En No­rue­ga, es­tán los school ow­ners, que son de­par­ta­men­tos es­pe­cí­fi­cos den­tro de los Go­bier­nos lo­ca­les.

P. Una de las crí­ti­cas a la Lom­ce, ac­tual ley edu­ca­ti­va apro­ba­da por el PP en 2013, es pre­ci­sa­men­te que da­más po­der a la Ad­mi­nis­tra­ción pa­ra la elec­ción de los di­rec­to­res de cen­tro.

R. Tie­ne que ser una se­lec­ción pro­fe­sio­na­li­za­da, con unos cri­te- rios cla­ros. Uno de los pro­ble­mas en Es­pa­ña es que el di­rec­tor de­be ser de esa es­cue­la, eso ma­ta la mo­vi­li­dad. No pue­den sa­lir nun­ca de su es­cue­la.

P. Se ha­bla de dar ma­yor au­to­no­mía a los cen­tros y tam­bién de eva­luar más al pro­fe­so­ra­do, ¿es com­pa­ti­ble?

R. En Es­ta­dos Uni­dos, por ejem­plo, ha que­da­do de­mos­tra­do que em­pe­zar por la eva­lua­ción es ne­ga­ti­vo. Su­mo­de­lo se ha con­ver­ti­do en un tea­ching to the test (en es­pa­ñol, en­se­ñar pa­ra apro­bar), don­de en fun­ción de las no­tas de los alum­nos se ha­cen ran­kings de cen­tros. La au­to­no­mía tie­ne que ir acom­pa­ña­da de re­cur­sos, no fun­cio­na sin in­ver­sión en li­de­raz­go. Di­fe­ren­tes es­tu­dios so­bre la au­to­no­mía en paí­ses en vías de desa­rro­llo mues­tran que no se ob­tie­nen me­jo­res re­sul­ta­dos por­que no tie­nen ca­pa­ci­dad pa­ra ges­tio­nar­la. El éxi­to de­pen­de de la ma­du­rez del sis­te­ma y la ca­pa­ci­dad de sus do­cen­tes.

P. En el nue­vo pro­yec­to de ley de edu­ca­ción pre­sen­ta­do por el PSOE ape­nas hay re­for­mas cu­rri­cu­la­res so­bre los con­te­ni­dos que se de­ben en­se­ñar.

R. En Es­pa­ña hay un uso po­lí­ti­co de la edu­ca­ción muy pro­nun­cia­do. Con ca­da Go­bierno, en­tra una nue­va ley. Hay un pro­ble­ma con la ges­tión edu­ca­ti­va. Las es­cue­las lo es­tán ha­cien­do a su ma­ne­ra, son ellas las que es­tán avan­zan­do, y las au­to­no­mías tam­bién. Si que­re­mos que ha­ya un ver­da­de­ro cam­bio, tie­ne que ser a tra­vés de los equi­pos di­rec­ti­vos. Son ellos los que van a re­vo­lu­cio­nar las es­cue­las. Ya lo es­tán ha­cien­do.

P. La se­gre­ga­ción es­co­lar afec­ta al 46,8% de los cen­tros edu­ca­ti­vos es­pa­ño­les.

R. Nues­tra re­co­men­da­ción pa­ra Es­pa­ña es que dé más pe­so al ni­vel so­cio­eco­nó­mi­co de los alum­nos en los pro­ce­sos de ad­mi­sión de los cen­tros.

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